NUEVA RONDA A PARTIR DEL MARTES

Sánchez arranca su semana decisiva con la fecha de una investidura aún bloqueada

Se afianza la idea de que la primera votación, la que activará el reloj, llegará el 23 de julio, lo que llevaría una repetición electoral al 10 de noviembre. La negociación con Podemos sigue atascada

Foto: Pedro Sánchez, este 30 de junio, con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en Bruselas. (Reuters)
Pedro Sánchez, este 30 de junio, con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en Bruselas. (Reuters)

Más de dos meses después de las elecciones generales del 28 de abril, España atraviesa una semana decisiva en la nueva legislatura. Decisiva porque se conocerá cuándo se activará la maquinaria hacia unos segundos comicios —si es que nadie consigue evitarlos— y porque las posiciones se irán decantando. Pero el conocimiento de la apuesta de Pedro Sánchez no despejará por sí mismo el camino de su investidura, todavía muy enmarañado y bloqueado. Unidas Podemos no da su brazo a torcer e insiste en entrar en el Consejo de Ministros, y el presidente se niega. PP y Ciudadanos mantienen que no facilitarán que el jefe del PSOE continúe en la Moncloa.

Sánchez retomará su agenda en España, tras participar en la cumbre del G-20 en Osaka (Japón) y en el Consejo Europeo extraordinario en Bruselas, con su despacho con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet. Será el martes, aunque aún no hay hora en la agenda. Después, la dirigente socialista comunicará oficialmente cuándo arrancará el debate en la Cámara. En el Gobierno y en la Moncloa piden esperar a que la decisión la acabe de tomar el presidente a su vuelta de la capital belga, pero la fecha "más probable" prevista para la primera votación, en la que se requiere una mayoría absoluta del hemiciclo, es la del martes 23 de julio. La segunda, 48 horas después, en la que se exige mayoría simple —más síes que noes—, se celebraría el día 25.

Sobre la fecha ya parece haber, por tanto, menos dudas y menos margen para la sorpresa, según indican fuentes socialistas. La semana pasada, tras el fracaso de la segunda cita discreta entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, la primera idea del presidente era no convocar una nueva ronda de contactos e ir directamente a la investidura. Ello habría podido adelantar el calendario, llevar la primera votación al 9 de julio, lo que habría conducido a elecciones el domingo 27 de octubre. Y es que para hacer el cómputo de los tiempos, hay que seguir la letra del artículo 99 de la Constitución, que regula que transcurridos dos meses desde la primera votación de investidura, las Cortes Generales se disuelven y se convocan nuevos comicios. En este caso, y al tratarse de una repetición electoral, las urnas se abrirían a los 47 días, y no a los 54, porque así lo dispuso la reforma de la ley aprobada en 2016, cuando España afrontaba un segundo bloqueo consecutivo y se arriesgaba a ir a unas terceras elecciones.

El 9 de julio sería demasiado inminente, y el 16 tiene la pega de que llevaría a elecciones el 3 de noviembre, que cae en puente en toda España


El siguiente martes disponible —para hacer que unas eventuales generales caigan en domingo hay que hacer cuentas y obligar a que la primera votación se celebre un martes— es el 16 de julio, pero tiene la pega de que lleva a urnas el 3 de noviembre, en medio del puente de Todos los Santos, con lo que la participación, fundamental sobre todo para la izquierda, podría resentirse. De esta forma, el 23 se ha fortalecido en las últimas horas como la fecha más probable, y en la que ya trabajan en la Moncloa, como confirmaron fuentes gubernamentales a este diario. La última alternativa sería la del 30 de julio, que emplazaría las generales en el 17 de noviembre.

No a "quemar más bazas"

Ir a la segunda quincena del mes ya era una opción que se barajaba en los últimos días, antes incluso del segundo encuentro fallido Sánchez-Iglesias, precisamente por el bloqueo en las negociaciones. Este elemento, junto con el deseo del presidente de construir el relato de que los socialistas intentan hasta el final su investidura, y que esta sea "en julio, y no en agosto, no en septiembre, no en octubre", ha reforzado el camino de retrasar el debate algo más.

Pero, ¿hay posibilidades reales de avance? Se antoja muy complicado. Desde el entorno de Sánchez ya se reiteraba, desde Osaka, que no habría más movimientos. Y no los habrá para atraerse a Unidas Podemos. La oferta a los morados es la de un "Gobierno de cooperación", y punto. "Estamos muy firmes, y no vemos a Pedro con idea de que recule, aunque no sabemos cómo puede terminar una negociación. No creemos que se vaya a apear de su decisión de no sentar a Podemos en el Consejo de Ministros, aunque eso le suponga ir a una repetición electoral", señalaban este domingo las mismas fuentes. Él ya avisó: no comulgaría "con ruedas de molino". La parálisis le ha obligado a no prescindir de su ministro de Exteriores, Josep Borrell, que renunció la pasada semana a su acta de eurodiputado para no dejar vacante su cartera todo el tiempo que se prolongue la interinidad del actual Ejecutivo en funciones.

Sánchez no tiene previsto llevar ningún documento nuevo a la cita con Iglesias, porque antes quiere que acepte su oferta de Gobierno "de cooperación"

Desde esa lógica, los más cercanos a Sánchez explican que este, previsiblemente, no llevará "ningún documento ni planteamiento nuevo" en su cita con Iglesias, ni bajará al detalle de qué cargos intermedios en el Gobierno quiere ofrecerles. Tampoco concretará un programa de medidas a pactar. Ni señalará un comité negociador. "Todo eso tendrá sentido si se desbloquean las conversaciones, si Pablo se aviene a hablar de ese Ejecutivo de cooperación y desiste de la coalición", rubrican las mismas fuentes.

Sánchez arranca su semana decisiva con la fecha de una investidura aún bloqueada

La principal razón que esgrimen los socialistas es que ellos, aunque poco, se han movido de su idea inicial. Antes de los comicios, recuerdan, Sánchez manifestaba que quería gobernar en solitario con independientes de prestigio, y Podemos ya planteaba la coalición. "Y hemos dado un paso al ofrecer cargos en segundos y terceros niveles. Ellos no. Los partidos se están aferrando a las cosas que se dicen en la campaña, que son soflamas. Los ciudadanos, una vez que se abren las urnas, asume que tiene que gobernar Pedro, y ahí está lo que dicen los votantes de Albert Rivera [el 70% de ellos quiere que su partido facilite la investidura, según una encuesta de Sigma Dos para 'El Mundo' publicada este domingo]. La gente lo entiende más que las estructuras partidarias", reflexionan fuentes de la dirección socialista.

En definitiva, que el presidente no quiere "quemar más bazas" si Iglesias no quiere entrar a negociar un Gobierno de cooperación. "Lo normal sería que hubiéramos empezado a hablar de programa y luego que entremos en los puestos, en la estructura del Gobierno. Pero ellos lo han puesto por delante", señalan los colaboradores del líder. Así, la sensación que prima en el Gobierno es de "estupefacción ante Podemos", por el hecho de que los morados "prefieran moqueta y cargos antes que cualquier política".

El cálculo de a quién le conviene más

El pulso seguirá vivo. En Podemos creen que es Sánchez el que arriesga más sin ceder, porque podría perder la Moncloa con una repetición electoral. El PSOE lo rebate: las encuestas le siguen posicionando primero, y al alza, mientras que la formación de Iglesias se expone a la "desaparición" o una bajada muy intensa, más acusada aún, dicen, si Íñigo Errejón decide armar un partido de ámbito nacional, y no solo madrileño. Fuentes gubernamentales cuentan que Podemos no tiene fuerza para aguantar el tirón como sí hizo en 2015. Hace tres años, estaba muy cerca del PSOE y tenía "un plan B", que era el aliarse con Izquierda Unida y adelantar al partido centenario. Ahora, el liderazgo de la izquierda ya está claro, advierten, y es de los socialistas, que han salido reforzados en las urnas tanto el 28-A como el 26 de mayo. "El coste de ir a segundas elecciones porque un grupo pone por delante de todo ser ministro sería altísimo. Se comerían aquellas palabras de la casta. A Pablo le puede suceder como con su chalé de Galapagar", que sus propias bases y sus votantes no lo entiendan.

La sensación que prima en el Gobierno es la de "estupefacción" ante Podemos por su empeño en los cargos, que cree que le costará si hay urnas

En Ferraz tampoco acaban de entender el empeño de Iglesias por entrar en el Consejo de Ministros, cuando podría tener más libertad de movimientos sin compartir el Gabinete. Porque los socialistas quieren huir del ruido y la cacofonía, de la imagen de "dos gobiernos". Y aunque se hallen próximos a los morados en cuestiones sociales, hay asuntos de Estado o temas extremadamente sensibles como Cataluña que les distancian.

Sánchez arranca su semana decisiva con la fecha de una investidura aún bloqueada

En las alturas del partido recuerdan que la sentencia del 'procés' está muy próxima, y el presidente no podría sostener a un miembro de su Gabinete que cargase contra el fallo, pidiera indultos o hablara de ir a ver a los "presos políticos" a la cárcel. "Pedro tendría que cesarlo inmediatamente, y entonces adiós Gobierno. Sería el más breve de la historia". Al PSOE también le duele que Iglesias repita que la única forma que "garantiza" que las medidas progresistas acordadas salen adelante es que su formación esté en el Ejecutivo: "Es ofensivo que nos digan esto, porque da a entender que desconfía. Pues que mire las políticas aplicadas en el último año", responden desde la cúpula socialista. Todos esos factores cargan de razones a Ferraz y a la Moncloa para seguir rechazando una incorporación de los morados a la primera línea.

PP y Cs tampoco se mueven

En el círculo del presidente son conscientes de que solo una vez amarrados los apoyos de los 42 diputados de Unidas Podemos podrá atraer al PNV y a Compromís —el respaldo del PRC de Miguel Ángel Revilla está atado—, y solo así tocaría la cifra mágica de los 173 parlamentarios. Así, se desencadenarían las abstenciones de ERC, EH Bildu o Junts per Catalunya, que a Ferraz no gustan pero que pueden ser la única vía para lograr la investidura. Que faciliten la reelección el PP o Ciudadanos en este momento está descartado, por mucho que Sánchez y su núcleo duro sigan presionando para que el futuro Ejecutivo no dependa de las fuerzas independentistas.

Casado reitera que su partido no se abstendrá porque es "oposición y alternativa" al PSOE y no sería "bueno para España" que perdiera ese papel

Este mismo domingo, Pablo Casado reiteró que no se abstendrá, porque su partido es "oposición y alternativa" al PSOE y "no sería bueno para España" quedarse "sin oposición y sin alternativa". Mientras, Lorena Roldán, portavoz de los naranjas en el Parlament, exigía a Sánchez que "deje de amenazar", abandone los "dramas" y sea "responsable". Lo de la "responsabilidad" es un argumento de ida y vuelta: el Gobierno no para de pedírsela a los demás partidos. El propio presidente lo reiteró desde Osaka.

Sánchez arranca su semana decisiva con la fecha de una investidura aún bloqueada

Las esperanzas de sacar la investidura a la primera son, a día de hoy, escasas. Pero Sánchez "asume que tiene que intentarlo", para que "no le achaquen que se comporta como Mariano Rajoy y no se mueve". Necesita hacer ver que por él no quedará. Y confía en que la presión del tiempo actúe. "Vamos a dejar pasar los días, que avance julio", piden aquellos que pilotan la nave socialista. El problema, no lo niegan, es que "el elefante está en la puerta" e impide entrar o salir de la habitación. Si Iglesias no cede y no renuncia al Consejo de Ministros, repiten, no habrá nada que hacer. La política española, que abandonó el bipartidismo con las elecciones del 20 de diciembre de 2015, no sabe cómo retornar a la estabilidad y huir del bloqueo.

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