LAS dos PREGUNTAS ASEGURAN el "sí" soberanista

Claves para la independencia: que voten los jóvenes de 16 años y todos los inmigrantes

Las dos preguntas de la consulta anunciadas este jueves por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, sólo son la parte más visible del proceso

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas (EFE)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas (EFE)

Las dos preguntas de la consulta soberanista anunciadas este jueves por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, sólo son la parte más visible de un complejo artilugio electoral que, en el supuesto de que finalmente se celebre el referéndum, influiría decisivamente en su resultado. La Generalitat acaba de reconocer que aún no ha decidido los detalles de la consulta, más allá de la fecha y las dos cuestiones que supuestamente deberán responder los ciudadanos. Una delegación del Gobierno autonómico se ha desplazado a Suiza y a Québec para conocer los mecanismos que han aplicado en referéndums populares. Pero el Ejecutivo de Mas tiene un inconveniente: que el Estado se niega a colaborar con la consulta. Y ese factor va a restarle legitimidad a cualquier pronunciamiento, por masivo que sea.

“El principal problema en esa hipótetica consulta sería la elección del árbitro”, explica José Francisco Sánchez, profesor de Derecho Constitucional, Ciencia Política y de la Admnistración de la Universidad de Valencia y codirector del Máster en Asuntos Electorales que imparte el mismo centro. “En una elecciones convencionales, el árbitro es la Junta Electoral Central, pero si la consulta catalana se convocara, como parece, sin el apoyo del Gobierno, los partidos convocantes tendrán que elegir su propio árbitro, un actor que cuente con la legitimidad de todas las partes implicadas para que el resultado sea aceptable”, explica este profesor. “Después de todo, lo primero que se hace cuando se quiere restar credibilidad a un resultado es decir que se ha producido un fraude. El árbitro es el que se tiene que encargar de negarlo”.

No es la única cuestión que tendrá que salvar la Generalitat si quiere darle a su hipotética consulta una apariencia de seriedad. El censo también es clave. El gabiente de Mas ya ha anunciado que prepara uno y hace tiempo que maneja algunas ideas. El Estado maneja un censo electoral que se actualiza con motivo de cada cita con las urnas, pero no va cedérselo a Cataluña. Además, el censo oficial sólo incluye a los mayores de 18 años y a los nacionales. “Los extranjeros sin nacionalidad, y menos aún los que se encuentran en una situación ilegal, no podrían votar si se utilizara un censo ilegal”, señala Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona y también del Máster en Asuntos Electorales de la Universidad de Valencia. “Si lo que se quiere es que vote todo el mundo, incluso los que no tengan nacionalidad ni permiso de residencia, lo lógico es que utilizara como censo el padrón municipal, donde puede apuntarse todo el mundo”, aclara el profesor Noguera.

Cuantos más inmigrantes mejor para los soberanistas

“Eso sería lo más lógico, desde la perspectiva de la Generalitat”, añade el profesor Sánchez. “Si quieren que salga un resultado favorable a la independencia, lo único que tienen que hacer es permitir que puedan votar todos los extranjeros y prometerles que, si se consigue ese objetivo, el primer decreto en aprobarse será la concesión de nacionalidad a todos ellos. Al fin y al cabo, a muchos les da igual ser españoles o catalanes. Lo importante para ellos sería conseguir un pasaporte y si es posible, como defiende la Generalitat que ocurrirá, de un país miembro de la Unión Europea”, advierte el codirector del Máster en Asuntos Electorales.

La Generalitat ya avanzó hace un año que su intención era, precisamente, ampliar el derecho de sufragio a todos los catalanes, y para serlo, según el nuevo Estatuto de Cataluña, basta con vivir o trabajar en su territorio. El Gobierno de Mas también adelantó que quería rebajar la edad mínima hasta los 16 años. “No es un cuestión inocente. Ellos manejan encuestas e indicadores de opinión, y saben que el porcentaje que apoya la independencia en la franja de edad 16-18 años es muy mayoritario. Les interesa que puedan votar en la consulta”, sostiene el profesor Sánchez. Corrobora esa opinión el profesor de la Universidad Rovira i Virgili. “Está demostrado que en esa franja de edad predomina la sensibilidad más progresista”, aclara. Y en Cataluña, desde hace tiempo, no hay nada más progresista que la independencia.

No obstante, la relajación de las exigencias para participar en la hipotética consulta soberanista conllevaría un riesgo para los partidarios de la independencia. En Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, en pleno conflicto esclavista, miles de partidarios de la dominación blanca del estado de Missouri cruzaron al de Kansas, partidario de la abolición, para tratar de acabar con su mayoría. Aquel masivo trasvase de población desembocó en una guerra. El desafío catalán se desarrolla en otro lugar y otro tiempo, pero ¿qué pasaría si miles de españoles de otros puntos del territorio nacional acudieran a votar al referéndum convocado por la Generalitat? “Podría ocurrir. El Estatuto de Cataluña”, precisa el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia, “dice que basta con vivir en su territorio para ser catalán. Sólo es necesario un domicilio en el que poder empadronarse, que puede ser la casa de un amigo o de una asociación. Cuantos menos requisitos pongan, más se arriesgan a que ocurra esto” . El profesor Noguera cree que, para evitar la llegada de votantes de fuera de Cataluña, la Generalitat podría cerrar el censo muchos meses antes de que se celebrara el supuesto referéndum.

La importancia de las preguntas

Las preguntas son el elemento más visible, pero también el más importante. Por lo general, los referéndums sólo plantean una pregunta lo más sencilla posible, pero los partidos que han consensuado la consulta catalana se han decantado por introducir dos cuestiones. En primer lugar se pregunta si “¿quiere que Cataluña sea un Estado?” y, en caso afirmativo, si “¿quiere que sea independiente?”, un formato extraño, de pregunta escalonada.

“Hay precedentes en los que se han utilizado más de un pregunta, pero es extraño. El caso más cercano podría ser la consulta que se realizó en 2009 en Bolivia para la aprobación de la nueva constitución del país. Además de la opinión sobre la nueva Carta Magna se preguntó también por el número de hectáreas de tierra a partir de las cuales el Estado debía expropiar, y se ofrecían varias cifras”, apunta Noguera. “En la mayoría de los casos, la pregunta es simple. Y cuanto más comprensible, mejor”. Por ejemplo, en Montenegro, en 2006, se preguntó: “¿Quiere que la República de Montenegro sea un estado independiente con pleno reconocimiento legal e internacional?”. Y en Escocia, en 2014, se planteará: “¿Debería Escocia ser un país independiente?”.

Sin embargo, los partidos que han pactado la consulta catalana han preferido una fórmula que permitirá múltiples interpretaciones. El profesor de la Univerdidad de Valencia ve una clara intencionalidad en el formato. “Eso es precisamente lo que se pretende planteando dos preguntas: abrir un abanico de opciones para la negociación política. Y eso es lo que busca la pregunta, dejando abierta la opción de que siga el estatus actual, de un Estado no independiente o de un Estado independiente”, opina Sánchez.

Opciones para todos los partidos

Noguera va más allá y considera que el escalonamiento de las cuestiones permitirá que los participantes en el hipotético referéndum manifestar su posición de una forma clara, tratando de recoger el mayor número posible de sensibilidades. Se presupone que los votantes de ERC votarían sí a todo, los de CiU votarían sí a la primera pregunta pero una pequeña parte se descolgaría de la segunda; los de PSC se inclinarían por el sí en la primera y el no en la siguiente; y los del PP votarían en contra de ambas. “Lo que refleja el formato escogido es que es fruto de una búsqueda de consenso”, concluye el profesor de la Universidad Rovira i Virgili.

Eso tiene otra lectura. En caso de que se celebrara la consulta, todos los partidos implicados en su organización podrían considerarse vencedores en alguna medida, aunque sea apelando a los datos de participación. Pero se da por descontado que ganaría el sí a la independencia. Los partidos contrarios a la celebración ya han avanzado que no van a hacer campaña por el "no". Y en este tipo de consultas, los sectores que más se movilizan son los partidarios de que la iniciativa salga adelante. 

La experiencia de Arenys de Munt

La Generalitat tiene una experiencia al alcance de su mano. El 13 de septiembre de 2009 se celebró en Arenys de Munt, una localidad barcelonesa de apenas 8.000 habitantes, un primer referéndum soberanista. De los 2.671 vecinos (el 33% de la población) que participaron en la consulta, el 96% se mostró a favor de la autodeterminación. Una cifra muy superior al 19% que el último sondeo de la Generalitat realizó en toda Cataluña.

Josep Manel Ximenis es el presidente del movimiento que cocinó aquella consulta. Ahora desgrana para El Confidencial cómo fue aquellos meses previos en los que el resultado fue un “éxito rotundo”. “Lo que queríamos era que creciera el sentimiento independentista para que la gente votara que sí”. La organización que necesitó aquella consulta estuvo formada por 180 personas que, voluntariamente, aceptaron “ir de casa en casa explicando en qué consistía el proceso; pegando papeles; diseñando estrategias”. “Nosotros calculamos que para organizar bien una consulta de este calibre es necesario una organización compuesta por el 0,5% del censo de la población”. Es decir, que para el conjunto de Cataluña sería necesario movilizar a más de 350.000 personas.

El 4 de junio de aquel año se anunció el día que se votaría el referéndum. “Fueron tres meses en los que había que diseñar toda la campaña y convencer a la gente de que merecía la pena salir a votar”. Ahora, el Ejecutivo de Artur Mas debe emplearse a fondo para “ver cuántos ciudadanos quieren un estado federal o quieren un estado independiente. Qué porcentaje va a votar”. “Hay que llenar a la gente de motivos para salir a la calle el 9 de noviembre y que vote sí a la independencia”.

Para votar únicamente hacía falta presentar el carné de identidad o el certificado de empadronamiento. “El Ejecutivo de Artur Mas debe circunscribir ahora qué ciudadanos catalanes podrán votar. Para evitar una entrada masiva de empadronamientos de españoles no catalanes en la región de Cataluña ahora que se sabe la fecha del referéndum, lo más justo sería que se circunscribiese los votos a los ciudadanos que residan en la región de Cataluña a 12 de diciembre de 2013, por ejemplo, el día que se anunció el día del referéndum”, opina Ximenis.

Este activista considera que el error de bulto que han cometido los partidos que han pactado el referéndum radica en la formulación de la pregunta. “Debería haber ido más al grano: ¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente? Y que la gente se moje y vote sí o no”, remacha.

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