ANTE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Los impagos de hipotecas empiezan a subir y encienden las alarmas en la banca

Los bancos buscan un consenso para flexibilizar la concesión de moratorias que impida la mora. Las titulizaciones muestran un repunte de los impagos de hipotecas en marzo

Foto: Hipotecas. (iStock)
Hipotecas. (iStock)
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Las entidades financieras, epicentro de la crisis de 2008, deben ser ahora el dique de la crisis del coronavirus. El gran riesgo de que esta recesión provoque daños estructurales es que no fluya el crédito y que haya empresas viables que cierren. Por ello se han aprobado moratorias y avales, y por eso es preocupante ver un repunte de la morosidad, aunque todavía sea manejable.

La morosidad repuntó en hipotecas en marzo, según datos extraídos de las titulizaciones. Los bancos titulizan parte de su cartera de hipotecas, que son activos ilíquidos, para obtener liquidez con la emisión de instrumentos y traspasar parte de los riesgos a los inversores. Los bancos venden los préstamos a un fondo (que puede ser de una gestora creada por el banco o un tercero), y este emite bonos que dan derechos de cobro sobre las hipotecas.

A falta de datos oficiales sobre las primeras semanas de crisis —los últimos datos sectoriales son de febrero—, las titulizaciones ofrecen ya un primer diagnóstico sobre el impacto en las hipotecas. Y no es bueno. Marzo fue el mes de inicio de esta crisis, primero con la incertidumbre y a mediados de mes con la parálisis parcial de la economía por las restricciones al movimiento. La actividad ya cayó en marzo, aunque el desplome será más pronunciado en abril. Además, el euríbor ha subido con esta crisis hasta subir por primera vez en tres años por encima del -0,1%, lo que podría encarecer hipotecas a tipo variable que se tengan que revisar.

Los impagos aumentaron en los préstamos para adquirir viviendas, especialmente en las operaciones de 2017 y 2018. Los niveles aún son reducidos y manejables, pero preocupa la verticalidad del aumento, que se produce a pesar de la moratoria decretada por el Gobierno. En el gráfico, elaborado con datos recopilados en el mercado de titulizaciones, se ve cómo aumenta la morosidad en marzo.

Las ratios están calculadas como importe impagado respecto al total. Por ello, hay un impacto mayor en las emisiones más cercanas, además de que es más probable que un prestatario deje de pagar tras uno o dos años, que después un periodo más amplio. Al ser deuda vencida impagada, no es estrictamente comparable con la tasa de morosidad de la banca, que es del 5%, y se calcula como deuda pendiente de créditos dudosos —entran en esta calificación los préstamos tras 90 días de impagos—, respecto a toda la deuda pendiente de la financiación concedida por la entidad. Mientras que las fichas mensuales de titulizaciones recogen información de impagos desde el primer mes, aunque aún no se considere crédito moroso.

En ese primer mes de crisis del coronavirus ya hubo un repunte de la morosidad, lo que ha provocado nerviosismo en las entidades. Por la forma en que se compara la deuda impagada con la deuda total, las curvas suelen ser positivas. Tanto numerador como denominador tienden a disminuir con los vencimientos o la cancelación de préstamos, pero cuando hay un impago normalmente se prolongan los incumplimientos, lo que hace que el numerador se mantenga o caiga menos. En marzo se aceleró la pendiente de las curvas por la crisis.

Cada fondo de titulizaciones suele aglutinar hipotecas de similares características y duración. Son riesgos que los bancos sacan de su balance. El repunte de la morosidad se produce pese a que la moratoria acordada por el Gobierno el 17 de marzo, y que entró en el Boletín Oficial del Estado el día siguiente. El Ejecutivo de Pedro Sánchez la aprobó para un mes, aunque dos semanas después la amplió a tres meses.

En cualquier caso, fuentes bancarias coinciden en las dificultades para que los clientes puedan acogerse a la moratoria decretada por lo restrictiva que es. Hay que cumplir cuatro requisitos, y se deben acreditar, lo que no siempre es fácil en un periodo de confinamiento: que el deudor hipotecario esté en situación de desempleo, o para empresario o autónomo, una pérdida sustancial de los ingresos (de al menos el 40%); que el conjunto de ingresos de la unidad familiar no supere los 22.559 euros; que la suma de la cuota hipotecaria y los gastos y suministros básicos no pase del 35% de los ingresos netos de la unidad familiar, y que el prestatario haya sufrido una alteración significativa de sus circunstancias económicas por la emergencia sanitaria.

La moratoria asegura al banco que el cliente siga teniendo capacidad financiera en el futuro, no cuente su préstamo como morosidad y no tenga que dotar provisiones. Las dos partes prefieren moratoria que morosidad, pero no está siendo fácil. Fuentes financieras apuntan a varias decenas de miles de peticiones en las últimas semanas, aunque esperan que el volumen se dispare en mayo.

Cola ante una sucursal de Banco Sabadell. (EFE)
Cola ante una sucursal de Banco Sabadell. (EFE)

Las entidades alcanzaron un consenso para lanzar una moratoria propia que amplíe a la del gobierno. Frente a anuncios anteriores, esta vez sí hubo una comunicación conjunta de las patronales AEB y CECA, sobre un aplazamiento de hasta 12 meses en la amortización del capital, aunque no de los intereses, para los clientes con problemas en pagar la hipoteca de su vivienda principal. Los bancos están acordando las condiciones para acogerse a esta iniciativa, que consistiría en un préstamo personal, una modificación de la hipoteca u otra fórmula equivalente. Las entidades habían lanzado iniciativas a título individual.

“En resumen, si se cumplen las previsiones de desplome del PIB que estiman instituciones como el FMI (-8% para 2020) o el Banco de España (entre el 7% y el 13%), la morosidad seguro que puede aumentar y con fuerza, aunque la banca tiene un colchón de capital que será suficiente para absorber potenciales pérdidas”, opina Joaquín Maudos, investigador del IVIE y profesor de la Universitat de València. "La actividad crediticia se va a resentir, sobre todo en el segmento hipotecario, lo que será especialmente relevante si tenemos en cuenta su elevado peso en el total de la cartera de préstamos. Se están adoptando medidas para mitigar el impacto en morosidad", admiten desde BBVA Reseach. "En esta fase es prematuro cuantificar impactos pero es probable un aumento de la morosidad, no por la gestión pasada de los bancos pero por el deterioro provocado por la pandemia en la actividad de las empresas y porque algunas empresas, no conseguirán sortear el impacto de estas crisis en su actividad", puntualizan los economistas del banco.

"Hay ya ruido en los mercados internacionales de derivados, aunque especialmente sobre préstamos a empresas. La morosidad va a aumentar, aunque se notará más adelante, y aunque no se exijan provisiones ahora, afectará a la cuenta de resultados y si los impagos se mantienen, los bancos acabarán teniendo que provisionar", apunta Santiago Carbó, director de estudios financieros de Funcas, que también recuerda que "la banca está más sana que hace dos años y puede soportar esto mejor". Los bancos, desde luego, llegan con más solvencia y liquidez que nunca a eta crisis.

Los bancos con más y menos margen

La tasa de morosidad se situó en febrero, antes de los efectos de esta crisis, en el 4,8%, con un volumen de dudosos de 56.703 millones. En diciembre la tasa estaba en el mismo punto. En aquel momento, según los resultados de los bancos, Santander aglutinó más de una cuarta parte de la mora en España, con una ratio propia del 6,94%. No obstante, a escala de grupo se diluye y afronta esta crisis con un 3,3%.

En segundo lugar, Bankia cerró el ejercicio con un 5%, tras recortarlo drásticamente desde el 6,5% anterior, similar a Unicaja, que bajó desde el 6,7% al 4,8%. En Sabadell la morosidad fue del 4,62%, 40 puntos básicos menos que el ejercicio anterior, mientras que en BBVA España se redujo desde el 5,1% hasta el 4,4%, aunque la del grupo acabó en el 3,8%. La mora de CaixaBank fue del 3,7%, frente al 4,7% del año anterior, y la de Liberbank se redujo desde el 4,9% hasta el 3,3%. Bankinter, que inaugura este jueves la temporada de resultados bancarios del primer trimestre, cerró 2019 con una morosidad en el 2,51%, mejorando el 2,9% de 12 meses antes.

Precisamente, Bankinter sería el banco más expuesto a la morosidad de las pymes, según un informe de DRBS. En el sector preocupa la morosidad de las familias en hipotecas y consumo, pero también de las empresas. Especialmente de las más pequeñas, aunque este segmento tiene la posibilidad de pedir préstamos con avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO), si la crisis es consecuencia del coronavirus.

Pero pese a estas garantías públicas, que cubren el 80% de las pérdidas por nuevas operaciones con pymes o autónomos, y el 70% en grandes empresas, o el 60% si son renovaciones, se ha disparado el cierre de empresas. Según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, en marzo se redujo el número de empresas en 85.783 o un 7,4%, de las que 85.690 eran pymes.

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