iglesias asesoró la campaña de age en 2012

Galicia o el laboratorio de Podemos

La izquierda se combina con los herederos del Nunca Máis en Mareas políticas que mezclan siglas y anticipan un vuelco en los Ayuntamientos de A Coruña y Santiago

Foto: El candidato de Marea Atlántica a la Alcaldía de A Coruña, Xulio Ferreiro, con el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (Efe)
El candidato de Marea Atlántica a la Alcaldía de A Coruña, Xulio Ferreiro, con el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (Efe)

Dos años antes de que Pablo Iglesias diera el campanazo mediático y electoral que propulsó a Podemos hasta la Eurocámara con 1,2 millones de votos en mayo del 2014, cocinó su estrategia a fuego lento en el laboratorio gallego en la lumbre de Xosé Manuel Beiras, un animal político casi octogenario que siempre arrastrará el cliché del 'zapatazo' parlamentario que le arreó a su escaño en 1993 para acallar a su antítesis, el sempiterno presidente de la Xunta, Manuel Fraga.

Beiras, economista y escritor tan lúcido intelectualmente como excesivo, a veces, en su verborrea, fue el cicerone de Iglesias en 2012 cuando el profesor de la Complutense viajó a Galicia como asesor de la campaña autonómica de la que salió AGE (Alternativa Galega de Esquerdas). Fue la suma de Anova, fruto de una escisión de los nacionalistas gallegos del BNG, con Esquerda Unida (EU-IU), liderado por Yolanda Díaz. El experimento cuajó en poco más de un mes como una espuma efervescente que subió de la nada hasta los 9 escaños en el Parlamento gallego para plantarse como la oposición más ruidosa al presidente Alberto Núñez Feijóo, el moderno heredero del 'fraguismo' y eterna promesa para la renovación del banquillo del PP nacional.

El líder de Alternativa Galega de Esquerdas, Xosé Manuel Beiras. (Efe)
El líder de Alternativa Galega de Esquerdas, Xosé Manuel Beiras. (Efe)

AGE se aupó inesperadamente porque supo capitalizar el caudal del descontento gallego del Nunca Máis, que afloró con el hundimiento del Prestige en 2002. Aunque diluida en los años de bonanza, aquella rabia gallega siguió fluyendo entre el movimiento asociativo sin un cajón político al que desviar el descontento tras el paréntesis del bipartito (PSdeG-BNG) al que Feijóo derrotó casi en el último minuto de un ajustado partido en 2009, contra todo pronóstico, recuperando la Xunta para el equipo azul. La marejada que dejó Nunca Máis volvió a agitarse contra la corrupción, las privatizaciones y los recortes. Iglesias, que no esconde su admiración por Beiras ni su amistad con Yolanda Díaz, lo presenció en primera fila y de los apuntes que tomó de AGE, donde empezaron a resonar los ataques a la troika y las críticas a la casta, parió a Podemos.

Ahora, y de cara las elecciones municipales del próximo 24 de mayo, el triángulo (IU, Anova y Podemos [que no concurre pero se mezcla en otras marcas]) vuelve a coincidir en varias candidaturas de izquierda rupturista que bajo distintos nombres preparan el asalto en Galicia con serias opciones de amenazar la mayoría ‘popular’ en A Coruña y Santiago. Los sondeos los colocan como segunda fuerza relegando a PSOE o BNG.

El experimento en A Coruña se llama Marea Atlántica y lo lidera Xulio Ferreiro, profesor de Derecho Procesal en la Universidad coruñesa, que orbitó por la esfera del sindicalismo nacionalista sin ocupar posiciones destacadas. Hace un año que se embarcó en la Marea coruñesa y renunció a su plaza de juez suplente en la Audiencia Provincial de Lugo para dar un paso al frente como candidato al palacio de María Pita, el que fue el reino de taifa de Francisco 'Paco' Vázquez (PSOE) y ahora de Carlos Negreira, uno de los brazos ejecutores de Feijóo en el PP gallego.

AGE se aupó inesperadamente porque supo capitalizar el caudal del descontento gallego del Nunca Máis, que afloró con el hundimiento del Prestige

“Hay una élite que se creyó que la ciudad era suya. No somos la alternativa a unas siglas concretas sino a una forma de hacer política”, expone Ferreiro, que pone al PP y al PSOE casi en el mismo escalón ideológico y dispara sus dardos contra Ciudadanos, la formación de moda de Albert Rivera, al que coloca como el “recambio” de los ‘populares’ con una máscara “más agradable”. Promete auditar las cuentas, remunicipalizar servicios y bajarse el sueldo de 65.000 a 40.000 euros brutos nada más llegar.

La primera demostración de una fuerza que no siempre recogen los sondeos fue el baño de masas que se dieron el 12 de mayo con un mitin en Palexco, en el centro de A Coruña, con Pablo Iglesias como estrella del cartel y Yolanda Díaz de telonera arropando al candidato de Marea, que también se ha dejado ver con Ada Colau. Las colas fueron tan inmensas que Iglesias se asomó a saludar a los cientos de personas que no pudieron entrar y que llegaron por su cuenta, sin bajarse del autobús de ningún partido atiborrados de banderines.

Carolina Bescansa, cofundadora de Podemos. (Efe)
Carolina Bescansa, cofundadora de Podemos. (Efe)

La marea de siglas, en Santiago, se presenta como Compostela Aberta y la pilota Martiño Noriega, todavía alcalde de Teo -en funciones mientras dure la campaña- y delfín de Beiras en Anova. Explotan el rol de ser la candidatura de nuevo cuño que mejor sintoniza con una ciudad universitaria ansiosa por distanciarse de este último mandato.

La capital gallega ha tenido tres alcaldes desde 2011. Al primero, Gerardo Conde Roa (PP), lo condenaron por fraude fiscal. Lo sucedió Ángel Currás, y un caso de corrupción terminó por imputarlo junto a casi todo su equipo. El tercero, que no cumplirá un año en el cargo, es el exconselleiro de Medio Ambiente de la Xunta, Agustín Hernández. Era el número 25 de la lista compostelana pero el presidente gallego lo conminó a ponerse al frente de una corporación que era el hazmerreír de España con su desfile judicial, un edil de Tráfico al que pescaron borracho al volante, denuncias de acoso a funcionarios y sumarios de la trama Pokémon y sus derivadas que aireaban fragmentos de conversaciones que encendían al votante y sacaban los colores al político. 

El respaldo de Podemos a Compostela Aberta, o lo que es lo mismo, que la corriente electoral circula fluida entre sus arquitectos políticos, lo personalizó esta semana otra gallega, Carolina Bescansa, cofundadora y secretaria de Análisis Político de Podemos que arropó al alcaldable Noriega y urgió a echar “a la mafia” sin “jugar a ser muleta” y aspirando a la mayoría.

Izquierda Unida, los nacionalistas de Anova e inscritos de Podemos también se dan la mano en Ferrol en Común, la lista con la que se presentan en una ciudad de pronóstico reservado y con el voto atomizado. Pontevedra y Vigo tienen su propia Marea. La olívica es menos potente en un guirigay donde aparecen 17 candidaturas, entre ellas la de Sinaí Giménez, que se proclama el Obama gallego y príncipe de la realeza gitana. El laboratorio gallego de candidaturas de unidad y su rendimiento en las urnas le servirá a Podemos de termómetro para mover la batuta y marcar la pauta en las elecciones generales a la Moncloa a finales de año.

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