Despiden a su director de comunicación

Nervios en Justicia: el caso Villarejo provoca el segundo cese en 20 días

Dos comunicados y una declaración en que se desdijo tres veces en solo 48 horas fueron el preludio de una crisis en su gabinete de Comunicación

Foto: La ministra de Justicia, Dolores Delgado (i), en el Congreso. (EFE)
La ministra de Justicia, Dolores Delgado (i), en el Congreso. (EFE)

La irrupción del caso Villarejo en el Ministerio de Justicia ha tenido consecuencias. El director de Comunicación de Dolores Delgado fue cesado este miércoles después de que la prensa evidenciara la sucesión de matizaciones de la ministra sobre su relación con el máximo exponente de las cloacas del Estado. Dos comunicados y una declaración en que se desdijo tres veces en solo 48 horas fueron el preludio de una crisis en su gabinete de Comunicación, la segunda en 20 días.

Fuentes consultadas indican que esta decisión en caliente, que le ha costado el puesto al responsable del departamento tres meses después de su contratación, ha venido provocada por la idea de la ministra de que la lectura de los medios sobre las sucesivas notas de prensa y afirmaciones referentes el excomisario son fruto no de una torpeza personal, sino de un problema del departamento a la hora de transmitir a la prensa su postura en relación con la cuestión. En este caso, el motivo del enfado de Delgado fue la pieza sobre la extradición del empresario Ángel Pérez-Maura y la aparición entre los documentos del policía retirado de una nota en la que este refleja una supuesta cita con ella bajo un nombre en clave. En un primer momento, la respuesta a dicha crisis fue el despido fulminante del director de Comunicación, pero estas mismas fuentes apuntan ahora a que el afectado podría finalmente ser reasignado a un puesto de menor responsabilidad dentro del mismo gabinete, decisión que se habría tomado para minimizar las consecuencias de su salida.

La secuencia de matizaciones es la siguiente. El pasado lunes, después de que este diario publicara la información sobre el apunte, Justicia remitió un comunicado en que desmentía haber mantenido con Villarejo ninguna cita. "La actual ministra de Justicia, mientras ejerció como fiscal de la Audiencia Nacional, ni concertó ni mantuvo cita alguna con el comisario citado en la información, con el que nunca ha tenido relación de ningún tipo", decía.

Un hora y media más tarde, en declaraciones a los medios a la salida de un acto, vino la primera matización. "No he tenido ninguna relación profesional con ningún asunto que haya llevado el excomisario Villarejo en la Audiencia Nacional mientras yo he desempeñado allí mi trabajo como fiscal". De ningún tipo a profesional relacionada con asuntos de la Audiencia Nacional.

La tercera tardó 24 horas. En un nuevo comunicado, dijo entonces que la relación no era ni personal, ni profesional, ni oficial ni no oficial, y añadió detrás una coletilla en la que dejaba caer que quizás habían coincidido en ocasiones en algún lugar público. Negó así cualquier vínculo con él "más allá de haber coincidido en compañía de otras personas en algún evento". No identificaba a esas personas pero estas afirmaciones se efectuaron el mismo día en que se publicaba que su íntimo amigo el exjuez Baltasar Garzón está siendo investigado en el mismo procedimiento por pagos efectuados por Villarejo a su favor.

La segunda vez

La situación calca milimétricamente una anterior sucedida hace solo tres semanas ante otra crisis que colocó a la ministra en el foco. Las idas y venidas sobre la defensa del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena ante la demanda civil de Carles Puigdemont y la evidente rectificación de su postura por parte de Moncloa que obligó a que se le representara también por sus declaraciones privadas ante los tribunales belgas.

En aquella ocasión hubo amenazas de ceses y ceses efectivos en dos fases. En la primera, el malestar de la ministra por la publicación, en distintos medios de comunicación, de los informes de la Abogacía del Estado que patentaban un criterio contrario al que ella defendía provocó una verdadera caza de brujas en las filas de los servicios jurídicos del Estado. Varias personas vieron peligrar sus puestos. En la segunda, Delgado se centró en el departamento de Comunicación y expulsó a su jefa de prensa por "pérdida de confianza".

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