EFECTOS DEL COVID-19

Las empresas piden una avalancha de créditos para pagar las nóminas de marzo

Las peticiones de liquidez se han desbordado en los últimos días para llenar la caja antes de final de mes, de cara al pago a trabajadores, proveedores y caseros

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Arranca la semana tres del estado de emergencia por el coronavirus. La primera estuvo centrada en asumir el 'shock' de parar en seco una economía como la española. La actividad de la segunda semana ha sido mucho más frenética. Banqueros consultados por este medio explican que el grifo del crédito a las empresas se ha abierto por completo en los últimos días, a un nivel visto pocas veces. Las compañías, pequeñas, medianas y grandes, han hecho acopio de liquidez para afrontar su primer gran reto del parón del coronavirus: las nóminas de marzo.

Estas se han comenzado a pagar estos días, al igual que otros pagos a proveedores, el alquiler de oficinas y locales y el pago del IVA. Las fuentes consultadas señalan que no se esperan grandes problemas de momento.

Las empresas contaban con cierta liquidez en caja, y han decidido acumular el máximo de tesorería dando orden de agotar las líneas de financiación abiertas, e incluso pidiendo ampliaciones. Con ello deberían resolver los gastos de final de mes, a pesar de la sequía de ingresos que ha generado el confinamiento. El problema llegará a partir de abril, cuando se acumulen nuevas facturas y las autoliquidaciones del IRPF y el Impuesto de Sociedades del primer trimestre, sin apenas facturaciones nuevas.

De ahí la importancia de todas las medidas que han ido anunciando el Gobierno, con los avales, y el Banco Central Europeo, con las facilidades para que las entidades no se distraigan con temas de solvencia, provisiones o regulatorios. Hay una finalidad en todas estas iniciativas: que los bancos mantengan el grifo del crédito abierto, para que caigan las mínimas empresas posibles y que se evite un efecto de bola de nieve que prolongue la crisis en el tiempo. Un efecto que se propagaría a través de otras compañías —proveedores—, familias —empleados— y el propio Estado —impuestos—.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos (i), junto al presidente de la patronal AEB, José María Roldán (d), y el presidente de BBVA, Carlos Torres (c). (EFE)
El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos (i), junto al presidente de la patronal AEB, José María Roldán (d), y el presidente de BBVA, Carlos Torres (c). (EFE)

Una vez pase esta primera oleada, la esperanza de todo el sistema es que los avales públicos anunciados este martes por el Gobierno sean suficientes para mantener activa la circulación del crédito a las empresas.

En el sector financiero hay cierto temor a que el Ejecutivo pueda haber encogido el brazo, con un primer tramo de 20.000 millones, de los 100.000 anunciados previamente. A estos se suman otros 80.000-100.000 millones que las entidades se han comprometido a poner sobre la mesa de sus clientes.

El sector empresarial tiene actualmente unos 326.000 millones en créditos bancarios. Esta cifra ha ido disminuyendo considerablemente en los últimos años por la apertura de los mercados para las compañías y el auge del 'shadow banking' (banca en la sombra), fondos de deuda que financian con un tipo más alto, pero de forma más ágil y con menos cortapisas. El volumen de depósitos de las empresas se sitúa en 244.000 millones.

Este es uno de los focos que vigilan de cerca los reguladores, que no quieren ningún tipo de tensión de liquidez en esta crisis. No obstante, el BCE ha puesto a disposición de las entidades un barra de liquidez casi inagotable. Fuentes próximas a las entidades señalan que las últimas semanas se han resuelto con mayor llegada de depósitos, gracias a la salida de algunos clientes de los fondos y al temor a usar efectivo. Solo hubo un pequeño pico de retiradas durante los días que se decretó el estado de emergencia, añaden, pero sin impacto.

Aunque hay tranquilidad en el frente, bancos y reguladores prefieren no llegar a un escenario en el que las empresas tengan que retirar apresuradamente los 244.000 millones de depósitos para pagar facturas.

¿Se queda corto el bazuca?

Todas las fuentes consultadas coinciden en dos afirmaciones: nunca se había desplegado un arsenal de este calibre para parar una crisis en Europa; y la situación es tan inédita que es imposible saber si será suficiente. Solo en el sector financiero, se ha desplegado una nueva barra de liquidez, se han relajado los requisitos de solvencia y provisiones y se han concedido avales para que no haya miedo a financiar. La crisis de 2008 ha dejado huella entre los actuales gobernantes, que no olvidan que el sector financiero es el pulmón de la economía. Sin él, el oxígeno no llega al resto del sistema.

Las fuentes consultadas señalan que hay dos factores que marcarán el éxito de estos planes: la duración de la crisis sanitaria; y el compromiso de Europa para que esta severa y rápida depresión no acabe en una nueva crisis de deuda soberana y financiera.

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