traía a sus víctimas desde nigeria

La 'madame' de la prostitución de Torrevieja que obligaba a sus esclavas a comer barro

Con menos de treinta años, Gloria dirigía una organización criminal en la ciudad alicantina. Su detención ha llevado hasta el mayor traficante de personas en el Estrecho

Foto: Gloria fue detenida por la Policía Nacional.
Gloria fue detenida por la Policía Nacional.

Cuando Gloria volvía al piso, una de las chicas corría a esconderse debajo de la cama. Esperaba que no la viera. Tenía la regla, pero Gloria la obligaría igualmente a salir a la calle. Y trabajar por 5, 10, quizás 15 euros por servicio. Gloria le daba miedo incluso a la competencia. Ni siquiera el cártel de la prostitución de Torrevieja había podido con ella.

Su aventura acabó hace un año, cuando la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la Policía Nacional desarticuló su imperio, un negocio próspero gracias a las aportaciones de turistas en cualquier momento del año. Tirando de los contactos de Gloria, los agentes han llegado a detener uno de los mayores traficantes de personas de este siglo, Ebo Rabel, y a sus colaboradores a comienzos de este año.

La red de Ebo proveía a Gloria de chicas, sus hombres en Madrid le movían el dinero y los rituales de vudú en la iglesia local cerraban el círculo de su éxito. Tres claves en el rápido ascenso de Gloria que, según la investigación policial, se había convertido en la reina de la prostitución en Torrevieja con menos de treinta años. Ahora un juez deberá decidir su destino.

Lucha entre cárteles

En agosto de 2015, una chica de 15 años fue encontrada escondida en un motor de un coche. Estaba intentando cruzar a España a través de Ceuta y el número de teléfono de una persona de Torrevieja era una de las pocas cosas que llevaba consigo.

Su contacto sirvió a los investigadores para llegar a uno de los pisos de las afueras de la ciudad alicantina regentados por Gloria. Por allí pasaron al menos 36 chicas obligadas a prostituirse en los últimos cinco años, según se pudo acreditar después con varios meses de seguimiento policial. Las chicas trabajaban desde las 7 de la mañana hasta las nueve de la noche, siete días a la semana.

El viaje hasta Torrevieja. ECLaboratorio
El viaje hasta Torrevieja. ECLaboratorio

El cerebro y brazo ejecutor de todo el negocio era Gloria, de origen nigeriano, nacida en 1987. Tenía contactos en Marruecos para seguir abasteciendo su negocio, aunque en los últimos tiempos se estaba abriendo también otra vía para recibir chicas, a través de Libia. El país está dividido y hay menos relaciones directas con los países europeos, por lo que es más fácil colar a alguna mujer nigeriana con destino España.

Pasar por Libia es, sobre todo, más barato que hacerlo a través de Marruecos. Y en 2015 Gloria había empezado a dedicarse a la trata además de la explotación. Según las investigaciones, había vendido a al menos dos chicas de menos de veinte años, además de un matrimonio nigeriano, por aproximadamente unos 5.000 euros por cabeza.

La red de Ebo proveía a Gloria de chicas, sus hombres en Madrid le movían el dinero y los rituales de vudú en la iglesia cerraban el círculo de su éxito

Gloria es agresiva, dictatorial, jerárquica, según los testimonios que las chicas a las que explotó han prestado a los agentes de la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos. Se encaró hasta con los cárteles de la prostitución que históricamente controlaron el mercado de Torrevieja y que también cayeron a comienzos de 2016. Aceptó quedarse a las afueras de la ciudad (los cárteles dominaban el centro), pero rechazó pactar precios. De hecho, los tiraba. Solo ella tenía tantas chicas como para poder permitírselo. Las obligaba a prostituirse cuando tenían la regla o estaban malas. Ir a ver a un médico no era nunca una opción.

La principal arma de la que disponía para controlarlas era el vudú, como ocurre a menudo con chicas de origen centroafricano. Las siete chicas liberadas gracias a la intervención policial han explicado cómo las sacaba desnudas al patio y las obligaba a beber agua con barro. En ese mismo patio, detrás de un congelador repleto de comida al que las chicas no tenían acceso, los agentes encontraron unos pañuelos blancos, manchados de sangre y pelos.

Esos amuletos se envían a menudo a Nigeria para que perdurase el ritual. En esto, Gloria contaba con un aliado espiritual: el Pastor Kelvin. Cura, también nigeriano, mantenía viva la fe de las chicas y el contacto con las iglesias nigerianas no solo para Gloria, sino también para otras organizaciones criminales de la ciudad.

Interior de la Iglesia en la que el Pastor escondía los pasaportes de las chicas.
Interior de la Iglesia en la que el Pastor escondía los pasaportes de las chicas.
Para el ritual vudú se escribían los nombres de las chicas en un papel, donde se guardaban gotas de su sangre y vello púbico.
Para el ritual vudú se escribían los nombres de las chicas en un papel, donde se guardaban gotas de su sangre y vello púbico.

Antes de salir hacia Europa, las familias de las chicas, las tratantes y las propias explotadas tomaban parte en un ritual de vudú con vello púbico, uñas y trozos de piel. Es lo que acompaña la firma de un contrato de unos 40.000 euros. Un euro se corresponde con 330 nairas, así que la cifra, a una chica de 16 años, le suena a poco. En ese momento firma la deuda que contrae con sus tratantes y que pagará trabajando como prostituta.

Y es que Gloria obraba siempre de manera calculada. Para contactar con las chicas, hablaba directamente con la hermana y la madre y tenía a un grupo de personas de su confianza que iba a por ellas hasta el centro de África. En Benín City, ciudad precolonial en el Sur de Nigeria, empezaba la selección.

El traficante

Ebo Rabel, en una imagen utilizada para su captura.
Ebo Rabel, en una imagen utilizada para su captura.

Tras el ritual de vudú, iniciaba el viaje. Las chicas van en autobuses y sin demasiados obstáculos hasta Agadez, en Níger, donde paran antes de seguir hasta la frontera entre Argelia y Marruecos, cerrada a cal y canto por rivalidades históricas. Hay una valle de 150 kilómetros que empieza en la costa del Mediterráneo y que, aseguran fuentes policiales, se ha convertido en una fuente de riqueza para los traficantes de personas. Son ellos, o sus guías, quienes saben cómo colarles por la zona boscosa cerca de Oujda, en el lado marroquí de la frontera. El traslado se paga en dinero o directamente con el cuerpo de las chicas, cedidas a los guardias.

Las mayores de edad entraban en contacto con la red de Ebo Rabel. Este nombre desconocido al gran público es el de uno de los mayores traficantes de personas en el estrecho de Gibraltar. La Policía Nacional le atribuye decenas de embarcaciones que han cruzado los 14 kilómetros de océano desde 2008. Tirando del hilo de Gloria, los agentes le han detenido gracias a una inédita colaboración con Marruecos. Ahora está a la espera de su extradición para ser juzgado en España.

La investigación policial sobre la joven 'madame', por su parte, se cerró del todo a finales del año pasado y el caso está en fase de instrucción. En diciembre, la Interpol detuvo a una chica en Austria. Venía de España, de Torrevieja, donde había salido una noche a trabajar. Tras enterarse de dónde estaba la estación de autobuses, se subió en uno rumbo a Italia. Cuando la encontraron, tenía en el bolsillo el número de teléfono y la foto de Gloria.

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