Génova, en ajuste presupuestario

El PP no quiere elecciones: está en el peor momento económico para pedir créditos

La dirección del Partido Popular empieza a hacer cálculos sobre lo que costaría presentarse a nuevas elecciones en noviembre con una campaña aún más austera que la del 28-A

Foto: Pablo Casado en la toma de posesión de Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
Pablo Casado en la toma de posesión de Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

La dirección del Partido Popular se vuelca estos días en denunciar "la inacción" de Pedro Sánchez en su tarea pendiente de buscar apoyos para su investidura y, al mismo tiempo, empieza a hacer sus primeros cálculos sobre lo que costaría presentarse a nuevas elecciones en noviembre. El PP, con la plantilla de la sede de Génova pendiente de un probable ERE en septiembre, está en su peor momento económico para meterse en otra campaña y pedir los créditos necesarios para afrontarla.

Pablo Casado acaba de cerrar sus equipos para hacer oposición, no para volver a las urnas, aunque en fuentes del PP insistan en que no tienen miedo a una nueva contienda electoral de la que, en cualquier caso, confía en que saldrían mejor parados que del desastre del pasado 28 de abril.

Al principio de las vacaciones los dirigentes populares se inclinaban por pensar que Sánchez buscaría su segunda oportunidad para la investidura con más tiempo, interés y dedicación que la primera. De vuelta a los despachos, comprueban que el presidente del Gobierno en funciones hace lo contrario y copia la caricatura de inmovilista que el PSOE dibujaba de Mariano Rajoy. “Se limita a esperar que Iglesias se rinda y le apoye gratis para evitar elecciones”, comentan en medios del PP.

Ya no descartan en Génova que el jefe del Ejecutivo en funciones esté decidido a forzar esos nuevos comicios con tal de mejorar su posición en el Congreso a costa de Podemos. Hasta han empezado a hacer cálculos sobre lo que supondría para las menguadas arcas de la formación organizar una nueva campaña, “más austera aún que la anterior”, según reconocen en Génova.

El presupuesto del PP para los comicios del 28-A estaba hecho con la previsión de alcanzar los 90 escaños y sobre ese cálculo se pidieron los créditos a la banca privada y al Instituto de Crédito Oficial, como el resto de las formaciones. El desastre en los resultados, los 66 diputados en que se quedó el Grupo Popular del Congreso que contaba con 134, complican las devoluciones y, sobre todo, el sostenimiento ordinario de la formación al perder de golpe casi 11 millones de euros en subvenciones.

“Con la subvención anual no llega ni para pagar las nóminas de la plantilla de Génova”. Ese es el mensaje que reciben los exdirigentes del partido con plaza fija y los empleados de la casa para que acepten las bajas y traslados a otros destinos. En previsión de que al final haya nuevos comicios son los departamentos de organización, electoral y prensa los menos afectados por los planes de recorte que se acometerán en septiembre.

En la dirección del PP prefieren acometer cuanto antes esa redimensión de su aparato, los más de 400 empleados de la etapa de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy, y ponerse a trabajar desde la oposición en el desgaste del Gobierno socialista y con el objetivo de la "refundición" del centro derecha.

Aunque en el Partido Popular den por hecho la mejoría de resultados en unos nuevos comicios, nadie en Génova sabe en qué medida están en condiciones de recuperar un número considerable de escaños a costa de Ciudadanos y de Vox, sus socios ahora en Comunidades autónomas y ayuntamientos de la mitad de España. Se tendrían que pelear otra vez por el mismo espacio electoral del centro derecha, ya que Albert Rivera y Santiago Abascal rechazan cualquier fórmula de entendimiento preelectoral.

Según todos los sondeos, la fragmentación en tres partidos de la alternativa al PSOE garantiza a Pedro Sánchez el primer puesto y una posición más hegemónica tras unos nuevos comicios. Sobre el beneficio para el PP, esas mismas encuestas tampoco llegan a pronosticar un ascenso de Pablo Casado que le permita optar a la victoria.

La previsible subida de la abstención dificulta cualquier cálculo previo, aunque los que manejan las cuentas en Génova reconocen que con 15 o 20 escaños más en esos comicios de noviembre el partido podría sanear sus finanzas para arrancar una nueva legislatura sin la amenaza de la quiebra técnica.

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