CÁLCULOS DEL BANCO DE ESPAÑA

La banca se prepara para una avalancha de impagos del nivel de la burbuja inmobiliaria

El Banco de España prevé que la mora de la banca pueda dispararse hasta entre el 11% y el 14% por la crisis del coronavirus, a niveles próximos al peor momento de la última crisis

Foto: Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España. (EFE)
Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España. (EFE)
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El sector financiero comienza a tener más claro el diagnóstico de la crisis que afronta por el coronavirus. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, dio este lunes algunas pistas en su intervención en el Congreso de los Diputados. La morosidad, uno de los indicadores que más preocupan a los supervisores, podría dispararse en los próximos meses hasta entre el 11% y el 14%, frente al 4,8% actual.

Hernández de Cos limitó la posible subida de la tasa de impagos a seis puntos porcentuales, según los números que maneja la institución que lidera. Pero reconoció que, según sus estadísticas, por cada punto porcentual de caída del producto interior bruto (PIB), la mora escala en 70 puntos básicos. Descartado el pronóstico optimista de la crisis, el Banco de España maneja dos escenarios para la economía en 2020: el central, con un deterioro del 9,5%, que implicaría una subida de la mora de 6,6 puntos, hasta el 11,5%, y uno pesimista, de caída del PIB del 12,4%, que haría que la tasa de dudosos suba hasta el 13,5%.

Trasladado a las cifras actuales de créditos dudosos —a finales de 2019, se situó en 57.192 millones—, el volumen de nuevos préstamos impagados subirá en entre 70.000 y 100.000 millones. Puesto en contexto, este repunte equivaldría a todo el que padeció la banca española entre 2010 y 2013, en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria.

De cumplirse estas previsiones, el nivel de solvencia de muchas entidades sufriría, agotando el colchón que han ido acumulando en los años de bonanza, que, según el último informe de estabilidad financiera del regulador, daría para afrontar un repunte de los impagos hasta el 13% de mora.

Condicionantes

Este oscuro panorama está sujeto a cuatro condiciones, tres buenas para la banca y una incierta. El primer alivio llegaría a las entidades vía avales públicos. Aunque se produzcan estos impagos, el Estado pagará un 76% de la factura, la media de las nuevas líneas del Instituto de Crédito Oficial (ICO) que está avalando, según detalló Hernández de Cos. Quizá por ello, las previsiones que han ido dando las entidades al mercado son más optimistas, con un aumento del coste de riesgo (provisiones sobre cartera de crédito) del doble de 2019. Para llegar al nivel de pérdidas de los años malos de la burbuja, el coste de riesgo se debería multiplicar por 4 o por 5. El hecho de que el Estado asuma gran parte de las pérdidas es diferencial para ello.

El segundo efecto mitigador debería llegar de la mano de las medidas que está impulsando el Gobierno para aliviar la carga de familias afectadas por la crisis del coronavirus, unidas a las moratorias hipotecaria y de crédito al consumo. El Banco de España confía en que una recuperación rápida de la economía, unida a las moratorias, haría que la morosidad de las hipotecas se mantuviera relativamente estable. Donde lo ve más complicado es en los créditos al consumo, los primeros que dejan de pagar los hogares.

El tercer punto a favor de los bancos es que el cálculo sobre su capacidad de aguante se hizo sobre la foto fija de solvencia de finales de 2019. Desde entonces, las entidades han podido mejorar su solvencia gracias a las medidas de alivio del Banco Central Europeo (BCE) y a que gran parte de los nuevos préstamos que dan consumen menos capital por los avales públicos. Además, las entidades podrían ganar músculo vendiendo negocios, ampliando capital en el mercado o negociando fusiones.

El punto de incertidumbre lo pone el que los cálculos que ofreció el gobernador del Banco de España al Congreso están hechos sobre escenarios macroeconómicos todavía inciertos, y con tendencia a empeorar. Incluso en el caso de que se mantuvieran intactos, la economía española no se había enfrentado recientemente a un desplome tan rápido del PIB, por lo que el repunte de la morosidad podría ser más intenso de lo que dicen las estadísticas.

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