la gente impedía las detenciones

Policías que ayudan al teniente de Alsasua: "Era difícil identificar a todos los agresores"

Los dos agentes forales que llegaron primero para auxiliar a los guardias civiles agredidos admiten que la multitud que acosaba era tan elevada que no podían siquiera coger los dni a los sospechosos

Foto: Manifestación ayer en Pamplona en apoyo a los guardias civiles agredidos en Alsasua. (EFE)
Manifestación ayer en Pamplona en apoyo a los guardias civiles agredidos en Alsasua. (EFE)

Los dos policías forales que acudieron a auxiliar al teniente de la Guardia Civil apaleado en Alsasua por más de 30 personas en octubre de 2016 han admitido que también temieron por su integridad física cuando llegaron a la zona. Ambos agentes han relatado durante la tercera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Nacional que lo primero que hicieron fue atender al teniente herido, llamar a la ambulancia y pedir refuerzos. "Estaba en el suelo, su novia le sujetaba la cabeza, tenía sangre en la boca y se encontraba aturdido, con un fuerte dolor en la pierna; el sargento por su parte tenía muchas huellas de patadas en la camisa", ha explicado uno de los policías.

Acto seguido, según han añadido ambos, trataron de identificar a los agresores. El sargento y su novia les señalaban a gente, pero había tal cantidad de personas increpando que era prácticamente imposible acercarse a ellos para detenerles. "Era muy difícil quedarnos con todos los que nos indicaban", han confesado los agentes, que también han admitido que en un momento dado vieron la oportunidad y pidieron la documentación a Jokin Unamuno, uno de los principales acusados y el que, según los guardias civiles y sus parejas, comenzó el apaleamiento. "Tenía barba y una gorra", han descrito.

Los dos agentes han dicho que tanto Unamuno como Ohian Arnanz iban vestidos un poco diferentes al resto y que por eso se quedaron más con sus caras, pero que tanto el sargento como su mujer les señalaron a más personas. "Todos vestían igual", ha excusado uno de los policías forales. Los dos también han coincidido en que Arnanz además se les acercó demasiado. En concreto, han apuntado, este acusado -para el que la Fiscalía pide 62 años de prisión, la pena más alta de los ocho procesados- fue hacia los agentes con el puño cerrado y actitud agresiva.

Han relatado que mientras metían a Unamuno en el vehículo policial la gente se agolpaba a su alrededor para evitarlo y les gritaban que ellos eran de los suyos, que no ayudaran a los guardias civiles. "Me agarraban del chaleco y de la ropa para intentar que no metiéramos al detenido", ha rememorado uno de los declarantes. En un momento dado, han afirmado, el sargento mantuvo una discusión con más gente y fuimos a ayudarle. Fue entonces cuando el detenido salió del coche gracias a que parte de los que estaban en la calle le abrieron la puerta. "La gente no quería que nos lo lleváramos; en ese momento, sentí que podía ser agredido", ha reconocido uno de los agentes en referencia al mencionado intento de agresión de Arnanz.

Los acusados en el banquillo. (EFE)
Los acusados en el banquillo. (EFE)

Ambos policías han dicho que había un grupo de gente frente a ellos que les "imitaban" en tono de risa. "Si poníamos las manos en el cinturón, pues ellos también; si cruzábamos los brazos, pues otro tanto", ha descrito uno de los agentes, que como su compañero no ha tenido dudas en sentenciar que "la gente sabía que el teniente y el sargento eran guardias civiles en todo momento". "Había decenas de personas grabando todo con su móvil, pero nadie nos ofreció vídeos para que pudiéramos ver lo que había pasado; sin embargo, que yo sepa no hay ni un solo vídeo en las diligencias", ha dicho el mismo policía.

Policías que ayudan al teniente de Alsasua: "Era difícil identificar a todos los agresores"

El otro policía ha explicado que era habitual que los fines de semana hubiera altercados en esa zona, que siempre trataban de calmar la situación y "salir rápido", porque "en seguida empiezan los gritos, los insultos y el lanzamiento de vasos". "Cuanto más tiempo estemos, peor acaba la cosa", ha dicho. En esa ocasión, sin embargo, ha continuado, los agentes tuvieron que permanecer más tiempo. "Teníamos que identificar a los autores", ha aclarado el policía, quien también ha dicho que en la zona había "minimo 40 personas".

Fue una paliza y ya está”, ha zanjado uno de los policías forales, quien ha dicho como su compañero que nadie más pidió que le atendieran por lesiones más allá de los miembros del instituto armado y sus parejas. “La gente allí tenía claro que eran guardias civiles”, han recalcado los dos agentes, quienes también han recordado que la ambulancia llegó más o menos rápido, pero los refuerzos tardaron “media hora de reloj” en personarse en la zona.eran guardias civiles

Antes de estos funcionarios forales, también han declarado el dueño del bar Koxka, Josu Muñoa, y la camarera del establecimiento, Naira Navarro. Ambos se han desmarcado llamativamente de los hechos y han dicho que apenas vieron nada. El primero ha señalado que no estaba trabajando y que llegó para hacer la caja y que salió cuando ya había pasado todo y él se limitó a dejar la chaqueta a la novia del teniente para que se cubriera el tobillo. La camarera, por su parte, ha indicado que no notó ningún altercado ni nada llamativo hasta que se llevaron al teniente en ambulancia y ella salió y la mujer del sargento le entregó la chaqueta que previamente había prestado su jefe al principal herido.

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