cada vez menos contaminante

Menos emisiones y más salud: así lucha el transporte contra el cambio climático

El sector del transporte en España se ha puesto las pilas en la lucha contra el cambio climático. Así son las iniciativas españolas que reducen las emisiones y combaten el calentamiento global

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¿Eres de los que piensa que el cambio climático es un mito o que, como poco, se han exagerado sus consecuencias? Quizá va siendo hora de que te quites la venda de los ojos. El calentamiento global no solo es un hecho contrastado. Además, sus consecuencias son cada vez más evidentes.

Y en esa lucha estamos. Con mayor o menor atino, la inmensa mayoría de países, casi todos ellos enmarcados dentro del Acuerdo de París, están llevando a cabo todo tipo de acciones para luchar contra el cambio climático. Una lucha que atañe a los estados, sí, pero también a las empresas e incluso a los propios ciudadanos.

Es aquí donde cobra especial importancia un sector estratégico en España: el del transporte. Y es que, en plena batalla contra el calentamiento global, el mundo del transporte también está haciendo esfuerzos significativos para reducir el volumen de emisiones, mitigar los efectos del cambio climático y, en definitiva, cuidar el medioambiente. Estos son algunos ejemplos.

1) Transporte aéreo: los aviones que luchan contra el cambio climático

El sector de la aviación no es ajeno a esta lucha. Y sí, parece difícil de creer, ya que es uno de los mayores implicados en la situación en la que nos encontramos: a día de hoy, los aviones representan el 2% de las emisiones de CO2 y, según la Unión Europea, las emisiones de gas invernadero en este sector aumentaron un 87% entre 1990 y 2006.

Por otro lado, el sector también se ha visto afectado por el calentamiento global: en Estados Unidos ya son varios los vuelos que no pueden despegar por las altas temperaturas y los aeropuertos que paralizan su actividad cuando sube el nivel del mar.

Las aerolíneas trabajan para limitar las emisiones de CO2 de los aviones comerciales

Es evidente que estas cifras deben ser reducidas cuanto antes. Es por esto que el pasado 6 de octubre, la asamblea general de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) estableció un acuerdo en el que las compañías aéreas se fijaron unos plazos para limitar las emisiones de dióxido de carbono de los aviones comerciales y para poner en práctica diversos sistemas de compensación de estas emisiones.

En este sentido ya han surgido algunas propuestas: una de las más recientes apuesta por que las aerolíneas aprovechen la radiación solar. Un grupo de investigadores de las universidades de Harvard y Carnegie Mellon, de hecho, propone recurrir a la geoingeniería para alterar el clima, empleando métodos como colocar espejos en el espacio para rebotar la radiación solar o convertir los océanos en sumideros de carbono, entre otras propuestas.

2) Tren: 25 años de ahorro en emisiones

El sector ferroviario también se ha puesto las pilas en este asunto. Los 25 años que llevan implantados los trenes de alta velocidad en España han supuesto 346 millones de viajes en todos sus servicios y han permitido un ahorro para la sociedad estimado en 4.286 millones de euros, si se evalúa en términos económicos el impacto sobre el cambio climático, la contaminación y la tasa de accidentes que habría tenido realizar este transporte por otros medios.

El ferrocarril es el modo de transporte que genera menos costes externos

Este supuesto, además, habría conducido a un aumento de las emisiones de CO2 (gas de efecto invernadero) por transporte en España de más de 12,9 millones de toneladas y un incremento en el consumo energético de más de 2,6 millones de toneladas equivalentes de petróleo (TEPS).

En este punto, de hecho, el ferrocarril es el modo de transporte que genera menos costes externos, especialmente comparado con otros modos dependientes de los hidrocarburos.

Resumen de ahorro estimado de emisiones de CO2 en los Servicios Alta Velocidad (1992-2016). Fuente: Renfe.
Resumen de ahorro estimado de emisiones de CO2 en los Servicios Alta Velocidad (1992-2016). Fuente: Renfe.

A día de hoy, el 89% del volumen de transporte de viajeros y mercancías de Renfe se desarrolla por redes electrificadas y está, por tanto, parcialmente descarbonizado en base al actual mix eléctrico (53% sin emisiones y 33% renovables).

Comparada con 1990, la intensidad energética del sector ferroviario (energía final consumida por unidad transportada) ha decrecido un 33% en todo el mundo. Más de un tercio de la energía utilizada en los ferrocarriles es eléctrica y un cuarto de las líneas están electrificadas a nivel mundial.

Las emisiones de CO2 se han reducido un 63% entre 1975 y 2013

Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y de la Unión Internacional del Ferrocarril (UIC), el transporte es responsable del 23% de los gases de efecto invernadero por consumo de combustible y se espera que la demanda de movilidad mundial de viajeros y mercancías se duplique entre 2010 y 2050.

Por otra parte, mientras el 8% del transporte mundial se hace por ferrocarril, el volumen del GEI que genera es del 3,5% porque las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) del ferrocarril son sustancialmente menores que el de otros modos de transporte. Las emisiones de CO2 específicas del ferrocarril se han reducido un 63% en el caso de viajeros y un 48% en el caso de mercancías entre 1975 y 2013.

3) Coches: eléctricos, gas natural y coche compartido

El transporte en coche, le pese a quien le pese, es uno de los grandes culpables del efecto climático. Quizá no en términos absolutos, pero sí en los relativos. Por tres razones: en primer lugar, por el elevado número de autómoviles en circulación; en segundo, por la antigüedad de gran parte de este parque automovilístico; y en último, por el hecho de que gran parte de estos vehículos suelen ir ocupados por una sola persona. ¿El resultado? Según la OMS, el 65% de la contaminación de nuestro aire tiene al transporte por carretera como responsable directo.

Las medidas para mitigar este efecto ya están en marcha. Según diversos estudios, en España hay poco más de 10.000 vehículos eléctricos en circulación. Además, según la asociación de fabricantes Anfac, en 2016 se produjo la matriculación de 4.746 vehículos eléctricos en nuestro país. En cualquier caso, las cifras siguen siendo insuficientes: los 4.746 coches eléctricos vendidos en 2016 apenas representaron el 0,4% de las matriculaciones. Además, nuestro país cuenta con poco más de 1.700 puntos de recarga en la vía pública, frente a los 18.000 de Holanda o los 7.000 de Noruega, según el informe ‘Un modelo de transporte descarbonizado para España en 2050’, elaborado por Deloitte.

Lo coches de gas natural, los eléctricos y los compartidos ayudan a minimizar el impacto en la contaminación del aire

Otra alternativa pasa por los vehículos que funcionan con gas natural, el combustible alternativo más utilizado en automoción, según la Asociación Ibérica de Gas Natural para la Movilidad (Gasnam). Si nos fijamos en el estudio ‘El papel del gas natural en una economía española baja en emisiones’, lo cierto es que los vehículos propulsados por gas natural emiten, en comparación con los de diesel, un 60% menos de óxidos de nitrógeno (NOx), un 97% menos de dióxido de azufre (SO2) y un 93% menos de partículas en suspensión (PM), contaminantes relacionados con problemas de salud respiratorios. Por otra parte y en comparación con los vehículos de gasolina, expulsan también un 20% menos de dióxido de carbono (CO2), principal causante de los gases de efecto invernadero.

Por otro lado, es en este sector donde va cobrando cada vez más importancia una de las tendencias actuales más interesantes: la economía colaborativa. Para los desplazamientos dentro de la ciudad, plataformas como Car2Go o Emov permiten a los conductores coger un coche eléctrico que luego será usado por otros usuarios. Además, otras webs como Blablacar o Amovens ponen en contacto a diversos usuarios para que compartan vehículo en sus desplazamientos de largo recorrido. Con esto, el conductor llena su coche y comparte gastos, los pasajeros se ahorran dinero y, entre todos, consiguen hacerle un favor al medioambiente.

4) Transporte público: hacia un modelo más eficiente

El transporte público, 'per se', siempre ha sido una de las opciones más eficientes contra la emisión de dióxido de carbono, ya que la acumulación de un grupo numeroso de usuarios disminuye la actividad de otros métodos de transporte más individuales. Sin embargo, conviene no obviar que, a día de hoy, gran parte de los vehículos de transporte público podrían hacer mucho más en la lucha contra el cambio climático.

Se están dando pequeños avances. El de los autobuses eléctricos quizá sea el más llamativo, aunque no el más importante, ya que, aunque se acabarán imponiendo, a día de hoy aún no tienen un modelo viable. Mientras tanto, gran parte de las flotas de autobuses públicos funcionan con gas natural: en Madrid, de hecho, el 100% de la flota de autobuses contará con vehículos de este tipo, junto con los autobuses eléctricos e híbridos.

El transporte público descongestiona las ciudades y ofrece vehículos con cada vez menos emisiones

Tampoco hay que olvidar el servicio público del taxi, al que en los últimos se han unido los vehículos VTC, unas alternativas en las que cada vez es más frecuente encontrarse con modelos eléctricos. Las bicicletas también están jugando un papel importante: cada vez más ciudades facilitan este medio de trasporte en sus calles o incluso el alquiler de las mismas mediante un sistema público.

En cualquier caso, el papel del transporte público en la lucha contra el cambio climático juega un papel esencial más allá de sus mayores o menores emisiones: su auténtico valor reside en la descongestión de las ciudades. Porque si todos nos unimos para reducir el número de vehículos en desplazamiento, está claro que el planeta acabará agradeciéndolo. Y mucho.

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