un mal resultado reabriría el debate sobre su liderazgo

El PSOE asume que no habrá primarias a la Moncloa si Sánchez salva la cara el 24-M

Las primarias para elegir al candidato socialista a la Moncloa, el 26 de julio, podrían no llegar a celebrarse si Pedro Sánchez logra un buen resultado en las municipales y autonómicas de mayo

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (c). (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (c). (EFE)

Las primarias para elegir al candidato socialista a la Moncloa, previstas para el próximo 26 de julio, podrían no llegar siquiera a celebrarse si ningún rival da el paso de enfrentarse a Pedro Sánchez, el único aspirante que, por ahora, ha expresado su firme voluntad de competir en las elecciones internas del partido. En el PSOE dan por hecho que ese es el escenario más probable siempre y cuando Sánchez logre salvar los muebles con un buen resultado en las elecciones municipales y autonómicas de mayo. De lo contrario, las voces de quienes cuestionan su liderazgo resurgirían con más fuerza, y con ellas las dudas sobre su capacidad para desalojar al PP del poder.

Esas dudas sobre su liderazgo acompañan a Sánchez casi desde el mismo momento en que logró imponerse a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, el pasado 13 de julio, en las primarias para elegir al sucesor de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general. Pero tras la victoria del PSOE en las recientes elecciones andaluzas, y sobre todo por la cercanía de los comicios locales y autonómicos del 24-M, la ansiedad que vive el partido parece haberse atemperado, al menos momentáneamente, dando lugar a una suerte de tregua temporal que podría saltar por los aires en caso de una debacle en las urnas el mes que viene.

Hay un escenario de pesadilla para Sánchez y su equipo: cosechar un resultado inferior al 27,7% de hace cuatro años, el peor registro histórico del PSOE en unas elecciones municipales, y no lograr arrebatar al PP alguno de los Gobiernos autonómicos que controla, especialmente en Madrid y la Comunidad Valenciana –en manos de los populares desde hace más de dos décadas–, o en Extremadura, un feudo tradicional socialista que perdió en 2011 por el insólito maridaje entre José Antonio Monago e IU. En ese caso, todas las fuentes consultadas asumen que la guerra fratricida por el liderazgo del partido estallaría con toda su crudeza, y que Sánchez quedaría casi descabalgado como aspirante a la Moncloa.

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, y Pedro Sánchez. (EFE)
La presidenta de la Junta, Susana Díaz, y Pedro Sánchez. (EFE)

No resulta descabellado pensar, según las fuentes consultadas, que, si ese gran batacazo electoral se produjera, Susana Díaz podría verse empujada a desdecirse de su reiterado compromiso –repetido hasta la saciedad en la campaña electoral andaluza– de volcarse en su comunidad autónoma y dar un paso al frente para convertirse en aspirante a la Presidencia del Gobierno, mejor aún si es por aclamación y sin primarias mediante. "Bastaría con que argumentase que el partido, o sea, los barones, le pide ese sacrificio para evitar una hecatombe en las elecciones generales del próximo otoño", sostiene un veterano diputado socialista.

La situación podría complicarse aún más si Díaz no es capaz de lograr los apoyos necesarios para ser investida presidenta de la Junta, un respaldo que los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, y en menor medida el PP, supeditan a la renuncia a sus escaños de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, imputados en el Tribunal Supremo por el caso de los ERE fraudulentos. En ese caso habría que convocar nuevas elecciones en Andalucía, un escenario poco probable pero no disparatado, que dejaría a Díaz muy tocada y sin la menor posibilidad de convertirse en candidata a la Moncloa.

La exministra Carme Chacón, mientras tanto, sigue deshojando con calculada parsimonia la margarita de su participación en las primarias y muy pendiente de lo que ocurra el 24-M. Ni se postula abiertamente para plantar cara a Sánchez en esas elecciones internas ni se retira definitivamente de la carrera. La catalana, que es actualmente responsable de Relaciones Internacionales en la Ejecutiva del PSOE, no ocupa ese puesto por deseo expreso de Sánchez, sino por recomendación del exsecretario general del partido José Luis Rodríguez Zapatero y su entonces número dos, José Blanco. Ese pecado original ya ha provocado algunos roces entre uno y otra, aunque mantienen las apariencias en los viajes oficiales que ambos han compartido.

La irrupción de Felipe González en el debate sobre el liderazgo, durante la Convención Municipal del PSOE celebrada el pasado fin de semana, juega claramente a favor de Sánchez. La del expresidente del Gobierno no es una voz cualquiera en el partido, sino todo lo contrario; su predicamento e influencia en las filas socialistas siguen siendo notables, de ahí que muchos consideren poco menos que dogma de fe sus palabras de apoyo a aquel en la clausura de la convención: "Estoy a su disposición. Es mi secretario general y le voy a apoyar todo lo que pueda". Un respaldo que, según interpretan algunos, es también una apuesta por que Sánchez sea el candidato a la Moncloa.

Elecciones Municipales y Autonómicas

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