"fundadora de Gilmar, madre de todos y taurina"

Muere Encarnita, la secretaria de Jesús Gil que conocía todos sus secretos

Encarnación González Buenadicha comenzó a trabajar para Jesús Gil en 1965, cuando el empresario puso en marcha el proyecto de Los Ángeles de San Rafael. Ha fallecido en Madrid a los 75 años

Foto: Encarnación González Buenadicha junto a Jesús Gil y Gil y su primogénito. (Foto cedida por Gilmar)
Encarnación González Buenadicha junto a Jesús Gil y Gil y su primogénito. (Foto cedida por Gilmar)

La secretaria personal y mano derecha de Jesús Gil padre, Encarnación González Buenadicha, falleció el pasado 25 de diciembre en Madrid a los 75 años. "Encarnita: fundadora de Gilmar, madre de todos y taurina", recuerdan Jesús Gil Marín y Manuel Marrón Fuertes, consejeros de la inmobiliaria Gilmar, en una esquela publicada este viernes en el diario 'ABC'. "Una mujer de bandera y adelantada a su época. Cuando la recordamos con alguno de sus excompañeros de trabajo, siempre ponen en común tres adjetivos para definirla: trabajadora, leal y líder", escriben a su vez en la página web de la empresa.

La lealtad de Encarnación a los Gil queda reflejada en un escrito que escribió en 2005, un año después de la muerte del mediático empresario. "Era una persona fuera de serie, que le gustaba retirarse a su finca a descansar como el guerrero que vuelve de la batalla. Cuando por la calle la gente le decía cosas, se alegraba, se sentía el ser más feliz del mundo. Todos le querían. Disfrutaba de su familia, de su trabajo, aficiones, toros, boxeo y sus puros Montecristo. Fue un líder, un ser especial, único. Trabajó y pasó mucho, y vivió como él quiso: 'A su manera'", explica Encarnación al comienzo del artículo.

De todos modos, la parte más interesante del texto es la que sigue a este primer párrafo, y es que la fallecida resume en once páginas cómo Jesús Gil llegó a formar parte de la élite económica y política de España, un ascenso que ella vivió en primera línea.

Jesús Gil hijo, Encarnación González Buenadicha y Manuel Marrón Fuertes. (Foto cedida por Gilmar)
Jesús Gil hijo, Encarnación González Buenadicha y Manuel Marrón Fuertes. (Foto cedida por Gilmar)

"Yo iba a cobrar con el chófer"

Encarnación González, más conocida por sus allegados como Encarnita, comenzó a trabajar para Jesús Gil y Gil en 1965, cuando el empresario puso en marcha el proyecto de Los Ángeles de San Rafael. Encarnita tan solo tenía 23 años, pero desde el primer momento se convirtió en una persona de confianza para el empresario, quien le encargó gestionar la venta de las viviendas de este complejo segoviano. "Yo iba a cobrar con el chófer. De las primeras personas que compró fue doña Mercedes Doesth, una señora millonaria que vivía en El Viso", recuerda la propia Encarnita en el artículo ya mencionado.

Conforme la construcción de Los Ángeles de San Rafael se llevaba a cabo, Encarnita fue conociendo a la élite económica y política de España. "Allí iban personas de lo más selecto de Segovia y Madrid. Se hacían desfiles de modelos con los peleteros Hermanos Fernández Arias, de la Peletería Siber...". De esta manera, la fallecida comenzó a codearse con personas como Massiel, Augusto Algueró, Carmen Sevilla, Norma Duval o Manolo Escobar, además de los empresarios y políticos más destacados de la época. "Encarnita mandaba más que ninguno de nosotros, todos la tenían el máximo respeto y cariño", recordaba el pasado 17 de enero el director financiero de Gilmar, Antonio García.

De la época dorada a la tragedia

Entre las anécdotas que recoge en su texto, la fallecida dedica varios párrafos al club náutico que se construyó en el complejo: "Don Jesús compró una golondrina, un barco que bautizó con el nombre de su hija Myriam, para pasear a los clientes por la cola del pantano. Para mí, lo más bonito". En este sentido, Encarnita destaca el papel del actor venezolano Espartaco Santoni, quien se hizo cargo de las relaciones públicas de la empresa. "Llenó Los Ángeles de San Rafael de artistas, organizó eventos en el náutico, era un caballero con las damas, nos traía flores y bombones. Entonces estaba con Analía Gadé y después con Carmen Cervera", explica en su artículo, resumiendo así los años dorados del complejo.

De todos modos, todo cambió el 15 de junio de 1969, "un domingo que jugaban el Athletic de Bilbao y el Elche la Copa del Generalísimo". En torno a las dos y media de la tarde, mientras se celebraba una convención de la cadena de supermercados SPAR en el complejo, el salón de uno de los restaurantes se vino abajo, provocando la muerte de 58 personas. "Al día siguiente, en Goya, teníamos los periódicos y en todos era primera plana. Al rato de llegar, llamaron a la puerta y eran los inspectores de policía", recuerda Encarnita. "Lo primero que hicimos fue analizar lo que había pasado y buscar abogados. Se barajaron ilustres abogados y se contrató a Diego Mosquete".

Su primera condena a prisión

Jesús Gil y Gil fue condenado a cinco años de cárcel por imprudencia temeraria (negligencia en la construcción por las prisas en inaugurar) y homicidio involuntario, pero el franquismo le indultó dos años después. Durante el tiempo que permaneció entre rejas, sus allegados iban a visitarlo con frecuencia en un coche rojo, el vehículo "que tanto criticó Antonio Izquierdo en la columna que escribía en el periódico 'Arriba'", recuerda Encarnita. Asimismo, su familia y socios intentaron mantener el imperio inmobiliario mientras el jefe estuvo en prisión: "Jesusín [Jesús Gil hijo] se portó como un hombrecito, pues con ocho años era muy responsable en todos sus actos. Después del colegio, a veces venía a la oficina acompañando a su madre a pesar de que ella no quería".

Adolfo Suárez, a la izquierda con gafas de sol, y Jesús Gil, a la derecha, en la inauguración de Los Ángeles de San Rafael en junio de 1968. (Foto cedida por Gilmar)
Adolfo Suárez, a la izquierda con gafas de sol, y Jesús Gil, a la derecha, en la inauguración de Los Ángeles de San Rafael en junio de 1968. (Foto cedida por Gilmar)

Mientras Jesús Gil cumplía condena, Encarnita se convirtió en uno de los pilares de su imperio. "Únicamente nos cerraron un despacho [la policía], cuando en realidad tendrían que haber cerrado toda la oficina. Necesitábamos unos documentos que habían metido allí y cuando nos quedábamos Pepita [su hermana] y yo solas, sacábamos todo lo que podíamos a través de un cristal, y sobre todo uno de cohecho, que fue vital", confiesa la fallecida en su artículo, sin profundizar en la información que contenía este documento de "vital" importancia para la investigación. La lealtad de Encarnita, por tanto, se mantuvo intacta durante el encierro de su jefe, ya que siempre tachó la pena de desproporcionada. "Del accidente hubo muchas personas que se aprovecharon e hicieron un inventario falso de lo que habían perdido, como abrigos de pieles en julio, dos combinaciones...".

Aunque para cualquier otro empresario el suceso hubiera supuesto el fin de su carrera, Gil continuó su ascenso hasta alcanzar la presidencia del Atlético de Madrid y la alcaldía de Marbella. Y Encarnita, como fiel subordinada, siempre estuvo a su lado.

Marrón y Jesusín, los herederos

Poco después de salir de la cárcel, Jesús Gil conoció a Manuel Marrón Fuertes, actual consejero de la inmobiliaria Gilmar junto al primogénito del empresario. "Un ser fuera de serie. Entró a trabajar en Los Ángeles de San Rafael con un socio suyo mayor que él. Manolo era jovencísimo, rubio como un inglesito, y como el jefe vio que era un gran profesional, con el tiempo le hizo jefe de Ventas, pues es un lince para los negocios", explica Encarnita. Además de sus aptitudes, Marrón entabló una buena relación con Jesús Gil hijo, lo que les llevó a crear la inmobiliaria Gilmar con la ayuda del jefe.

Encarnación González Buenadicha junto a Jesús Gil hijo. (Foto cedida por Gilmar)
Encarnación González Buenadicha junto a Jesús Gil hijo. (Foto cedida por Gilmar)

Encarnita fue una de las trabajadoras que se incorporó a esta nueva empresa, lo que explica que a día de hoy sus compañeros la recuerden como "fundadora". De todos modos, la fallecida siguió formando parte del círculo más cercano a Jesús Gil y Gil, por lo que cuando su primogénito cumplió 18 años, ella fue una de las invitadas a la celebración. "Su padre le llevó a Los Ángeles de San Rafael como regalo un Porsche negro que fuimos a recoger al Paseo de la Castellana. Lo condujo el jefe e íbamos mi hermana y yo, y lo puso a doscientos cincuenta, una chulada. Luego, Jesús le fue pagando el coche con su trabajo, según le gustaba recordar al jefe en sus mítines políticos".

"Llevaba escritos a Adolfo Suárez"

Encarnita se centra a lo largo del artículo en los años dorados del empresario, pero al final del mismo también dedica un par de párrafos a los desastres económicos que este provocó. "En todos los problemas que tuvimos llevaba escritos a Adolfo Suárez, Felipe González, Miguel Herrero de Miñón... Una vez fuimos don Jesús y yo al PSOE, a la calle Ferraz, a ver a la secretaria de Felipe cuando aún no era presidente, Myriam Solimán, y nos encontramos con las Madres de Mayo con sus pañuelitos", recuerda Encarnita.

Encarnación González Buenadicha en una cena junto a Manuel Marrón y Carmen Osset. (Foto cedida por Gilmar)
Encarnación González Buenadicha en una cena junto a Manuel Marrón y Carmen Osset. (Foto cedida por Gilmar)

En este sentido, la fallecida apenas profundiza en los procesos judiciales a los que se enfrentó su jefe y, cuando lo hace, añade siempre una frase para justificarle. "Don Jesús tenía un cerebro fuera de serie al que le daba vueltas para programar ideas que luego fueron ideas rentables. Pensaba y pensaba. Por algo yo le decía que si algún día tenía dinero, le regalaría la escultura de 'El Pensador', de Auguste Rodín", recuerda orgullosa al final de su escrito.

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