quinta semana del juicio del 'procés'

De héroe a villano: Trapero pasa a la lista negra del independentismo

Inició su caída del altar de los mártires del independentismo a las 11:14 de la mañana en la sala y siete horas más tarde se fue ya completamente desposeído del aura de santo

Foto: Trapero durante su declaración. (EFE)
Trapero durante su declaración. (EFE)

La crónica semanal del juicio del 'procés' tiene, sin duda, nombre propio. José Luis Trapero. José Luis, porque él se ocupó de aclarar que, en su caso, la versión en castellano de su nombre es la correcta. Su apellido recorrió la sala del tribunal a lo largo de los cuatro días de sesiones de la quinta semana de la vista oral hasta que se manifestó en carne en el Tribunal Supremo. Lejos de adoptar un perfil bajo se decidió por decir todo lo que tantas ganas tenía de decir. Y con eso, ha pasado de héroe a villano del independentismo en solo un paso.

Ese Trapero símbolo de la eficiencia policial catalana, el mismo al que se encumbró en Cataluña por la gestión de los atentados de las Ramblas, inició su caída del altar de los mártires del independentismo a las 11:14 de la mañana en la sala. Siete horas más tarde se fue ya completamente desposeído del aura de santo, pero con la placidez de quien se ha quedado bien a gusto después de saldar una cuenta antigua.

Su declaración subió a los primeros puestos del 'top ten' del juicio con una velocidad pasmosa. Empezó floja, centrada en la concentración del 20 de septiembre ante la Consellería de Economía pero no importó porque el solo momento en el que el juez Manuel Marchena le llamó —"que pase el señor Trapero"— ya había acelerado el pulso de la numerosa prensa que sigue el procedimiento. La apoteosis final, después de que el presidente del tribunal lanzara la pregunta prohibida sobre su reunión con Puigdemont, se salió ya de todos los gráficos.

Expuso ante el tribunal, antes de clavar el puñal, una de esas cosas que le valieron para que se le colocara la capa dorada de héroe. Defendió una actuación ante el referéndum del 1 de octubre en la que los Mossos primaron el respeto a la convivencia por encima de la obligación de cerrar los centros de votación, en interpretación de una discutida orden judicial reflejada en un auto. Precisamente ese 'estar pero no' en los colegios, donde sus agentes no cargaron y el papel represor quedó para las 'fuerzas de ocupación' del otro bando, impulsó su fama que subió hasta tal punto que llegaron a venderse en las pastelerías dulces con su cara y la leyenda 'TRAP - HERO'.

Algunos mensajes de este jueves, después de que destapara —Marchena mediante— en cinco frases al Govern de Puigdemont y dejara claro que conocían que habría violencia a los pies de las urnas y que lo ignoraron, transmiten a las claras que ya no es Superman. Por ejemplo, Mireia Boya, de la CUP, se despachó con un tuit con la frase, "Bé, acaba de caure l'heroi de Catalunya" (Bien, acaba de caer el héroe de Cataluña). La verdad es que, como resumen, acierta.

Sube la masa, se cae el cuerpo policial armado

No se le ha tenido en cuenta, vistas las críticas, que si bien su testimonio apuntaló la línea de acusación que basa la rebelión en un uso de la población para obligar al Estado a aceptar la separación de Cataluña aflojó la segunda línea, esa que defiende que el Govern hizo un uso de los Mossos d’Esquadra como un cuerpo policial armado que acataría exclusivamente sus instrucciones y que, llegado el caso, "podría proteger coactivamente sus objetivos criminales".

Trapero detalló sus advertencias pero negó, preguntado por las defensas, que Puigdemont o cualquier otro les dieran órdenes. De hecho dijo que no las hubieran aceptado. ¿Cómo iba a ser así si hasta planearon un arresto de la cúpula después de la declaración de independencia?. El desengaño, más allá de la 'vendetta' servida al ex Govern en plato frío, se basa en la sensación de que el mayor, con su extensa y detallada declaración, quiso más que otra cosa salvarse a sí mismo. Le espera el banquillo en unos meses y 11 años de acusación.

El mayor vino el jueves, pero días antes le precedieron sus hombres, leales aún. Manel Castellví había sufrido a los ojos de la sala con una confesión similar (desnuda esta de la dignidad que mostró su jefe) al término de la cuarta semana. El lunes sorprendió por su cambio de tono tras un fin de semana de reflexión y ataques varios. Casualidad o comida de oreja, el que fuera responsable de Información pasó de desnudar a la cúpula política a querer vestirla de marinerito. No lo consiguió del todo por obra y gracia de otro mando, Emili Quevedo, que repitió que los altos cargos de la Generalitat sabían de sobra que convocar el referéndum y cumplir la ley eran incompatibles y que estaban alentando a la gente a votar en una consulta imposible.

Todo este guion dramático se rompió a mitad de semana con las declaraciones sobre los encargos de la Generalitat de material y publicidad para el referéndum, más cercanos a la comedia que al suspense. "El tal Toni", que manejó los hilos, vino y se fue sin declarar pero ya se ha convertido, muy a su pesar, en uno de los iconos del juicio más seguido de la historia. Otro personaje para la galería del 'procés' donde nada está dicho todavía y queda mucho por delante.

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