celebraba reuniones semanales y asistían dos directivos

BBVA creó una célula clandestina para espiar a rivales que se reunía en su propia sede

La entidad integró al comisario Villarejo en un grupo de detectives que tenía a sueldo para, entre otros objetivos, investigar a la falsa asociación de usuarios de banca Ausbanc

Foto: Imagen: E. Villarino.
Imagen: E. Villarino.

El BBVA de Francisco González no solo contrató a Villarejo. La entidad llegó a tener a sueldo a varios detectives privados de forma simultánea con los que formó una célula de espionaje clandestina que se encargó durante años de obtener información sobre competidores y contrarrestar otras supuestas amenazas. Aunque el trabajo de este grupo era invisible, se reunía con una periodicidad semanal en las propias instalaciones del banco y su labor estaba directamente supervisada por el que fue su máximo responsable de Seguridad Corporativa durante 16 años, Julio Corrochano, y otro directivo del departamento de Servicios Jurídicos, según han confirmado a El Confidencial fuentes cercanas a las pesquisas de la llamada operación Tándem contra el comisario de la Policía Nacional y sus presuntos colaboradores.

Uno de los principales encargos que asumió esta célula de investigación fue desactivar la falsa asociación de usuarios de banca Ausbanc, que llevaba casi una década extorsionando al banco y al propio Francisco González por negarse a poner publicidad en sus medios de comunicación. Como resultado de esa campaña de chantaje, Ausbanc presentó querellas contra BBVA y trató de reventar sus juntas de accionistas. La firma ordenó a su célula de investigadores que buscara puntos débiles en el 'holding' de asociaciones, bufetes y revistas que controlaba Luis Pineda, presunto cabecilla de la trama, para poder emprender luego acciones penales contra ese entramado. De ahí la presencia en las reuniones de un responsable del departamentos de Servicios Jurídicos.

Aquella primera operación de BBVA contra Ausbanc fue bautizada con el nombre en clave de proyecto Austria y los hallazgos de los detectives quedaron plasmados en un informe de 202 páginas al que ha tenido acceso este diario. El documento diseccionaba las principales vías de financiación de la supuesta agrupación de clientes de banca, las mercantiles que controlaban Pineda y su familia, el estado de sus relaciones con el Partido Popular y el PSOE y la situación en la que se encontraba su litigio con el Registro de Asociaciones de Consumidores, que en 2005 decretó la expulsión de Ausbanc por irregularidades flagrantes en el cobro de patrocinios. El Ejecutivo de Mariano Rajoy, sin embargo, aceptó su reingreso en 2012 y, con ello, permitió a Pineda volver a recibir subvenciones y actuar como acusación popular en cualquier procedimiento, también en los que afectaban a BBVA.

El 'Informe Austria' con las conclusiones de la célula de detectives fue entregado a la entidad en abril de 2013, solo unos meses después de que Ausbanc fuera rehabilitada por el Gobierno del PP. Pero, a pesar de los esfuerzos del banco, su grupo de investigadores a sueldo no logró encontrar ningún resquicio que permitiera llevar la red de Pineda ante los tribunales. Fue entonces cuando BBVA decidió contactar con Villarejo para ofrecerle entrar en el proyecto.

En esa época, BBVA ya tenía motivos para confiar en el comisario. Como reveló El Confidencial en una investigación conjunta con 'Moncloa.com', el banco lo contrató en 2004 para poner en marcha una operación que volara por los aires los planes del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la constructora Sacyr para asaltar el consejo de la entidad y propiciar el relevo de González. Villarejo llegó a facilitar al entonces presidente de BBVA los datos de más de 15.000 llamadas en las que participaron casi 4.000 números de teléfono vinculados con los grupos que estaban conspirando para tomar la entidad; espió al número dos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en aquella época, Carlos Arenillas, y diseñó una campaña de intoxicación contra el jefe de la Oficina Económica de Moncloa, Miguel Sebastián. Finalmente, Sacyr desistió de asaltar BBVA.

Con esos antecedentes, Villarejo no tuvo ningún reparo en entrar en el proyecto contra Ausbanc y asumir el liderazgo del grupo de investigadores privados. Por supuesto, lo hizo a cambio de pagos millonarios. Las facturas emitidas a BBVA por la agencia del presunto cabecilla de la operación Tándem, Grupo Cenyt, revelan que el banco le abonó al menos 6.109.388,23 euros entre 2012 y 2017, como publicó este diario. Los pagos eran tan elevados que, en junio de 2016, el banco y Villarejo pactaron camuflarlos con facturas mensuales de 60.500 euros a cambio de supuestos informes de riesgo país.

Tras sumarse al grupo clandestino, uno de los colaboradores del comisario empezó a participar en las reuniones de trabajo semanales que se celebraban en la entidad. Por lo general, el enviado de Villarejo era su socio Rafael Redondo, investigado también en la operación Tándem, aunque el propio agente encubierto mantuvo un contacto continuo con Corrochano durante esa etapa. El jefe de Seguridad del banco quería asegurarse de que Pineda, que había emprendido una cruzada contra González, acababa entre rejas.

Las gestiones de Villarejo no tardaron en dar fruto. En febrero de 2014, su equipo presentó una denuncia anónima en la UDEF de la Policía Nacional contra el presidente de Ausbanc en la que se le acusaba de haber montado una trama mercantil para apropiarse de las cuotas de los socios y de las subvenciones públicas que recibía. La denuncia sirvió de base para iniciar otras pesquisas que fueron judicializadas en la Audiencia Nacional. Se descubrió que BBVA no era el único banco extorsionado y el juez Santiago Pedraz avaló una operación contra Ausbanc y Manos Limpias por coordinarse para interponer y retirar querellas a cambio de grandes sumas de dinero.

Un fragmento del 'Informe Austria'.
Un fragmento del 'Informe Austria'.

Según las fuentes consultadas por El Confidencial, los investigadores privados realizaron otros encargos para el banco, además del proyecto Austria. Asimismo, la presencia en las reuniones semanales de seguimientos de dos directivos de la entidad de departamentos distintos apunta a que sus superiores debían estar informados de la existencia del grupo.

La entidad ha sido preguntada por este diario por su relación con estos otros detectives y, específicamente, por el informe de 202 páginas. Una portavoz oficial de BBVA se limitó a asegurar que “ahora mismo hay un proceso de investigación en marcha que está abarcando todos los ámbitos posibles".

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