juicio de bankia

Los ocho días que se llevaron por delante a Caja Madrid (y Bankia)

Caja Madrid se encontró en Bancaja una entidad en peor estado del que esperaba y el Banco de España no le dio tiempo ni acceso suficiente para analizarla junto a Lazard

Foto: Rodrigo Rato, expresidente de Bankia
Rodrigo Rato, expresidente de Bankia

El 2 de junio de 2010 será recordado en las Torres Kio —sede de Bankia— como una fecha maldita. El entonces presidente de la caja madrileña, Rodrigo Rato, recibió una llamada del Banco de España. Tuvo que cancelar toda su agenda del día y acudir a la sede del regulador. Le esperaban el subgobernador, Javier Aríztegui, y el presidente de Bancaja, José Luis Olivas. La orden fue clara: había que fusionarse. Si hacía falta "nos dejaban un despacho", señalaron los dos acusados del juicio que se reanuda el martes.

Esa fusión instada por el Banco de España y bendecida por el Gobierno socialista y el PP juntó dos bombas de relojería. Pasados más de ocho años, hay consenso en que Bancaja no fue transparente con las cifras que aportó para la fusión, y la duda es si Caja Madrid podría haber sobrevivido sola.

Los problemas CAM y Bancaja

La caja madrileña no estaba para echar cohetes. Como todo el sector —en especial las cajas— era una entidad que estaba justa de capital y con un problema inmobiliario en su balance. Con la particularidad de que concedió muchas hipotecas de baja calidad en los últimos años del 'boom'. Ya había pactado su unión con cinco pequeñas cajas —Ávila, Segovia, Rioja, Laietana e Insular—, pero le faltaba un socio de más envergadura para poder acogerse a las primeras ayudas públicas del Frob.

Por el camino, Banco de España y Gobierno lidiaban entonces con dos problemas mayores: CAM y Bancaja. Para la primera, se había encontrado un novio, Cajastur, que terminó echándose atrás al ver lo que había dentro de la caja alicantina. Y para la valenciana el elegido fue Caja Madrid.

José Luis Olivas, expresidente de Bancaja y exvicepresidente de Bankia.
José Luis Olivas, expresidente de Bancaja y exvicepresidente de Bankia.

Distintas fuentes consultadas por este medio señalan que el regulador dio un plazo de apenas unas semanas —terminaron siendo ocho días— para que Rato y su equipo analizaran Bancaja, y viceversa, y se dieran el sí quiero. El exvicepresidente del Gobierno eligió como mano derecha para la operación a Lazard en lugar de al propio equipo directivo de Caja Madrid. El banco de inversión norteamericano de donde venía Rato le acompañó en todas las grandes decisiones de Bankia, llevándose numerosos contratos.

Las mismas fuentes explican que Lazard tuvo acceso limitado al estado de Bancaja. Y sugieren que el Banco de España estaba finalizando una inspección a la caja valenciana con dos finales distintos: uno más benévolo en caso de fusión con Caja Madrid, y otro más crítico si Olivas se negaba a la operación. El propio presidente de Bancaja lo dijo en su declaración a finales de 2012: "Había una inspección por medio. Me dijeron: si no hace usted esto, va a tener unas consecuencias negativas para usted. Me dijeron que podrían llegar hasta intervenir la entidad".

Olivas sugiere que el Banco de España habría intervenido Bancaja a través de una inspección en curso si no se fusionaba con Caja Madrid

El resultado fue que una Caja Madrid tocada se unió a otra caja al borde de la intervención. Por si fuera poco, Olivas exigió la vicepresidencia y controlar directamente algunas de las áreas más tocadas del nuevo grupo, como BISA (Bancaja Inversión). De esta forma, la entidad valenciana tuvo una mayor participación en BFA-Bankia y sus socios no tuvieron control sobre algunos de los agujeros de Bancaja.

Entre ellos, fuentes próximas al antiguo equipo directivo consultadas afirman que había cientos de millones en créditos morosos a promotores clasificados como préstamos a empresas. Pero sobre esta circunstancia, sobresalen los agujeros de Banco de Valencia, filial de Bancaja que tuvo que ser intervenida a finales de 2011, tras la salida a Bolsa; y el acuerdo con Deutsche Bank y Guggenheim para la venta de un 30% de BISA por 1.300 millones, que lejos de un traspaso real tenía un pacto de recompra que no fue declarado.

Esta fusión se ve en el sector como una lección de que juntar dos cosas en mal estado no dan como resultado una buena. El tribunal de la Audiencia presidido por Ángela Murillo tiene en los próximos meses la labor de decidir si los gestores de Bankia sabían cómo estaba la entidad y si se lo ocultaron a los inversores, con el papel del Banco de España como telón de fondo.

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