LA DEFENSA ABRE EL ABANICO DE LOS CIUDADANOS

De la mujer jubilada al joven madrugador: las defensas llevan al juicio al votante del 1-O

El estudiante universitario, el ama de casa, el indignado por el trato a los mayores, la abogada, el carpintero. Jóvenes y maduros. Mujeres y hombres. Desfilan los ciudadanos

Foto: Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo, durante la declaración de Joan Porras. (EFE)
Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo, durante la declaración de Joan Porras. (EFE)

Personas. Joan Porras, Virginia Martínez, Elisabeth Domingo, Pere Sitjá, Antonio Taules. Lugares. Dosrius, Canyamars, Girona, Pacs del Penedés, Tortosa. Un día de "fiesta". Un veintena de votantes compareció este martes ante el tribunal del 'procés' para declarar. Simbología amarilla imaginativa. A ninguno le faltaba un detalle en ese color. Numerosos lazos grandes, pequeños o incluso dobles, pero también pulseras, colgantes, bufandas. Madrugones para meter la papeleta en la urna. Ilusión. Mossos contemplativos.

El desfile de testigos de la jornada en el juicio del 'procés' logró abrir el abanico social de quienes acudieron a la llamada de las urnas. La defensa que ejerce Jordi Pina tuvo el acierto de elegir personas de todas las condiciones, edades y sexos. El estudiante universitario, el ama de casa, el jubilado indignado por el trato a los mayores, la abogada, el carpintero. Jóvenes y maduros. Mujeres y hombres. Todo se desarrolló con extrema corrección. Cuatro de los citados pidieron amablemente quedarse en la sala a seguir el juicio una vez finalizada su declaración. Se les invitó, amablemente, a hacerlo.

Pina arrancó todos los interrogatorios preguntando la profesión de cada uno de los testigos. No solo había variedad en sus trabajos. También en lo que vieron, apreciaron o sintieron. Algunos asistieron a episodios en los que la policía cargó y recibieron golpes o insultos. Otros describieron el día como uno de los más ilusionantes de su vida, con los característicos nervios previos al gran estreno "de la democracia". Como en la víspera de un día de Reyes. El regalo era el voto.

Como 'groupies' adolescentes a las puertas de un concierto de Justin Bieber, uno de ellos describió que se plantó a las cinco de la mañana en el colegio donde debía votar. Sin notificación electoral ni convocatoria previa. Lo hizo porque el 9-N le quedó por cumplir el sueño de meter la papeleta en la urna el primero. No iban a pillarle en ningún renuncio esta vez. Se presentó al alba con el 'disgusto' de comprobar que ya había 40 personas por delante de él en la cola.

Otro más describió una situación similar para sorpresa de la fiscal Consuelo Madrigal. La del Ministerio Público no lograba entender esas ansias de madrugón que describía y quería, de paso, saber si hubo una convocatoria generalizada, instrucciones para proteger los colegios. Se quedó sin la respuesta que buscaba oír. "Queríamos salvaguardar nuestros derechos", le indicó el testigo. "¿Pero tan pronto?", se extrañó ella.

La abogada del Estado se obsesionó con la textura de las urnas. "¿Vio llegar el material electoral la mañana del domingo?", quiso saber. "No, ya le he dicho que no", le contestaron. "En el interior del centro el material que había era el propio de un proceso digamos normal, con urnas y dispositivos electrónicos...", insistió. "Sí, había urnas, no las de metacrilato que se usan en otras....". Marchena interrumpió para preguntarse en voz alta: "¿Tiene otra pregunta? Es que, mire, si las urnas eran de metacrilato o de cristal transparente no afecta al tratamiento jurídico de los hechos".

Con la cortesía que fue la tónica de una jornada que siguió a otra más crispada, dos de los que acudieron le dieron a Vox. Pero poco. Verbalizaron que declaraban por imperativo legal. Hubo quien se salió del tiesto, como aquel que creyó conveniente informar a la sala, cuando el presidente explicaba que estaba obligado a no mentir, de que "la verdad les hará libres". Y volvió al ambiente esa sensación de incredulidad que muchos experimentaron cuando vieron a policías y guardias civiles sacar las porras. Los de la policía autonómica nunca la sacaron. Fueron convidados de piedra, según el relato de los que comparecieron.

Describieron los efectos de esas cargas policiales. Un señor, ya de avanzada edad, describió cómo le levantaron agarrándole por los testículos aunque, unas preguntas más tarde, concretó que solo resultó lesionado en una rodilla. Otro habló de brazos partidos a los bomberos. Pero el relato más hiriente, para quienes escuchaban, fue el de la señora jubilada que relató cómo los agentes la llamaban "subnormal" por su impulsos de llorar después de que la tumbaran en el suelo y no la dejaran reunirse con su hijo y su marido.

De la mujer jubilada al joven madrugador: las defensas llevan al juicio al votante del 1-O

Hubo un momento que retrató la jornada. La Fiscalía bordeaba el límite de lo pertinente. La fina línea entre interrogar a un testigo y hacerlo como si fuera un imputado. La línea entre lo irregular de la convocatoria de referéndum y el achacar esa irregularidad a quienes decidieron que querían votar. La criminalización del votante. Y fue Marchena quien la marcó, en rojo, ante el Ministerio Público. "Pese a las resoluciones del Tribunal Constitucional, ¿usted decidió ir a votar?", preguntaba Fidel Cadena. "Es libre de decidir si vota, no vota, si lo considera legal, si lo considera ilegal. No puede usted formularle un reproche por haber ido a votar". No hay más preguntas.

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