Frialdad extrema en los V Premios Cepyme

El día en que Sánchez tuvo que hablar bien de los empresarios

Los invitados a la entrega de los V Premios Cepyme esperaban a los Reyes de España, como en ediciones anteriores, y se encontraron con un jefe de Gobierno cuestionado 'ad hominem'

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), acompañado por el presidente de la CEOE, Juan Rosell (i), y el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, durante la entrega de los V Premios Cepyme.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), acompañado por el presidente de la CEOE, Juan Rosell (i), y el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, durante la entrega de los V Premios Cepyme.

Antonio Garamendi, presidente en ejercicio y durante los últimos días al frente de Cepyme, y Juan Rosell, que vive sus últimos días como presidente de CEOE, sabían que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y las dos ministras que le acompañaban, Magdalena Valerio y Reyes Maroto, ministra de Industria y Turismo, no iban a ser recibidos precisamente bajo palio.

Los invitados a la entrega de los V Premios Cepyme esperaban a los Reyes de España, como en ediciones anteriores, y se encontraron con un jefe de Gobierno cuestionado 'ad hominem', por su origen político y también por las medidas anunciadas, especialmente en lo que se refiere a sus pactos con populistas/independentistas y la subida de impuestos.

El acto, celebrado en los salones del Banco Santander, al lado justo del edificio de Vocento (ABC), comenzó sin la presencia de Pedro Sánchez porque, al parecer, las deliberaciones del Consejo de Ministros se habían extendido más allá de lo habitual. De modo y manera que los 12 premios de 2018 fueron entregados de acuerdo con la rutina habitual de años anteriores, en que el gran protagonista 'in pectore' siempre ha sido Antonio Garamendi, el chico de Bilbao que dentro de escasas fechas estará al frente de la gran patronal CEOE.

Sánchez, Garamendi y el CEO del Santander, Rami Aboukhair (d), junto a la premiada Verónica Pascual.
Sánchez, Garamendi y el CEO del Santander, Rami Aboukhair (d), junto a la premiada Verónica Pascual.

Bien. Salieron premiados, jóvenes en su gran mayoría, con talento demostrado y valor demostrado.

Cuando llegó Pedro Sánchez, rodeado de un impresionante aparato de seguridad, no hubo ni el más leve aplauso. Silencio y postración. Luego, cuando el presentador del evento, Sergio Martín, el gran depurado en la TVE de Sánchez, anunció que se encontraba en la sala, un levísimo y tímido aplauso, desde luego sin estridencias, saludó la presencia del presidente. El cronista percibió que cuando Sánchez entró en el auditorio y se percató de la presencia de Sergio Martín, desvió de inmediato la mirada. Estaba en deuda con el periodista zamorano… Después de tantas promesas, resultó que sus deudos le mandaron al arroyo.

Cuando llegó Pedro Sánchez, rodeado de un impresionante aparato de seguridad, no hubo ni el más leve aplauso. Silencio y postración

Los 400 concurrentes al acto pudieron enterarse también de que España, pese a todos los pesares, es un país de emprendedores extraordinarios, algunos de ellos con extraordinaria tecnología, puntera en el mundo mundial. Por ejemplo, la empresa de robótica ASTI, con marca burgalesa e imperando en casi todos los continentes.

Garamendi

El gran artífice del evento fue el bilbaíno Antonio Garamendi. Alma y boca de los Premios Cepyme. Visión, talento, esfuerzo y tecnología.

El atildado presidente de Cepyme habló del orgullo de España y de la España del orgullo. Porque el acto se abrió con un majestuoso vídeo acerca de la realidad de nuestro país que nadie tiene que ver con las reivindicaciones de vuelo gallináceo. España, España, España. Punto.

El presidente de Cepyme, Antonio Garamendi. (EFE)
El presidente de Cepyme, Antonio Garamendi. (EFE)

Garamendi, a punto como digo de convertirse ya en padre y hermano mayor del empresariado hispano, recordó que los empresarios pymes representan el 75% del tejido empresarial de España y el 65% del PIB. “Somos y estamos orgullosos de ser empresarios (…) Los que hemos dado la vuelta a España (…) Los que la hemos levantado (…) Esa es nuestra realidad de empresarios".

A unos metros estaba el presidente Sánchez, al que trató en todo momento con pulcritud y elegancia, aunque evitaría decir que con 'afecto'.

—Presidente, nuestros problemas son básicamente dos. Siempre tenemos un problema de financiación, pero ello parece arreglarse (…); sin embargo, nos acogota la morosidad [el primer moroso son el Estado y sus respectivas administraciones] y algo más: necesitamos seguridad jurídica [también la había reclamado el consejero delegado de Santander España, Rami Aboukhair] y unidad de mercado, mercado único en toda España, además, claro está, de suprimir carísimas burocracias que entorpecen el nacimiento y desarrollo de las empresas.

Sánchez

Llegó el turno de Pedro Sánchez. Comenzó refiriéndose al intento de atentado de un sujeto de Tarrassa (Barcelona) para acabar con su vida. Ni un aplauso, ni un requiebro de la sala… Se podía colegir de ese silencio que los asistentes no se creyeron lo del francotirador en Cataluña. Luego llamó a Juan Rosell 'Joan', entre murmullos. Dijo que España necesita “sosiego”, “serenidad”, “diálogo”, “trabajo” y el resto del decálogo del buen cristiano. Recitado todo ello entre las caras de incertidumbre de los empresarios (pequeños y medianos) que asistían al aquelarre… "Pero qué demonios está contando este tío (…) Si en sus primeros Presupuestos nos quieren meter la mano en el bolsillo…”.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención. (EFE)

El paroxismo en la intervención del jefe del Ejecutivo llegó cuando se mimetizó en primera persona con los empresarios. “Aguante”, “resistencia”, “esfuerzo”, “serenidad frente a la adversidad son las cualidades que os adornan y que me reflejan también a mí (…) Voluntad y esfuerzo (…) Contribuiremos juntos a cambiar el país", “la maravillosa España real”, dijo textualmente.

Se comprometió a liquidar las trabas que impiden a los empresarios crear y crecer, en un canto al emprendimiento y al empresariado que, sinceramente, muy pocos o nadie se creyeron.

Todo aquello sonó a hueco. Ni siquiera se quedó al cóctel. Sabía que no era uno de los suyos.

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