desde atocha a cibeles, por el paseo del prado

El independentismo pincha en Madrid: baja asistencia en una protesta sin incidentes

"Mira en qué has fallado, España, para que tanta gente esté apelando a ese derecho a la autodeterminación", criticó Torra ante los medios a su llegada a la manifestación

Foto: Imagen de la manifestación en Cibeles al anochecer. (Reuters)
Imagen de la manifestación en Cibeles al anochecer. (Reuters)

El centro de Madrid se llenó este sábado de esteladas, pero menos de las que se esperaban. La Delegación del Gobierno cifró la asistencia en 18.000 personas, muy por debajo de las 50.000 que preveía el independentismo. Los organizadores, por su parte, hablan ya de 120.000 personas: "Se han fletado 520 autocares llenos. Solamente con este medio de transporte han llegado cerca de 30.000", aseguran. La guerra de cifras ya está servida. Bajo el lema "la autodeterminación no es delito", la manifestación transcurrió sin incidentes y se convirtió en una crítica constante al juicio del 'procés'. "Sí, señor fiscal, somos un muro humano", lanzó el vicepresidente de Òmnium Cultural, Marcel Mauri, desde el escenario. El público respondió al unísono: "No pasarán, no pasarán".

Quim Torra llegó a la cabecera de la manifestación pasadas las 17:30 horas. Fue recibido como una estrella de rock entre gritos de "president, president" y comenzó a dar la mano a todos los que se le acercaban, manteniendo además una breve conversación con Artur Mas en la que todo fueron sonrisas. Rodeado por periodistas, a su alrededor se concentraron también políticos como la portavoz del Govern, Elsa Artadi, el presidente del Parlament, Roger Torrent, o el diputado de ERC Gabriel Rufián. "Mira en qué has fallado, España, para que tanta gente esté apelando a ese derecho a la autodeterminación", alegó Torra ante los medios. Minutos después, los asistentes volvían a la carga con el grito de "president", pero esta vez para recordar al gran ausente: Carles Puigdemont.

La cabecera de la manifestación recorrió el paseo del Prado en poco más de treinta minutos, llegando a la Plaza Cibeles pasadas las 18:30 horas. Mientras un grupo de abogados catalanes se situaba junto al escenario, vestidos con togas y mostrando una pancarta a favor de la autodeterminación, los organizadores proyectaron un vídeo en las pantallas: con una música épica de fondo, la grabación consistía en una sucesión de declaraciones de los acusados ante el Supremo, ante lo que el público respondió con vítores a sus líderes y abucheos a los fiscales. Ni rastro de la testifical del mayor Josep Lluís Trapero, que pese a estar imputado por rebelión en la Audiencia Nacional se ha vuelto persona 'non grata' para el independentismo tras su comparecencia en el alto tribunal.

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En la manifestación todos los mensajes estaban medidos. Hasta el wifi que se facilitó a los periodistas: 'Prensa Autodeterminación' y contraseña "free4all" (libertad para todos). Además de los habituales lazos y esteladas, en la protesta se vieron también botes de Fairy en honor a Enric Millo e incluso un ataúd con la palabra ''justicia". Antes de que comenzara la marcha, una marea de independentistas recorrió el paseo de la Castellana en dirección a Atocha ante la sorpresa de los turistas que se cruzaban con ellos, quienes sacaban sus móviles para grabar la escena. Las terrazas estaban llenas de manifestantes y en una de las cafeterías hasta la camarera terminó por ponerse un lazo amarillo en la solapa. Si los turistas dan paso a los independentistas, las fotos de paellas se cambian por lazos y punto.

El independentismo pincha en Madrid: baja asistencia en una protesta sin incidentes

Liderados por la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, a la convocatoria se sumaron organizaciones como Izquierda Castellana o Coordinadora 25-S, así como Izquierda Unida. Al igual que en las protestas que celebran en Cataluña, voluntarios de la ANC con chalecos verdes se encargaron de que los manifestantes mantuvieran el orden, a lo que se sumaron decenas de 'mossos' que, identificados con un brazalete naranja y vestidos de paisano, controlaban que nadie se acercara demasiado a los políticos. Durante los discursos, varios de los policías autonómicos no pudieron reprimir gestos de aprobación. En la cabecera se situaron además alrededor de veinte personas de las asociaciones de Madrid que, con brazaletes amarillos, vigilaban que nadie llegara a Cibeles antes de tiempo.

La Policía Nacional desplegó por su parte 350 antidisturbios y 150 agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y del Grupo Operativo de Respuestas (GOR), así como un helicóptero que cada vez que sobrevolaba la marcha provoca pitos entre los asistentes. La manifestación transcurrió así sin incidentes salvo por un par de sujetos que acudieron al encuentro del independentismo con banderas españolas: en el paseo de la Castellana, un joven que no superaría los 25 años les gritaba que "esta es la bandera constitucionalista de verdad", pero los manifestantes se limitaron a responderle con cánticos y silbidos. En la misma línea, un hombre envuelto en una bandera de España y entonando "viva el Rey" y "viva España" interrumpió el acto pasadas las 18:30, ante lo que distintas personas trataron de apartarle y se provocó un breve forcejeo. Simples anécdotas que en ningún caso desembocaron en un enfrentamiento serio.

Los portavoces de las distintas asociaciones comenzaron sus discursos en torno a las 19:00, llegando el colofón durante la intervención del vicepresidente de Òmnium Cultural, que leyó un mensaje enviado por su líder encarcelado, Jordi Cuixart: "Jamás" se va a "confrontar" entre sí a los independentistas catalanes cuando la prioridad es "la resolución democrática del conflicto", una proclama que se cerró con un "no pasarán". Durante las intervenciones se hicieron además varias alusiones a los condenados de Alsasua y se cargó con dureza contra Vox: "Ahora que la extrema derecha vuelve a asomar la cabeza es nuestra responsabilidad hacerle frente".

Más allá de las convocatorias en Cataluña, el independentismo ya organizó una manifestación en Bruselas en diciembre de 2017 a la que acudieron más de 45.000 manifestantes. La idea pasaba por superar esta cifra en Madrid para mostrar músculo en pleno juicio del 'procés', pero la convocatoria no ha cumplido las expectativas: con 18.000 asistentes, la ANC y Òmnium han quedado muy lejos de la capacidad movilizadora que demostraron en Bélgica.

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