SÍLVIA REQUENA, CANDIDATA DE CONVERGENTS

"En Cataluña ya hay fractura política, y la social está llegando al límite"

Requena es la cabeza de lista de Convergents por Barcelona en las elecciones del 28 de abril. Con anterioridad, fue la número dos al Senado por Democràcia i Llibertat

Foto: Sílvia Requena. (EFE)
Sílvia Requena. (EFE)

Sílvia Requena es secretaria de Organización de Convergents, el pequeño partido impulsado por el exconsejero de Justicia de la Generalitat Germà Gordó, uno de los históricos de Convergència. Junto a él, está un puñado de exdirigentes de la veterana formación con la vista puesta en la conformación de un nuevo centro catalanista moderado, que vuelva a centralizar la política catalana y vuelva a ilusionar a la gente al tiempo que rebaje la tensión política y social. Requena es la cabeza de lista de Convergents por Barcelona en las elecciones del 28 de abril. Con anterioridad, había sido número dos al Senado por Democràcia i Llibertat, la marca de CDC. Abogada en ejercicio, es también profesora de ética política en la Facultad de Derecho de la Universidad Internacional de Cataluña.

Esta pequeña formación ha establecido ya conversaciones con otros partidos desgajados de los restos de CiU (Lliures y Units per Avançar), así como con actuales dirigentes críticos del PDeCAT, para volver a articular una gran fuerza catalanista moderada y dialogante como alternativa a la radicalización independentista del resto de formaciones tradicionales.

PREGUNTA. Si uno se hace una composición de lugar del escenario político catalán, se echa a faltar un centro moderado catalanista como había hace unos años. ¿Qué ha pasado?

RESPUESTA. El principal partido que ocupaba este espacio político, Convergència Democràtica de Catalunya, empezó su propia singladura hacia la debacle. Esto se debe a luchas internas de poder que muy probablemente no supieron ver que tenían un enemigo común en Cataluña. En el País Vasco lo tienen claro: el PNV vio siempre a Bildu como un espacio electoral distinto, y aquí, de golpe, se comienza un experimento que en su momento se llamó Junts pel Sí en el que se tiende la mano a ERC en detrimento de, por ejemplo, la democracia cristiana catalana, que se dividió como consecuencia de esa experiencia. El resultado sirvió para que entrase la CUP en el Parlament con 10 escaños.

P. ¿Hubo una evolución del electorado o fue consecuencia de una campaña de concienciación y propaganda institucional?

R. Hay quien lo achaca a un cambio sociológico del voto, pero yo me inclino más por pensar que se dio paso a que las entidades cívicas, que no eran partidos políticos, hiciesen en realidad de partidos políticos. Se llegó a un escenario en el que se cambiaron desde dentro los objetivos políticos. Los objetivos habituales de Convergència siempre habían sido la cohesión social, la defensa de la lengua y la cultura catalanas y más autogobierno. Eso empieza a cambiar en el momento en que la cohesión social pasa al tercer puesto de la lista de prioridades y desaparece como elemento importante de nuestra sociedad.

Convergència Democràtica de Catalunya empezó su propia singladura hacia la debacle. Esto se debe a luchas internas de poder

P. ¿En Cataluña se ha llegado a la fractura política?

R. Sí. La hay. En el Parlament no se hablan diputados de distintos partidos. Ni se miran a los ojos. No hay diálogo. Hay berreo. Y ni siquiera hay actividad parlamentaria propiamente dicha, porque no hay leyes, ni normas ni medidas parlamentarias. Es muy triste ver cómo está paralizado todo.

P. ¿Y hay fractura social?

R. Estamos en el límite. Creo que no se ha llegado, porque la gente todavía se habla. Pero ha habido momentos tensos. Aquí se confunden muchas cosas y se llevan al terreno de lo sentimental. El ‘tenim presa’ [‘tenemos prisa’, uno de los lemas independentistas] provocó la reacción de algo que estaba ahí dormido, de lo que se conoce como unionismo, que no necesitó nunca la necesidad de exhibirse porque se sentía cómodo con su posición aquí.

P. Pero se ha llegado a las manos por los lazos amarillos.

R. Sí, es verdad. Ha habido tensión e insultos. Y en las redes es insoportable. Esto no es un clima de cohesión ni de convivencia, y de ahí no puede salir nada bueno. De momento, no ha sido un clima tan extremista como en el País Vasco, donde había ‘kale borroka’, pero ha habido momentos tensos y esto hay que relajarlo. Lo primero es colocar la Política con mayúsculas en el centro, tratar de llegar a un consenso.

Estamos en el límite. Creo que no se ha llegado, porque la gente todavía se habla. Pero ha habido momentos tensos

P. ¿Hay peligro de una batasunización de la sociedad catalana?

R. Me gustaría pensar que no. Si no hacemos una recomposición de la moderación política, aquí podría ocurrir que entonces estos extremos que ahora es donde se vive la tensión política se radicalicen más. Por eso urge recomponer un centro político moderado.

P. ¿Y hay espacio ahora para la moderación catalanista en el espacio político catalán?

R. Hay 300.000 votantes desconcertados del mundo soberanista catalán. Esto lo dice el CIS. En la última encuesta de Tezanos, sale que hay un número importante de votantes que están muy descontentos con la gestión de las dos grandes fuerzas independentistas, porque quizás estén confundiendo objetivos con medios. Es gente que no está por el discurso frentista que se retroalimenta, pero que mientras tanto no hay política de por medio. Hay gente que solo quiere decidir e incluso llegar a hacer una pregunta que desemboque no en una independencia sino incluso en un encaje positivo, como decía Ramón Tamames el otro día. Estamos de acuerdo con que el Estado de las autonomías ha sido muy positivo estos 40 años, pero quizás ha llegado el momento de volverse a plantear si este es el modelo o el sistema único posible o a lo mejor ahora hay que poner acentos o velocidades… Estas cosas ahora se pueden hacer perfectamente con la actual Constitución, sin modificarla, sin tocar ni una coma.

Estas cosas ahora se pueden hacer perfectamente con la actual Constitución, sin modificarla, sin tocar ni una coma

P. Hay varias fuerzas alrededor en este espectro político: Convergents, Units per Avançar (exUDC), Lliures, algunos dirigentes del PDeCAT… ¿Hay posibilidades de organizar un gran centro catalanista común moderado como lo que era Convergència?

R. Sí. Intentamos crear ese gran centro. Convergents se presenta ante la sociedad catalana, con solo un año de vida. Es casi una aventura heroica. En un año, tenemos 519 militantes, 61 personas dispuestas a dar la cara por nuestras siglas en las elecciones del 26 de mayo. Nacimos en pleno 155. Nos hicimos partido justo para las elecciones del 21-D. No nos dio tiempo en un mes a estar musculados. Hasta ahora, nuestro objetivo eran solo las municipales, pero al haber dejado caer la legislatura, nos hemos visto obligados a presentarnos, por un lado, para fortalecer a estas personas que dan la cara por nosotros. Y lo hemos querido hacer también por exhibir ese espacio político. Queremos que se visibilice ese espacio y lo que Pujol llamaba ‘pal de paller’.

P. ¿Ha habido conversaciones y contactos entre todos ustedes?

R. Sí. Los hay permanentemente. Todas las familias coincidimos en que hay este espacio. Y en que es una lástima que ya no se vea, y eso que era el centro pragmático mayoritario, porque convivíamos liberales, democristianos y hasta socialdemócratas. Se trataba de que la ideología estaba al servicio de una sociedad vigorosa, de un país con un autogobierno y unas instituciones históricas y de la parte sensible de la lengua, la historia y un patrimonio cultural que se quiere preservar. Lo que no nos explicamos es cómo ha desaparecido todo esto, porque, de golpe, ya no está en la ecuación. Ahora resulta que la sociedad no importa. ¿Cómo puede ser que ahora, de repente, el conjunto de personas no importe? No puede ser. Es como el mundo al revés. Todos los que venimos de esta tradición estamos muy decepcionados. No estamos resentidos, es que somos disidentes de esta nueva política. Y somos resistentes también, porque la gran mayoría de las personas tienen larga trayectoria política, como Ramon Espadaler, Antoni Fernández Teixidó, Germà Gordó… Tienen trayectoria en cargos… Lo ventajoso que tienen, especialmente Gordó por la parte que me corresponde, es que quieren hacer más bien el papel de Arzallus: somos los impulsores y apostar por caras nuevas, por personas que conozcan muy bien esta ruta de lo que ha habido aquí y que puedan plantear soluciones positivas, porque es cierto que estamos en una situación de conflicto.

¿Cómo puede ser que ahora, de repente, el conjunto de personas no importe? No puede ser. Es como el mundo al revés

P. ¿Cuánto puede tardar en volverse a conformar ese espacio político?

R. Me gustaría que fuese ya. Yo me siento ahora como una neurona sola en un cerebro. Lo cierto es que nadie se esperaba estas elecciones y tuvimos que improvisar. Y hay que exhibir este espacio. Esto es un paso previo para lo que vendrá: la convocatoria de elecciones al Parlament.

P. Eso quiere decir que en las próximas autonómicas puede haber ya una plataforma catalanista de centro preparada para presentar un nuevo proyecto para Cataluña.

R. Estoy convencida de eso y me gustaría que fuese alrededor de este partido por la tradición, por el nombre, porque todos nos conocemos y sabemos por dónde vamos. Y porque no fue lo ideológico lo que movió el progreso social de este país, sino la voluntad de servicio y de autogobierno, y esto hay que saberlo explicar.

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