ETA (banda terrorista): Sexo, móviles al váter, ONG de refugiados... Las coartadas de los acusados de Alsasua
primera sesión del juicio

Sexo, móviles al váter, ONG de refugiados... Las coartadas de los acusados de Alsasua

Los ocho procesados por apalear a dos guardias civiles y a sus parejas han esgrimido excusas durante su interrogatorio con sencillez, apariencia de normalidad y a veces un tono altanero

Foto: Momento del juicio por la brutal agresión a dos guardias civiles en Alsasua. (EFE)
Momento del juicio por la brutal agresión a dos guardias civiles en Alsasua. (EFE)

El juicio que comenzó ayer en la Audiencia Nacional contra ocho acusados de propinar una brutal paliza a dos guardias civiles y a sus parejas para obligarles a abandonar Alsasua (Navarra) el 15 de octubre de 2016 tuvo ayer una primera sesión marcada por las excusas que esgrimieron los procesados. Todas ellas fueron narradas con apariencia de normalidad y muchos detalles, pero en ocasiones también con chulería e incluso aire cómico. Sin embargo, pocas casan con los argumentos que mantienen la Fiscalía y la acusación —conformada por la asociación de víctimas del terrorismo Covite y la Asociación Unificada de Guardias Civiles—, que pretenden condenar a los ocho por terrorismo, dado que supuestamente todos ellos actuaban para ejecutar el histórico plan de ETA de expulsar a las fuerzas de seguridad del territorio que la banda denominaba Euskal Herria.

Julen Goicoechea, por ejemplo, explicó que junto a él trasladaron a seis personas que venían de la cárcel de Alcalá Meco para conformar la rueda de reconocimiento. "La mayoría eran sudamericanos de tez muy morena; uno de ellos me dijo que yo era el único blanco y que me iban a señalar", contó. "Llevaba el pelo un poco más a escarola por detrás", respondió después de que su abogado le indicara que solo él tenía un corte "a lo vasco". Jokin Unamuno, por su parte, admitió que fueron al bar donde se produjeron los altercados incluso aunque no era de su "ambiente". "Ponen reguetón y no es nuestro estilo", añadió el procesado, que reconoció ir "bastante borracho" cuando se enfrentó al teniente posteriormente apaleado. "Le dije que tenía mucha jeta por crujir a multas al pueblo y luego presentarse de fiesta en los bares donde estaba la gente que sancionaba", señaló Unamuno, quien incluso sonrió cuando contó el episodio de su detención.

"La Policía Foral se acercó a mí, me identificó y me detuvo; entonces, la gente empezó a protestar; me llevaron a un coche patrulla, que estaba a 10 metros del bar Koxka; en un momento dado me doy cuenta de que la puerta está abierta y salgo; estaba muy bebido, la vi así y salí; los policías me vieron, me cogieron y me metieron de nuevo en el coche", relató el acusado para narrar un episodio que desde luego no pasó de forma tan sencilla, ya que algunos testigos apuntaron a que la muchedumbre zarandeó el vehículo y lo abrió.

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"No descarto que mi discusión provocara lo de después", añadió entonces el interrogado en referencia a que sus palabras con el teniente derivaran en la pelea. "Si fue así, yo siento lo que pasó", añadió Unamuno, antes de reseñar que el contexto era "de fiesta" y que "todo el mundo estaba muy bebido". "Yo estuve todo el día bebiendo cerveza y vino por la tarde y luego cubatas; iba bastante borracho", señaló en línea con otros declarantes, como Iñaki Abab. "Una cerveza con amigos, otra, otra y dos copas; borracho no estaba; un puntillo, igual un poco; pero consciente en todo momento", explicó el declarante.

Familiares de los acusados, a las puertas de la Audiencia Nacional. (EFE)
Familiares de los acusados, a las puertas de la Audiencia Nacional. (EFE)

Goicoechea, por su parte, hizo especial hincapié en relatar la tarde previa a los hechos. Señaló que él era el portero del equipo de fútbol del pueblo, que terminó de entrenar a las 21:00 y que fue a cambiarse para salir. "Fui a casa, dejé la mochila, me puse ropa elegante para la cena que habíamos preparado los compañeros del equipo; montamos esa cena para no salir el sábado, sino el viernes, y poder jugar el domingo descansados; somos jóvenes y nos conocemos", apuntilló el interrogado, que habló con total naturalidad cuando admitió haber tomado "un par de combinados" y haber hecho lo que hacía "normalmente", es decir, "echar unas risas con los amigos, bailar e intentar ligar". "Yo soy bastante conocido en el Koxka; suelo pasar ahí gran parte de los sábados; iba y sigo yendo cada fin de semana a bailar", añadió, antes de apuntar que "es ya una tradición" que él y sus amigos fueran a casa de su colega Gorka "a desayunar pizza tras salir de fiesta" porque a sus padres no les gustaba.

Acto seguido, sin embargo, Goicoechea se ponía serio y hablaba de la repercusión negativa que ha tenido para él haberse visto involucrado en este procedimiento. "He ido al psicólogo, que me ha recetado unas pastillas antidepresivas; y también sufro frustración; uno es un chaval inocente que no tiene nada que ver con todo esto y le pasa esto", expresó antes de justificar que eliminó todo sus mensajes de WhatsApp porque es algo que hace habitualmente. "Suelo borrarlos para que no se llene la memoria", argumentó en línea con la excusa que también puso su "amigo de la infancia" Jon Ander Cob. "Borré el WhatsApp y lo reinstalé el 27 de octubre porque yo esporádicamente solía hacer eso para borrar todos los datos, porque al reinstalarlo te ofrece esa posibilidad y eso ayuda a no sobrecargar el móvil; no tiene nada que ver con ocultar datos a los investigadores", defendió este último.

Goicoechea, además, explicó que utilizó la aplicación Secure Wipe "para borrar la memoria". En este caso, argumentó que en aquella época había mantenido relaciones sexuales con una amiga, que las grabó y que decidió optar por este programa para que no hubiera riesgo de que se colgaran en internet. La llamativa justificación para aclarar por qué borró los datos de forma tan segura, sin embargo, no es tan original como la que esgrimió Iñaki Abab, quien dijo que una semana después de los hechos fue al baño con el móvil y el terminal "se cayó a la taza y murió".

Aratz Urrizola prefirió optar por un discurso que sonaría a cínico en el caso de que se demostrara su culpabilidad. "Por el ambiente tranquilo que hubo ese día, no me entraba en la cabeza que pudiera pasar algo así", señaló en referencia a la paliza que recibieron los dos agentes y sus parejas. Urrizola se desvinculó totalmente de los hechos alegando que no se percató de que hubiera habido altercado alguno porque estuvo con sus amigos al final del bar. "Nos movimos bastante, pero estuvimos al fondo de la barra, junto a los servicios", apuntó el acusado, que incluso tuvo tiempo para contar que en verano estuvo "con una oenegé en una isla de Grecia ayudando a refugiados".

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