ENTRE dos y tres VECES MÁS RENTA ANUAL

Viaje a lo peor y mejor de España: seis años de vida separan La Línea de Majadahonda

A La Línea y Majadahonda les separan mucho más que 660 km. Renta, vivienda o sanidad son realidades opuestas en las ciudades con mejor y peor calidad de vida

Foto: La Línea, en Cádiz, es el sitio de España con peores indicadores de calidad de vida. Al contrario que Majadahonda, entre los mejores. (Enrique Villarino)
La Línea, en Cádiz, es el sitio de España con peores indicadores de calidad de vida. Al contrario que Majadahonda, entre los mejores. (Enrique Villarino)

La Línea de la Concepción (Cádiz) es el municipio español con menor esperanza de vida, el único en el que sus habitantes no llegan, de media, a los 80 años. El informe 'Indicadores urbanos' que publica cada año el Instituto Nacional de Estadística (INE) cifra en 79,7 años el tiempo que viven los linenses. Un dato que resume a la perfección el estado de emergencia social y económica que viven sus 63.278 habitantes censados y los cerca de 10.000 que no aparecen en ningún registro. Ellos son los españoles con menor renta anual (7.777,23 euros) y con menor tasa de educación. Un 36% de los lineses deja la escuela sin obtener el graduado escolar. El municipio que ejerce de frontera entre España y Gibraltar se ahoga mientras los clanes de la droga se hacen fuertes en el lugar y captan la mano de obra local, pobre y sin estudios. Un combinado letal que convierte estadísticamente a La Línea en el municipio con peor calidad de vida en España.

En Majadahonda (norte de Madrid) la estampa es bien distinta. Los 18.627 euros de renta media anual de sus habitantes son palpables en los impecables coches de alta gama que circulan por sus tranquilas calles. Nunca se topan con un semáforo, reflejo de una ciudad concebida para el disfrute y donde las urbanizaciones se suceden unas a otras, salpicando el paisaje de piscinas, jardines y terrazas. El 'boom' inmobiliario ha elevado la población a 72.000 habitantes y ha transformado lo que era un pueblo de las afueras de la capital en un resort urbano con todas las facilidades de ocio y servicios a minutos de distancia. Aquí, las casas son las más grandes de España y la esperanza de vida de sus habitantes, la mayoría con formación superior, se extiende hasta los 85,19 años, seis más que en La Línea. Entre ambos mundos hay mucha más distancia que los 660 kilómetros que los separan.

Cuatro veces más paro

La tasa de paro en La Línea es del 32%, pero la realidad es mucho peor. Centenares de personas ni siquiera están apuntadas al INEM y otras tantas sobreviven gracias a la economía sumergida, es decir, al contrabando. En La Línea, quien no trabaja en Gibraltar, yendo y viniendo cada día, está literalmente en la estacada. Solo los bares de la calle Real presentan algo de bullicio.

Gibraltar es la principal y casi única industria del municipio y emplea a 13.251 trabajadores transfronterizos

En el céntrico barrio Santiago Conchal Castillo, apenas hay 10 tiendas para una población de 8.000 vecinos. Otros barrios presentan cifras parecidas. “Ves a un chico joven que abre una panadería, no le funciona y la cierra. Y entre una cosa y otra ha perdido al menos 5.000 euros, el dinero que ha podido juntar la familia para ayudarle”, cuenta Santos Reyes, miembro de la Mesa de Trabajo por La Línea (MTL). “Ya se intentó traer puestos de trabajo al municipio cuando hicieron la refinería [de Gibraltar-San Roque], pero nos engañaron porque los trabajos que creó solo fueron de peón, y encima la compensación de Cepsa, que es un dineral, se la lleva San Roque”, prosigue.

Gibraltar es la principal y casi única industria del municipio. Emplea a 13.251 trabajadores transfronterizos, de los cuales 8.167 cruzan cada día la verja. Hasta un 24% de los empleos de toda la comarca depende directamente de la colonia, ya sea en logística o en prestación de bienes y servicios. Nadie sabe qué ocurrirá una vez se consume el Brexit. La única vez que ocurrió algo parecido fue en 1969, cuando Franco decidió cerrar la verja y provocó que La Línea perdiese un 40% de la población.

Lo más vendido en La Línea son ansiolíticos, tranquilizantes y benzodiazepina. (D. B.)
Lo más vendido en La Línea son ansiolíticos, tranquilizantes y benzodiazepina. (D. B.)

A corto plazo, el municipio trata de conseguir el futuro centro ITV de vehículos comarcal. “Si no se reactiva pronto la economía, algunos barrios se van a convertir en guetos a los que nadie irá nunca a menos que viva allí”, advierte Juan Antonio Álvarez, presidente de la Federación Linense de Asociaciones de Vecinos (Flavi).

En Majadahonda tampoco hay industria, pero no la necesita. Su economía se basa en los servicios y es un polo de atracción de ocio entre los pueblos de la zona. En total, existen 4.753 empresas dedicadas a este sector, comparadas con las 949 de La Línea. “Aquí la principal actividad es la comercial y de ocio, porque la gran mayoría trabaja en Madrid y cuando vuelven a Majadahonda lo que quieren es eso: un sitio donde estar bien, zonas verdes...”, explica su alcalde, Narciso de Foxá, del Partido Popular.

Hasta cinco grandes centros comerciales custodian las afueras de la localidad, aunque también su Gran Vía, en pleno centro histórico, se convierte en un bullicio de terrazas en cuanto el sol de julio empieza a conceder una tregua. En la zapatería Pisotón, en plena avenida, no dan a basto nada más abrir el turno de tarde. “Llevamos aquí 50 años, es una empresa familiar y con el tiempo nos hemos ido especializando en zapato infantil”, explica Cristina de Mingo, una de las dueñas. Aunque parte de la clientela se mantiene fiel, en los últimos años están empezando a notar el relevo del comercio tradicional por el electrónico y las grandes superficies. “Antes la gente se dejaba aconsejar más, ahora vienen más a tiro hecho. Y si antes se llevaban unas sandalias de cada color, ahora compran un solo par más neutro y ya”, añade.

El paro en Majadahonda roza el 8,4% y la crisis llegó más tarde a los comercios de la zona, que dentro de sus posibilidades han mantenido un producto acorde con el nivel de vida de la localidad. “El género que tengo yo aquí no podría tenerlo en Fuenlabrada, eso está claro. Por ejemplo, en invierno no traigo nada que no sea de piel, porque es lo que demandan”, comenta rodeada de chanclas de colores y clientas que prueban distintas tallas en los pies de sus hijos.

Cristina regenta la zapatería Pisotón. (M. Z.)
Cristina regenta la zapatería Pisotón. (M. Z.)

Un futuro desigual en educación

“Si pasa un padre por una librería y el niño o niña se para para ver un cuento en el escaparate, la madre o padre le pega un tirón gritándole: '¡Tú qué quieres, ¿eso?! Ya te regaló uno tu abuela por Reyes, ¿no te acuerdas?'. Eso lo dice todo”, explica Juan José Uceda, veterano activista local. “Los jóvenes se comunican con móviles pero no saben leer ni escribir bien. No pueden buscar trabajo porque no saben hacer un currículo, no saben rellenar un documento, ni la solicitud para meter al niño en la escuela o pedir una prestación”.

El fracaso escolar en La Línea alcanza el 36%. Solo un 46% de la población tiene estudios secundarios y un escaso 7,8% cuenta con estudios superiores, según datos oficiales recogidos por el sociólogo linense Daniel Chacón. “Las cifras de absentismo escolar son la punta del iceberg. Hay otro absentismo peor, el del chico que va a clase pero como si no fuera con él. Esos multiplican la tasa oficial. Su apatía se ve potenciada por un entorno familiar que no cree en la educación”. En algunos barrios, como San Bernardo, ni siquiera hay escuelas o guarderías.

Solo el 7,8% de la población de La Línea tiene estudios superiores. (D. B.)
Solo el 7,8% de la población de La Línea tiene estudios superiores. (D. B.)

El Ayuntamiento de La Línea lleva varios años tratando de reducir el abandono escolar en las calles y plazas de los barrios marginales, principalmente Los Junquillos y La Atunara. “Incidimos mucho en la formación de su carácter a través de los juegos. Solo fomentando valores positivos se puede conseguir que no dejen la escuela”, explica Ana Ciatelo, coordinadora del programa ‘Prevención de la drogodependencia y adicciones con menores de riesgo’, que en verano sirve de campamento para 150 niños entre ambos barrios. En El Junquillo, los niños juegan y aprenden en la pista polideportiva del centro de menores infractores Federico García Lorca. El programa se centra en principios básicos como la higiene y la alimentación, el control de las emociones, la creatividad y el buen uso del teléfono móvil y las redes sociales.

“Lo peor es que cuando consigues que una persona tenga la motivación de formarse y de querer salir de ese entorno de pobreza, de que cambie sus hábitos familiares, luego no encuentra un trabajo”, señala Chacón.

En Majadahonda, el 64% de la población ha estudiado una carrera en la universidad y el fracaso escolar de la comunidad se sitúa en el 12,6%

El futuro no parece un problema entre los niños del campamento de verano de Majadahonda, que después de superar el curso disfrutan de unos días de actividades antes de irse de vacaciones fuera de la capital con sus familias. Mientras juegan con el agua de los aspersores del estadio municipal, Álvaro, uno de los coordinadores, comenta el abanico de actividades que se incluyen por 175 euros la quincena y que contrasta incluso con las del sur de la comunidad. “Aquí hay material para hacer de todo, instalaciones nuevas, pistas para cualquier deporte…”. Durante dos semanas, los menores aprenden a jugar al tenis, hockey o baloncesto, pero también entre los niños se nota la diferencia con otros barrios: “La influencia de la zona hace mucho. No hay ninguno que venga de servicios sociales y se ve que tienen más cultura y un nivel de vida alto”.

Un campamento de verano para dos semanas cuesta 175 euros en Majadahonda. (C. Castellón)
Un campamento de verano para dos semanas cuesta 175 euros en Majadahonda. (C. Castellón)

En Majadahonda, el 64% de la población ha estudiado una carrera en la universidad y el fracaso escolar de la comunidad se sitúa en el 12,6%. La oferta educativa del municipio abarca todos los gustos y es habitual ver niños de uniforme en temporada escolar. De los 15 colegios que existen, siete de ellos son privados. Raúl y Sonia, un matrimonio que lleva toda la vida viviendo en la localidad, han llevado a sus hijas a todo tipo de centros: “Han pasado por el privado, público y concertado, y ahora están en la universidad, siempre han estado muy bien, y en general aquí la gente está contenta con la educación”.

Menos espera, más agresiones

La buena noticia es que La Línea tiene desde hace apenas unos días un nuevo hospital comarcal, ubicado al norte del área urbana. Una reclamación vecinal que se remonta al año 2000 y que por fin ve la luz. La mala es casi todo lo demás: el hospital apenas cuenta con especialistas y el personal médico ha alzado la voz de alarma por los repetidos episodios de inseguridad. La evasión del narco Samuel Crespo gracias a 20 encapuchados que asaltaron el hospital fue la puntilla. Los médicos están hartos de la presión y el desprecio de los contrabandistas y sus familiares, y la mala fama de La Línea no contribuye a que se puedan cubrir las plazas de especialista necesarias, comenzando por pediatría.

En La Línea, los índices de bronquiolitis y piel atópica son alarmantes. (D. B.)
En La Línea, los índices de bronquiolitis y piel atópica son alarmantes. (D. B.)

“Los medicamentos que más se venden en La Línea son ansiolíticos, tranquilizantes y benzodiazepina. La gente en este pueblo lo pasa muy mal, la mayoría de familias apenas tiene para llegar a fin de mes, muchos de ellos con niños chicos”, revela José López San Luis, que regenta una farmacia junto al recién cerrado hospital. “También he notado un repunte en la venta de jeringuillas, y eso me preocupa. Espero que no volvamos a caer en la espiral de la droga de los ochenta y noventa, que destruyó una generación entera de linenses”.

La falta de especialistas se cubre con visitas de otros médicos de la comarca, incluso de Málaga. De las 40 plazas que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) ofertó a finales de 2017, solo se llegaron a cubrir cuatro. Entretanto, la ciudad presenta índices alarmantes de bronquiolitis y piel atópica entre los niños y ancianos. Todos miran hacia la refinería, cuyos gases, unidos al clima húmedo del lugar, potenciarían las dolencias respiratorias.

Aun con todo, el tiempo de espera para ser atendido en La Línea es inferior al de Majadahonda: 47 días frente a los 69 del Puerta de Hierro, el hospital de referencia de la localidad. De hecho, desde el centro madrileño reconocen que las listas de espera suponen la principal —y casi única— reclamación de sus pacientes. El hospital es uno de los más nuevos de Madrid, inaugurado en 2008, y cuenta con todas las especialidades en su cartera de servicios. Además, es el único centro sanitario público de la comunidad donde sus 613 habitaciones son individuales. Hasta el acompañante cuenta con un sofá-cama para pasar las noches de ingreso en un amplio espacio de 20 metros cuadrados.

Majadahonda fue pionera en sus rotondas y sistema de recogida de basuras. (M. Z.)
Majadahonda fue pionera en sus rotondas y sistema de recogida de basuras. (M. Z.)

“A nivel tecnológico, tenemos lo más puntero porque su creación es muy reciente”, explica Ricardo Herranz, su gerente. De los seis municipios a los que les corresponde este hospital, cuatro acaparan el 'top' de las rentas más altas de España, aunque hasta este centro también se trasladan muchos madrileños ante la satisfacción que genera. El 90% de los usuarios están contentos, solo por detrás de la Fundación Jiménez Díaz (93%). “En general, el perfil de los pacientes que vienen es exigente, de alguien que sabe lo que quiere pero también es agradecido”, añade Herranz. En 2017 tuvieron solo 61 agresiones a sanitarios, de las cuales el 96,7% se limitaron a ataques verbales, una situación muy alejada de la que viven los sanitarios de La Línea, donde algunos reconocen que viven con botes de gas pimienta en el bolsillo y sopesan pedir el traslado a la primera oportunidad.

2.000 euros en compra vs. Cáritas

Gallinas desplumadas y escuálidas corretean por el solar junto a los edificios. Las alcantarillas están embozadas, llenas de aguas fecales y porquería. “Aquí hay ratas, hay bichos, y nadie del ayuntamiento viene a arreglarlo. A la que caen cuatro gotas se inunda el solar de aguas negras”, se queja una vecina en su camino a casa. Es la manzana de las conocidas como ‘casas prefabricadas’ de la calle Sevilla, pero el problema del alcantarillado es general. La mugre invade, literalmente, La Línea.

En casa de María Teresa no entran la carne ni el pescado. (D. B.)
En casa de María Teresa no entran la carne ni el pescado. (D. B.)

“Yo llevo 30 años aquí viviendo y aquí he criado a mis cinco hijos”, cuenta María Teresa Fernández, vecina de las ‘prefabricadas’. “Antes me pasé tres años viviendo en las galerías del hospital. Esta casa tiene buen tamaño, pero está ya medio podrida. Las paredes están llenas de bichos y el baño se me está viniendo abajo, cualquier día se me cae encima la bañera del vecino. Ratas no hay, que tengo un gato”. El piso de María Teresa mide más de 60 m2. Vive junto a su marido y una de sus hijas, pero otra de ellas, su yerno y su nieta pasan todos los días en la casa. Entre todos se las ingenian para tener algo que comer cada día.

“En Navidad coges la loncha de jamón y de fina que es ves al que tienes delante. Pero hay que tomarse las cosas como vienen. Con que los niños tengan para comer es suficiente”, dice Jesús, el yerno, mientras la hija de María Teresa observa. En apenas unos días dará a luz su segundo hijo. “Aquí lo criaremos, dónde si no”, suspira.

En las prefabricadas todos están enganchados a la luz y el agua. (D. B.)
En las prefabricadas todos están enganchados a la luz y el agua. (D. B.)

Nadie en las prefabricadas paga los suministros. Viven enganchados a la luz y al agua. “Yo pagaría si pudiera, pero llevo sin poder trabajar desde hace 10 años y ya no me dan más prestaciones. Mi marido lleva dos meses también sin cobrar ayudas”. El pan es el pilar de la dieta en la familia. La nieta come bocadillo de lo que haya, la abuela pringa la grasa de la sartén. “Y el arroz. Lo hago de todas las formas. Y el puchero viudo, sin carne y sin nada. El pescado solo lo veo en el Arguiñano”, se ríe. El día en que su marido no puede traer más que una barra de pan a casa, María Teresa cocina lo que le dan en Cáritas. Poco, reconoce, porque en La Línea cada vez hay más gente necesitada.

El caos en la casa de Sonia y Raúl es solo temporal. Están haciendo obras para remodelar la cocina y los botes de conserva y especias se reparten por los huecos del salón. Llevan 19 años viviendo en un chalé con jardín y piscina de una de las zonas residenciales de Majadahonda. En el porche, una mesa de cocina antigua aguarda ser devuelta a su lugar habitual, y un perro corretea por entre los bártulos y el césped buscando quien le lance la pelota. “Creo que vivimos en una zona privilegiada, tenemos el monte al lado, zonas verdes, supermercados de todo tipo, y estamos a 15 minutos de Madrid”, explica Sonia, que es majariega de nacimiento.

Raúl y Sonia viven en un chalé de tres plantas con piscina. (M. Z.)
Raúl y Sonia viven en un chalé de tres plantas con piscina. (M. Z.)

El tiempo de ocio que le permiten sus trabajos —ambos son empresarios— lo dedican a pasear junto a su perro por la zona o por el casco antiguo del pueblo, con una amplia oferta gastronómica: desde cadenas a italianos, nepalíes o heladerías. No les gustan demasiado los centros comerciales pero reconocen que es una ventaja tenerlos a tiro de piedra. En la economía familiar, dedican gran parte de sus ingresos a la alimentación, para lo que prefieren el comercio de toda la vida. “La calidad es mucho mejor, y además tengo la sensación de que aquí las cadenas son más caras que en otras zonas”, cuenta Sonia. De media, gastan unos 2.000 euros al mes para dar de comer a cuatro personas y ni la carne ni el pescado faltan nunca en su nevera. “Y solo desayunar y cenar, porque no pasamos mucho por casa”, reconocen.

Majadahonda tiene los hogares más grandes de España (con 3,19 personas de media) y La Línea los más pequeños (2,68). El alquiler de un piso de las mismas dimensiones —unos 90 metros cuadrados— cuesta en el norte de Madrid unos 1.400 euros, mientras que en La Línea ronda los 600. Eso sí, sin piscina, pista de pádel, tenis, ni portero: la equipación básica del conjunto de urbanizaciones que componen el municipio que en 30 años ha duplicado su población. “Todo el mundo quiere vivir aquí, da prestigio”, reconoce Cristina, la dueña de la zapatería y hermana de Sonia.

En esta casa gran parte de la economía familiar se va en alimentación para cuatro. (M. Z.)
En esta casa gran parte de la economía familiar se va en alimentación para cuatro. (M. Z.)

Cables colgando y flores en farolas

Barrios con un solo parque infantil construido en los años ochenta y hoy semiderruido. Sin vida cultural, sin otra alternativa para los jóvenes que estar en la calle apoyados en una pared. Algunas calles aún por asfaltar, con cañas y barracas en asentamientos levantados hace 40 años y nunca desarrollados. La Línea también posee una cara amable, la del pequeño casco histórico, pero la imagen de gran parte del municipio es descorazonadora.

Las organizaciones vecinales llevan años luchando por la singularidad, un concepto con el que se reclama inversión del Estado y políticas de desarrollo por la singular idiosincrasia de La Línea, un municipio de frontera, plagado de zonas militares no desarrollables que lastran su crecimiento, y que para colmo padece el cáncer del contrabando, ya sea a través de Gibraltar o en lanchas procedentes de Marruecos.

La Línea ha ido creciendo a la sombra de Gibraltar. (D. B.)
La Línea ha ido creciendo a la sombra de Gibraltar. (D. B.)

“La Línea es una ciudad fallida, un parto no deseado. No es una ciudad con un devenir cultural o histórico, sino un asentamiento que fue adaptándose a las circunstancias de Gibraltar. Tuvo una época de prosperidad que terminó en 1969 con el cierre de la verja, ahí comenzó su declive”, resume el sociólogo Chacón. “Es un municipio abandonado por el Estado y por la Junta, que además arrastra una deuda inasumible por culpa de la mala gestión de antiguas corporaciones municipales”. Chacón y todo el municipio señalan al GIL, que gobernó la ciudad por medio de Juan Carlos Juárez (1999-2009), como el causante del brutal agujero que sufren las arcas públicas y que impide al ayuntamiento hacerse cargo de la más mínima reparación de calzadas y equipamientos públicos. Hay multitud de cables eléctricos colgando a la altura de la cabeza y cuadros eléctricos destripados que ningún técnico municipal atiende. El actual alcalde, Juan Franco, no pudo ser cuestionado para este reportaje.

Es una ciudad pensada para el disfrute, que ha crecido mucho, pero también hay que afrontar inversiones

En Majadahonda hay un solo semáforo, en una de las entradas. Fue pionera en introducir un sistema de circulación basado en las rotondas y en una planificación urbana a medida para el perfil residencial y familiar que la caracteriza: un casco histórico donde se concentra la actividad de ocio y restauración, y decenas de urbanizaciones a su alrededor componen la ciudad. “Hay muchas zonas verdes, avenidas amplias, y está todo muy limpio y cuidado porque los que vinieron a vivir aquí buscaban eso, y son exigentes en ese sentido”, explica Narciso de Foxá, su alcalde. En las calles principales no hay farola que carezca de sus jardineras en flor, y no se ve basura por sus calles. De hecho, Majadahonda fue también pionera en incorporar un sistema de recogida neumática de basuras, que ha acabado con los antiestéticos contenedores de sus calles.

Los majareños son exigentes con la limpieza y el orden en sus calles. (M. Z.)
Los majareños son exigentes con la limpieza y el orden en sus calles. (M. Z.)

Las únicas quejas surgen de una asociación de vecinos diminuta —de tan solo 100 miembros— que reclama mejoras, como más participación ciudadana, aumentar la capacidad de los centros culturales, las bibliotecas o el edificio consistorial. “El ayuntamiento ha hecho de la ciudad un municipio de ese tipo, de ocio, y va en la línea de la renta de la gente de aquí. Si soy un empresario de la restauración de lujo, lo pongo aquí, no en Getafe, porque aquí hay dinero. Y el ayuntamiento con sus políticas ha fomentado eso”, explica Enrique Gutiérrez, su vicepresidente. “Es una ciudad pensada para el disfrute, que ha crecido mucho, pero también hay que afrontar inversiones. Además, hay dinero, el consistorio cuenta con 51 millones de superávit, pero hay miedo a gastar por la herencia de la Gürtel, que hizo estragos”.

En Majadahonda ha gobernado el Partido Popular durante 28 años, y la trama de corrupción madrileña la salpicó de lleno cuando su exalcalde Guillermo Ortega fue condenado a 38 años de cárcel por los regalos y mordidas que recibía. En La Línea gobierna un alcalde independiente, aunque también con el respaldo de los populares.

Más robos pero menos droga

En Majadahonda no hay esquina que no esté custodiada por una cámara de vídeo para evitar que los ladrones se cuelen entre los jardines, aunque la sensación de inseguridad entre sus habitantes es prácticamente inexistente: “Yo suelo dejar todo abierto, y nunca hemos tenido ningún susto en 19 años”, confiesa Sonia. Tampoco en la zapatería donde trabaja junto a su hermana han sufrido nunca un asalto, más allá de alguna cartera sustraída en los días de mercadillo.

Las cámaras de vigilancia son habituales en las urbanizaciones del municipio madrileño. (M. Z.)
Las cámaras de vigilancia son habituales en las urbanizaciones del municipio madrileño. (M. Z.)

Sin embargo, el municipio del norte de Madrid gana a La Línea en hurtos y asaltos. Hay tres veces más delitos de los amigos de lo ajeno (1.481 frente a 543), aunque menos robos de vehículos (134 contra 98), según datos del INE. Si nos ceñimos a los números, hay bastante más criminalidad en Majadahonda que en La Línea, pero en la localidad más humilde entra en juego un factor que lo cambia todo: el tráfico de drogas. “Aquí siempre ha habido contrabando, pero era tabaco y productos que en España no existían, sobre todo en el franquismo. Esto era un hervidero de gente, se parecía a la imagen actual de las porteadoras de Ceuta, llevaban manteca, medicinas… Pero en los últimos años se ha dado un salto cualitativo y cuantitativo al hachís y otras drogas. Antes había respeto a la población y contención con la autoridad, pero ahora alardean del tráfico ilegal y retan a la policía. Hasta los verdaderos traficantes están hartos de la actitud de los chiquillos que quieren parecerse a un mafioso de película y alardean ante la prensa de ganar un dineral que no es cierto. Es mentira que ganen 1.000 euros por vigilar”, indica Álvarez.

Los coches de alta gama pueblan el largo de playa de La Atunara, la zona más caliente del contrabando. Grupos de jóvenes esperan durante el día en las calles a las descargas de la noche. En grupos de 15 o 20 personas descargan los fardos, del orden de 30 kilos cada uno. La policía local se cruza a diario con todos ellos, pero poco puede hacer por la falta de recursos. “Somos la policía local peor pagada de Andalucía, hemos pasado de 140 agentes a solo 90. La motivación, como es lógico, está por los suelos en un cuerpo que se dedica en el 90% de su tiempo a labores de seguridad ciudadana, con la peligrosidad y penosidad que esto conlleva”, afirma Raúl Urbano, portavoz del Sindicato de Policía Local de La Línea.

La Línea es la primera estampa que se encuentra quien aterriza en Gibraltar. (D. B.)
La Línea es la primera estampa que se encuentra quien aterriza en Gibraltar. (D. B.)

“Muchas veces se olvida desde el Gobierno que La Línea es un escaparate de España, es lo primero que ve de nuestro país una persona que aterriza en Gibraltar y quiere conocer un poquito de España. Y el que viene sale espantado. Ya solo por eso necesitamos la ayuda de las administraciones”, subraya José Viegas, de la AAVV Santiago Conchal Castillo. El sociólogo Chacón lo tiene claro: “Aun con un plan integral e inversión, La Línea no va a salir de esta situación crítica en menos de 15 años. Y si esa ayuda no llega, puede convertirse en una ciudad muerta en pocos años”.

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