La huelga consigue apoyos políticos

El paro de Panrico se convierte en un símbolo de la izquierda

Al juicio entre la empresa y el comité no sólo acudieron trabajadores. También fueron Joan Herrera, Joan Coscubiela y otros diputados catalanes

Foto: Joan Herrera y Joan Coscubiela con los trabajadores de Panrico. (@PanricoBCN)
Joan Herrera y Joan Coscubiela con los trabajadores de Panrico. (@PanricoBCN)

La huelga de Panrico en la planta rebelde de Santa Perpètua de Moguda ya es más que un conflicto laboral en el seno del fabricante de los Donuts y los Bollycao, es un símbolo de la izquierda, como se reflejó ayer en los juzgados de Sabadell, en donde se ha abierto un juicio en el que la empresa reclama al comité de la planta catalana 5 millones de euros por los daños provocados por los cuatro meses de paro indefinido.

Al juicio no sólo acudieron trabajadores. También fueron a las puertas de los juzgados a mostrar su solidaridad con la plantilla el diputado en el Parlament y líder de ICV, Joan Herrera; el diputado en el Congreso también de esta formación, Joan Coscubiela –exsecretario general de CCOO en Cataluña–, la alcaldesa de Santa Perpètua, Isabel García (ICV); y también los diputados catalanes Joan Mena, Lorena Vicioso y Marta Ribas. Frente los juzgados de Sabadell se han reunido casi mil personas, en su mayoría empleados y familiares.

La vista del juicio, más allá del conflicto legal, muestra cómo la huelga de la planta rebelde de Panrico se ha convertido en un símbolo para la izquierda catalana e incluso para la española. A finales del 2013 los trabajadores de Santa Perpètua se negaron a aceptar el acuerdo que alcanzó el conjunto de la plantilla en España, aceptando un ERE que la reducía en 745 personas y asumiendo una rebaja salarial del 18%.

De estos despidos, un total de 234 eran en Santa Perpètua, un 40%, lo que fue interpretado por los trabajadores de la planta catalana como una represalia del fondo Oaktree, el accionista de Panrico. El comité de Santa Perpètua ha impugnado el ERE en los tribunales y ahora todo el plan de reestructuración de la empresa pende de un hilo.

La plantilla de Santa Perpètua, la planta más importante y moderna de Panrico, se plantó y lleva en huelga indefinida desde entonces, liderados por un comité de empresa donde CCOO es mayoritaria. Una huelga tan larga ha sido posible por una caja de resistencia que se alimenta en buena parte de donaciones a través de internet en una cuenta bancaria. Además, los trabajadores han conseguido el apoyo de la Generalitat, que ha abierto un expediente sancionador a Panrico por vulnerar el derecho a huelga de los trabajadores.

Postura del accionista

Para Oaktree la huelga de Santa Perpètua es ilegal. Por eso ha demandado al comité de empresa y les reclama los 5 millones. Las otras cinco plantas de Panrico en el resto de España están trabajando y han aceptado el ajuste.

Respecto a esta reclamación, no hay precedentes legales de algo así en España, por lo que habrá que esperar a que se haga pública la sentencia. Ayer, los miembros del comité de empresa aseguraron que la vista había ido bien para los trabajadores.

En todo caso, el apoyo de políticos notables demuestra que la huelga de Panrico ya es algo más. Una especie de ejemplo, de reivindicación de una economía industrial contrapuesta a un fondo de capital riesgo que compró Panrico adquiriendo la deuda con gran descuento pero que no puede rentabilizar por los altos costes financieros que sigue arrastrando el grupo.

La Generalitat busca un acuerdo

Desde que empezó la crisis, la Generalitat ha estado intentando buscar un acuerdo. La última propuesta de la Conselleria de Empresa y Empleo, después de varios fracasos, tiene cuatro ejes: retirada de la demanda contra el comité por parte de Panrico, retirada de la impugnación del ERE por parte del comité de empresa de Santa Perpètua, desconvocatoria de la huelga en la planta catalana y negociar un ERE temporal menos traumático que permita la viabilidad de la factoría.

Las partes están estudiando la nueva propuesta de la Administración catalana, pero parece difícil que una de ellas ceda cuando todo se ha convertido en una cuestión de principios y con la carga simbólica que está tomando este conflicto laboral.

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