"Me golpearon en la cabeza, espalda y piernas"

El teniente de Alsasua: "Nadie me ayudó, solo mi novia gritaba por favor que pararan"

El jefe del acuartelamiento relata lo que vivió durante la segunda fase del juicio contra los ocho acusados de propinarle una paliza a él, a otro guardia civil y a sus parejas

Foto: Los guardias civiles declaran en la segunda sesión del juicio de Alsasua. (EFE)
Los guardias civiles declaran en la segunda sesión del juicio de Alsasua. (EFE)

El teniente del cuartel de Alsasua que recibió la brutal paliza el 15 de octubre de 2016 en esta localidad navarra junto a su novia, un sargento y la pareja de este último ha relatado con todo detalle en la segunda sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Nacional lo que vivió aquella noche. El mando, que apenas contaba con 24 años cuando ocurrió todo, ha contado que salió a cenar con el sargento y con las parejas de ambos, que luego fueron al bar Koxka porque ahí ponían "un vino" que a él le gustaba y que estuvieron media hora con una consumición, apartados de la mayoría de la gente, antes de que entrara Jokin Unamuno​, a quien conocía del pueblo, "acompañado de varias personas".

"Ahí pensé que quizá no merecía la pena estar ahí, pero ya no me dio tiempo a reaccionar", ha reflexionado el teniente durante su declaración. Los que conformaban el grupo, ha continuado, "entraron directamente a por nosotros". "Jokin se encaró con el sargento, poniéndole la cara muy cerca; yo le cogí y le dije que se fuera a otro lado del local, porque estábamos en nuestro tiempo libre, entonces él se encaró conmigo de forma muy agresiva, acercándose aún más a la cara. Dijo cosas sin coherencia y que su abuelo también fue guardia civil y que por qué le llamaba por su nombre", ha afirmado.

En ese momento "empezó el jaleo". "Comenzaron los empujones; la chica que entró con Jokin empujó a Marijose, mi novia. Yo noto que me golpean en la cabeza, en la espalda y piernas; me doy la vuelta; veo al chico con complexión atlética que antes me había parado en la puerta del baño a mi izquierda y luego a mi espalda; recibo puñetazos, patadas; veo que zarandean a Marijose; entonces decidimos marchar del bar; nos cuesta mucho, porque crean un pasillo y seguimos recibiendo golpes de todo tipo", ha explicado.

"Llegamos a la puerta del bar, el lugar más iluminado del local; allí yo hago un poco de frente a los que están dentro, porque no esperaba que fuera hubiera más gente", ha añadido el teniente, que no era consciente de que en la calle había otras "15 o 20 personas más". "Al darme la vuelta, empiezo a recibir golpes de todos los lados justo en la salida, que tiene una doble puerta; me empiezo a aturdir, me golpean constantemente y no puedo mantenerme de pie, me caigo al suelo; recuerdo que empiezo a sangrar y que hay mucho barullo, siento golpes en la cabeza; Marijose estaba al lado a veces, otras no, algunas se ponía encima, porque en el suelo me daban sobre todo golpes en la cabeza", ha relatado.

"Nadie nos intentó ayudar; nadie se acercó a mi; la única que yo recuerdo que estaba cerca fue Marijose, que en un momento se puso encima de mí, cuando yo estaba en el suelo, cubriéndome, pidiendo que pararan, que pararan por favor", ha contado antes de admitir que sí temió por su vida. "Llegó un momento que yo estaba tan aturdido que me subía mucho el dolor y ellos no paraban; no tenía localizados al sargento ni a su novia; no me podía defender, más que cubrir; era de todos lados y estaba en el suelo", ha agregado el teniente, que ha dicho que su pareja también "se llevó golpes" que iban dirigidos a él y que solo notó que paraban los puñetazos y las patadas cuando llegó una patrulla de la Policía Local.

El declarante ha señalado que pasó mucho tiempo sin poder caminar. "No podía ira al baño solo, ducharme era un calvario, tuve que adaptar la casa de mis padres", ha descrito el testigo, quien se ha quejado además de que tuvo que salir entonces de Alsasua y no pudo regresar hasta mucho después para recoger su casa y su despacho. "No me valí por mí mismo y lo primero era recuperarme; hice mucha rehabilitación", ha explicado.

El teniente ha recordado que él llevaba casi un año al frente del cuartel cuando sucedieron los hechos y que durante ese tiempo trató de abrir la Guardia Civil al pueblo. Organizó una jornada de puertas abiertas y una misa en una iglesia de la localidad para celebrar la patrona del cuerpo, la Virgen del Pilar. En ambos eventos, ha indicado, llegaron varias personas, entre las que estaba Jokin, para increpar a los agentes, con lo que estos tuvieron que invitarles a abandonar los actos.

El testigo ha afirmado estar seguro de que aquella paliza estaba planificada. "Dudo mucho de que fuera espontáneo, porque no era normal que hubiera tanta gente fuera esperando", ha expresado el teniente, que recuerda aquellos escasos minutos como si fueran "un calvario eterno". También ha apuntado que durante todo este sufrimiento escuchó gritos de personas que les pedían que se fueran del pueblo y que su novia y los padres de ella lo pasaron muy mal durante el tiempo que duró su relación con el funcionario.

Sesión del juicio de ayer. (EFE)
Sesión del juicio de ayer. (EFE)

"Ella y yo no nos escondíamos, salíamos a tomar algo y eso algunos lo veían como una traición de Marijose, que era de allí; ese era su pueblo", ha contado el teniente, quien también ha subrayado que por ese motivo "muchas personas de allí le dieron de lado". Solo unos pocos vecinos le expresaron su cariño después de la paliza. "Seis u ocho ciudadanos vinieron a visitarme al hospital para solidarizarse conmigo", ha confesado.

El sargento agredido, que tenía 33 años cuando sucedieron los hechos, ha corroborado casi punto por punto la versión del teniente. Ha dicho que fueron a cenar los cuatro al bar de los padres de María José, que luego pasaron por el Koxka, que se pusieron en la entrada a la derecha, junto a la máquina recreativa, que les tiraron un chupito vacío, pero que no le dieron importancia, y que al poco rato apareció Jokin Unamuno, que se encaró con el sargento. "Se dirigió a mí con actitud desafiante, pegando su cara a la mía e increpándome; el teniente intentó mediar; el joven iba con una chica más bajita con flequillo, morena, que mientras el teniente hablaba me propinó un empujón hacia la máquina recreativa", ha descrito.

"Marijose les dijo que no queríamos problemas y que nos teníamos que ir; intentamos marcharnos; cogí a Pilar y al ir hacia la puerta comenzamos a recibir golpes; empezaron los manotazos y las patadas por todos lados; había entre cinco y ocho personas golpeándonos; la puerta estaba casi bloqueada por personas en el pasillo que no paraban de pegarnos; vi que gente del bar de enfrente se había acercado también a la puerta, porque ya sabían que se iba a liar", ha relatado el sargento, que ha descrito también cómo ya fuera del local él le dijo a su novia "que se fuera al coche para evitar que fuera más agredida". "Entonces me di la vuelta y vi cómo el teniente estaba siendo vapuleado por muchas personas; con instinto de ayudar al compañero, tiré del brazo para intentar sacarlo de ese pequeño pasillo", ha añadido.

"Nuna he sentido tanto odio por ser guardias civiles"

"En ese momento, varias personas me cogieron por la espalda para evitar que auxiliara al teniente y me sacaron a la calzada; yo caí al suelo y me puse a rodar para que no me destrozaran, poroque me seguían pegando en la nuca, en la cabeza y en la espalda cuando estaba en el suelo; entonces se puso Pilar en medio para evitar que dieran más, pero también le agredieron a ella", ha agregado. En concreto, ha dicho, "uno de ellos le propinó una patada y la tiró al suelo". "Cesaron los golpes un segundo y conseguí levantarme, giré la vista y vi cómo el teniente seguía tirado en el suelo y Marijose encima de él haciendo una función de escudo para evitar que siguieran agrediéndole, pero ella también recibió bastantes puñetazos y patadas", ha explicado el sargento, quien ha afirmado que la cosa paró ligeramente cuando él se puso a mirar caras. "Nadie intentó ayudarnos, algunos incluso jaleaban esas agresiones, que no pararon hasta que llegaron dos policías forales entre cinco y diez minutos después", ha asegurado el testigo, que al igual que el teniente ha identificado a la mayoría de los hoy procesados.

El sargento, que aún hoy permanece destinado en Alsasua, ha explicado que nunca ha experimentado tanta violencia. "Aquella sensación de odio que tenían porque nosotros éramos guardias civiles no la he sentido nunca; estoy acostumbrado a situaciones violentas y de estrés por mi trabajo, pero nunca como esa situación", ha explicado el hombre, que ha contado que ellos eran "fácilmente identificables" por su vestimenta a pesar de no llevar uniforme y que la gente les conocía porque Alsasua es un pueblo pequeño y todo el mundo sabe que uno es guardia civil.

La Fiscalía acusa a los ocho procesados de cuatro delitos de lesiones terroristas, dos de amenazas terroristas y subsidiariamente de desórdenes públicos terroristas y atentado contra agentes de la autoridad. Contextualiza los hechos en el marco del movimiento Ospa, que defiende la expulsión de las fuerzas de seguridad del País Vasco y Navarra y al que al menos Unamuno ha admitido estar vinculado, aunque "esporádicamente". El ministerio público pide para este último 50 años; la misma pena para Jon Ander Cob Amilibia, Adur Ramírez de Alda, Aratz Urrizola Ortigosa, Iñaki Abad Olea y Julen Goicoechea Larraza; 62 años para Ohian Arnanz y 12 para Ainara Urquijo

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
16 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios