juicio del procés

Intentos de atropello, patadas en la cabeza... Un guardia civil relata la violencia del 1-O

Este martes llegó el turno de los primeros guardias civiles de a pie, agentes que repasaron las distintas operaciones en las que participaron en los meses más duros del 'procés'

Foto: Imagen de la sala en la que se celebra el juicio del 'procés'. (EFE)
Imagen de la sala en la que se celebra el juicio del 'procés'. (EFE)

El juicio del 'procés' acogió este martes los testimonios de los primeros agentes de a pie de la Guardia Civil que participaron en registros. Los interrogatorios se fueron convirtiendo a tramos en una escaramuza con las defensas, muy centradas en cuestionar estas diligencias. Las palabras de los testigos aportaron la visión de los miembros de las fuerzas de seguridad sobre el "acoso" al que se les sometió cuando ejercían su trabajo y, en concreto, sobre la "violencia" que sufrieron el 1-O. También detalles de varias de las pruebas que sustentaron el procedimiento y su análisis. Desde la tractorada a las puertas de la casa de Josep María Jové que retuvo dos horas a la comitiva hasta las llamadas de Lluis Salvadó para eliminar las pruebas. Incluso 'Toni' salió de nuevo a la palestra.

Destacó la comparecencia del jefe de la brigada de policía judicial de la provincia de Barcelona, un guardia civil que relató los episodios violentos que sufrieron durante el referéndum. "Éramos insultados, increpados y golpeados, la resistencia denominada pasiva evolucionaba en activa y el ánimo era obstaculizar o impedir el mandamiento judicial", afirmó a los pocos minutos de comenzar su declaración.

El agente detalló además cómo en distintos pueblos de Barcelona se produjeron "casos de patadas en la cabeza" y "un intento de sustracción de arma", llegando incluso a hablar de que en dos localidades se trató de atropellar a agentes durante sus actuaciones. Sobre los objetos que lanzaron a los guardias civiles el 1-O, mencionó sillas de madera, una botella de cristal y productos deslizantes, añadiendo además que en uno de los pueblos vio una "bola de acero" en el suelo, aunque no pudo precisar si se la tiraron a los agentes o si simplemente cayó durante su intervención. "De las 19 actuaciones, en 9 hubo algún agente que precisó atención médica posterior", afirmó.

El guardia civil cargó ademas con dureza contra la policía autonómica. "Los Mossos tenían presencia mínima, pasividad y falta de colaboración, aunque hubo mossos que hablaron puntualmente con los congregados", detalló. Uno de sus agentes les dijo incluso que "no reconocía ni al Constitucional ni al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que solo reconocía al mayor Trapero". Las críticas a los Mossos se convirtieron en halagos a la hora de valorar su actuación: "Yo lo que veo es una actuación proporcionada y con la actuación de la fuerza mínima e imprescindible".

La "rabia descontrolada" frente a Exteriores

También destacó la comparecencia de un guardia civil que participó en el registro del Departamento de Asuntos Exteriores de la Generalitat el 20 de septiembre de 2017, jornada sobre la que ofreció una dura declaración. El testigo tenía la misión de detener a Xavier Puig Ferré, subordinado de Raül Romeva. Explicó que mientras llevaban a cabo la operación, en el exterior se fueron congregando decenas de personas que poco a poco dieron lugar a "un ambiente muy agresivo", llegando incluso a temer los agentes que asaltaran el edificio con una "rabia descontrolada". "Preparamos con la unidad antidisturbios de la Guardia Civil la evacuación de la letrada de la Administración de Justicia", aseguró el agente, señalando en este sentido que "los manifestantes empezaron a zarandear el vehículo y la secretaria judicial empezó a llorar".

Según su versión de los hechos, lo que en un primer momento parecía una protesta pacífica terminó por irse de las manos: "A medida que pasaba el tiempo, ese grupo de personas comenzaba a agrandarse y hubo un cambio en el ambiente. Ya no solo vivíamos ese descontento de la gente hacia la actuación... Yo tuve que bajar un par de veces a la calle para hacer gestiones y ya pasamos a insultos, a amenazas de muerte... La actitud se iba crispando cada vez más". También aseguró que pudo ver cómo la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, "sacaba la mano para agitar a la masa desde el coche oficial".

En la misma línea, dijo que les lanzaron "botellas" a los agentes y que la situación empeoró al sacar a Puig Ferré: "Quisieron sustraer al detenido de la cápsula de seguridad de los guardias civiles que se lo llevaban, lo agarraban del cuello y la ropa, se produjeron forcejeos", afirmó. "Daban golpes en el vehículo, eran tan grandes los golpes que llegaron a hacer daños graves en el vehículo, rompieron la ventanilla. El detenido no daba crédito, estaba viviendo un capítulo de terror total, solo decía sáquenme de aquí". La policía autonómica se encontraba también en el lugar, pero el testigo dijo que no movieron un dedo: "Los Mossos miraban".

Llegado el turno de las defensas, los abogados trataron de desacreditar al testigo, para lo que le preguntaron cómo eran las banderas de Òmnium Cultural o si le lanzaron claveles durante la operación. La situación llegó a tal punto que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, protagonizó un cara a cara con la letrada de Jordi Cuixart, Marina Roig.

Sànchez y la entrada a la Conselleria el 20-S

Los agentes ofrecieron pinceladas de aquí y allá, en una visión extensa de las acciones policiales previas al 1-O. El segundo testigo explicó, por ejemplo, que el expresidente de la ANC tenía el mando en los hechos del 20S frente a la Conselleria de Economía. "Queríamos llevarle a su despacho [a Jové] y el teniente me comenta que hay tal concentración que es imposible acceder". "Eso me dice a las doce y cuarto, cuando estábamos esperando refuerzos. Una vez la guardia civil aseguró la salida [sobre las 14:30], la última llamada ya me dijo que era imposible, que había contactado con Sànchez y que no iba a permitir la llegada de ningún vehículo o comitiva", indicó.

Todos hablaron con reserva de su imagen, que no se difundió por la señal del juicio. El primero de ellos —en total declararon cuatro— desveló un detalle de su intervención de los registros a cargos de la Generalitat, operación que explicó con especial precisión. Destinado en la comandancia de Barcelona, el agente participó en el registro del domicilio de Josep Lluis Salvadó y en su posterior detención. Las entradas se hacían de forma simultánea y coordinada, por lo que mientras él y su compañero entraban en la casa, otros accedían al despacho del que era entonces secretario de Hacienda del Govern y hombre fuerte de Oriol Junqueras.

Cuando Salvadó abrió la puerta, les comunicó que había tardado porque estaba hablando por teléfono. Le había llamado su secretaria para contarle que estaba allí la Guardia Civil. "Comprobamos la llamada, una de las secretarias, Elisabeth Terradas, era la interlocutora", indicó. También explicó qué dijo Salvadó a su subordinada en esa conversación: "Entra al despacho coge la pila de papeles que hay encima de la mesa de reuniones y tíralos al patio, las he metido en la caja de aguas".

Las declaraciones sobre la malversación

Otro de los testigos detalló al milímetro cómo se identificó al "tal Toni" con el responsable de difusión Antonio Molons, supuesto responsable de hacer los pedidos para el 1-O. Explicó que se rastreó el número de teléfono que empleó para contactar con uno de los proveedores. Tras identificarlo y realizar un registro en el domicilio del alto cargo, aparecieron tres indicios fundamentales que le vinculaban con el número empleado. Y en sitios muy extraños. La habitación de una de las hijas y un jarrón del salón. Allí se halló la SIM, la tarjeta prepago y el aparato utilizado.

En la misma línea, este segundo testigo hizo hincapié en las campañas publicitarias de cara al 1-O, para lo que señaló al entonces consejero de Presidencia, Jordi Turull, y al exvicepresidente, Oriol Junqueras, por acudir a un "fondo de contingencia" de 3,4 millones de euros. Según aseguró, los investigadores concluyeron que el primero se lo pidió al segundo, entonces responsable de Hacienda, tal y como se reflejaba en los correos electrónicos que se intercambiaron. Sobre la campaña de registro de catalanes en el exterior, el guardia civil explicó que consideraron que pudo ser "susceptible de haber empleado fondos públicos", por lo que solicitaron las facturas, pero estas no habían sido abonadas por la Generalitat.

Respecto al posible delito de malversación, el guardia civil también incidió en cómo se contrataron los servicios de Unipost, la empresa que emitió presupuestos a la Generalitat por encargos destinados al 1-O: "A través de las notas de entrega, con el sello oficial de cada uno de los departamentos, se peticionaba el servicio a Unipost", aseguró. Sobre los pagos a observadores en el referéndum, el testigo apuntó además de forma directa a Diplocat: "Antes de pedir la entrada y registro se pidió a la Agencia Tributaria que nos dijera las cuentas activas de Diplocat y vemos pagos de vuelos, hoteles... Se realizan gestiones con los hoteles, de ahí se determinan los gastos. La información no estaba completa y de ahí se hizo el registro".

Imágenes de protesta

Los testigos se refirieron a distintos momentos en los que experimentaron una presión popular o lo interpretaron de ese modo. Por ejemplo, uno de ellos participó en la inspección ocular de los vehículos de la Guardia Civil que resultaron dañados el 20-S frente a la Conselleria. Señaló que en algunos, además de basura, faltaban los sillones y algunas piezas. "Fueron devastados por la multitud", indicó. Agregó que, en las puertas de la Conselleria, vio "a un montón de gente gritando contra cualquier persona que no fuera identificada".

Otro de los testigos habló de la acumulación de gente en el domicilio de Jové. "Empezaban a decir eslóganes de 'votarem' o 'fora les forces d’ocupació’'". "Incluso llegaron unos tractores. Aparcaron en las proximidades del domicilio. Ante esta concentración, de 300 o 400, le comunico al secretario de las diligencias para decirle que nos mandara a alguien ahí para que pudiéramos salir sin riesgo", relató

Uno de esos enfrentamientos verbales entre agentes y defensas se produjo por la selección, por parte de uno de ellos, de imágenes captadas en la concentración del 20-S. Las defensas trataban de mostrar que eligió las apropiadas para comunicar una idea de violencia y no del ambiente pacífico que aseguran que predominó. El miembro del Instituto Armado explicó que visionó 80 horas y escogió las más relevantes. "El concierto no era importante", se defendió.

El segundo agente de la Guardia Civil chocó además en varias ocasiones con el abogado de Junqueras, Andrey Van den Eynde, que ejerce también como defensa de Josep María Jové. Como estuvo presente en el registro del número dos de Economía, el letrado aprovechó su experiencia en el mismo para sacar la artillería, asegurando en este sentido que Jové renunció a estar presente en el segundo registro, el que iba a llevarse a cabo en su despacho. El agente, sin embargo, desmintió esta afirmación: "Yo jamás le participé a usted, que estaba allí presente, ni al detenido ni a la letrada de la administración que se iba a hacer otro registro", criticó. El rifirrafe entre testigo y abogado llegó a tal punto que Marchena tuvo que intervenir para frenar a ambos.

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