TRAS LA FRUSTRADA COMPRA DE ITP

Abril-Martorell, entre los 300 millones 'ocultos' de Rolls-Royce y los lobos del PSOE

El presidente del grupo debe gestionar las consecuencias de la compra frustrada, la reacción negativa del mercado a los resultados y el acecho del entorno del PSOE

Foto: La figura del 'espíritu del éxtasis, insignia de los coches de Rolls-Royce. (Reuters))
La figura del 'espíritu del éxtasis, insignia de los coches de Rolls-Royce. (Reuters))

Después de dieciocho intensos meses de negociaciones, Indra abortó este miércoles la adquisición de Industria de Turbo Propulsores (ITP) a Rolls-Royce. Una operación que Fernando Abril-Martorell, el presidente del grupo español que tiene al Estado como primer inversor, había calificado como "transformacional", pero que había sido muy mal recibida por los mercados. Un disparo que el financiero ha descartado por "honestidad con los accionistas", justo en un momento en el que los lobos del PSOE acechaban el asiento y los números internos andan justos de pulmones.

Según han indicado distintas fuentes próximas a las conversaciones, la decisión de Abril-Martorell, nombrado presidente en enero de 2015 por un gobierno del Partido Popular, de desistir en la compra de ITP se debe a que Indra había descubierto una cuenta pendiente de cobro de 300 millones de euros que Rolls-Royce aseguraba que no era deuda y que el ejecutivo español calificaba cuanto menos de dudosa. Una cifra considerable que alteraba el precio de la transacción y que el grupo participado en un 18,7% por la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) quería descontar de los cerca de 1.000 millones que iba a pagar por hacerse con el 75% del capital.

Fernando Abril-Martorell (1d), presidente de Indra, durante su participación en el foro PIMCO
Fernando Abril-Martorell (1d), presidente de Indra, durante su participación en el foro PIMCO

Abril-Martorell optó por no pasar por ese aro, pese al sonrojo de tener que echar marcha atrás una operación liderada por él, antes de verse obligado dentro de un año o dos a tener que provisionar dicha cantidad y explicar que la inversión fue fallida. Lo podía haber hecho, como ha ocurrido en otras adquisiciones donde los análisis de las cuentas —'due diligence'— de lo que se compra se hacen con cierta relajación. Para dentro de un tiempo dar unas explicaciones que se podrían haber maquillado con otros elementos contables. Pero el presidente de Indra, un obseso de la rectitud, decidió que mejor ponerse una vez rojo que cien 'colorao'.

El paso dado tiene su punto de valor porque Abril-Martorell sabe que su puesto, uno de los más golosos dada la remuneración millonaria del presidente, es el único que el PSOE del debilitado Pedro Sánchez ha respetado. La adquisición de ITP le hubiera reforzado interna y externamente, incluido el Ministerio de Hacienda, donde ha tenido sus más y sus menos, y los vascos del PNV en medio de la puja por la Moncloa. Porque sabe que, aunque todavía no se han atrevido a sustituirle, la sombra de Miguel Sebastián, el que fuera ministro de Industria, es cada vez más larga desde que Sánchez lo colocó en el consejo de administración de Indra hace unos meses.

Fallar estos disparos —la compra de ITP era casi similar a lo que vale Indra en bolsa— no suele ser gratis en el mundo financiero. Especialmente dada la composición accionarial de la empresa —además de la SEPI, Corporación Financiera Alba tiene un 11%, con enormes minusvalías, y Fidelity casi un 10%—. Se piden cuentas sobre todo si las propias andan más bien apretadas. Porque el grupo presentó los números del primer semestre el jueves por la tarde y este viernes la bolsa le respondió con una caída del 4,7%. No gustaron en absoluto porque la compañía presentó un 'cash flow' negativo de 237 millones, frente a los 61 millones del mismo periodo de 2018. Es decir, que quemó caja a destajo, casi cuatro veces más, un asunto vital hoy en día para cualquier empresa.

Lo peor para Abril-Martorell es que a los inversores no les gustaba la compra de ITP, cuyo anuncio fue seguido de una caída de la acción del 20% en 1 mes

Desde Indra argumentan este gasto por el crecimiento del negocio —las ventas subieron un 8%—, la decisión de adelantar la fabricación de productos —sobre todo radares— que dan por seguro que se venderán a futuro (antes lo hacían bajo pedido) y el retraso en el cobro de facturas pendientes de proyectos como el AVE a la Meca de Arabia Saudí y el metro de Riad, en el mismo país.

Lo peor para Abril-Martorell es que a los inversores, por los efectos dilusivos de la ampliación de capital necesaria, no les gustaba la compra de ITP, cuyo anuncio oficial fue seguido de una caída de la acción del 20% en un mes. De hecho, aplaudieron con un repunte del 8% la marcha atrás en la sesión de este jueves. Ni tampoco las cuentas semestrales, a las que respondieron con una oleada de ventas.

La conclusión es que Indra cotiza un 7% por encima de los precios a los que se cambiaba el día antes de que Abril-Martorell relevase a Javier Monzón, el 29 enero de 2015. Una evolución bursátil que resultaría insuficiente a un presidente que le está dedicando muchas horas a afinar una maquinaria pesada, muy intensiva en mano de obra y poco margen. Un financiero más que un gestor al que lo que realmente le gusta es transformar la empresa a base de operaciones corporativas, como la adquisición de Tecnocom y la frustrada de ITP.

Veremos cómo reaccionan los accionistas, los políticos y los inversores a la vuelta del verano.

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