cuatro años de barra libre

México, Andorra y Cuba, el triángulo delictivo de Bancaja

La jueza Carmen Lamela recopila una serie de operaciones entre Bancaja y sus participadas con sociedades radicadas en Holanda para financiar sus inversiones inmobiliarias en México

Foto: El expresidente del Grupo Bancaja Jose Luis Olivas. (EFE)
El expresidente del Grupo Bancaja Jose Luis Olivas. (EFE)

Fueron cuatro años de barra libre, de 2005 a 2009. Eran tiempos de vino y rosas, donde José Luis Olivas hizo y deshizo a su gusto en Bancaja y Banco de Valencia. El antiguo número dos del partido Popular en la Comunidad de Valencia, de la que fue presidente interino en el tránsito de Eduardo Zaplana a Francisco Camps, tendrá que afrontar un juicio en la Audiencia Nacional junto a otras 47 personas por presuntos delitos de administración desleal, apropiación indebida y blanqueo de capitales.

La instrucción de la jueza Carmen Lamela recaba suficientes indicios para afirmar que Olivas y otros destacados imputados, como los directivos Aurelio Izquierdo (Bancaja), José Fernando de la Checa (Bancaja), Domingo Parra (Banco de Valencia) y los empresarios Vicente Ferri, Juan Poch y Salvador Baldó, participaron en los hechos considerados como delito. A la sazón, un quebranto económico para las arcas del grupo financiero de 750 millones de euros, según concluyen los peritos del Banco de España.

La jueza recopila una serie de operaciones (concesiones de crédito en su mayoría) entre Bancaja y sus participadas (Actura y Bancaja Habitat) con sociedades de los empresarios radicadas en Holanda para financiar sus inversiones inmobiliarias en México. Por lo general, esta triangulación seguía un protocolo (comité de inversión inmobiliaria) que en realidad estaba dirigido desde Banca y Banco de Valencia por Izquierdo y Parra, guiados por “espurios intereses económicos conjuntos” con los hoteleros.

En toda esa operativa, además de la necesaria colaboración de ejecutivos de distinto nivel de las entidades financieras, Olivas ejercía una postura “consentidora”. El presidente “conoció y alentó las inversiones millonarias” que estaba realizando el Grupo Banca en favor de los empresarios hoteleros, “que en agradecimiento por el trato de favor que recibían, pagaron a este [Olivas] hasta 14 viajes a Cuba por motivos puramente de ocio”, según se recoge en el auto.

Lamela recopila operaciones con sociedades de los empresarios radicadas en Holanda para sus inversiones inmobiliarias en México

Todo este entramado también se servía de la participación de terceros, como el también imputado Luis Candela, director general y consejero delegado de Alia Tasaciones. Esta tasadora de Altea era la encargada de las valoraciones inmobiliarias que servían para justificar las concesiones de préstamos, aun conociendo que “ese valor no respondía a la realidad, sino que estaba ajustado a los parámetros económicos que los dirigentes del banco necesitaban”.

Además de los créditos, Bancaja y Banco de Valencia también invirtieron —a través de filiales— en el capital de distintas sociedades promotoras, permitiendo así a los empresarios obtener importantes plusvalías. El negocio para el grupo financiero era de una rentabilidad dudosa, pero no así para Ferri y Baldó, que se habían garantizado además el cobro de comisiones millonarias como gestores del grupo (GGC) que canalizaba el conjunto de las inversiones en México.

En toda esta triangulación, aparecen también la escala en Andorra y la participación de Joan Pau Miquel Prats, entonces director general del banco andorrano BPA, encarcelado durante 22 meses por el caso Banco Madrid y también imputado en esta causa. Su participación aquí fue doble: primero como puente para los préstamos que Bancaja concedía facilitando un “servicio de opacidad” y luego como depositario de cuentas controladas por Izquierdo y Parra, así como de otras receptoras de injustificables plusvalías logradas en México.

El abultado número de imputados tiene que ver con la relación de consejeros de Bancaja que permitieron las operaciones descritas, en claro menoscabo de la entidad. Solo el vocal Francisco Oltra Climent cuestionó la aprobación de diversas inversiones, oponiéndose activamente a las mismas. “El resto aprobaron las propuestas de los máximos gestores de la entidad allanándose sin cuestionar sus pretensiones y sin efectuar una mínima labor de control de sus propuestas, pese a las cifras millonarias que se manejaban”.

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