CRISIS EN LA CASA SOCIALISTA

Los críticos buscan el modo más "eficaz" de fulminar a Sánchez para el comité federal

La maquinaria para forzar la caída del líder ya está en marcha: o con la dimisión de la mitad más uno de los miembros de la ejecutiva o tumbando el sábado su propuesta de congreso exprés

Foto: Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la permanente de la ejecutiva federal, este 26 de septiembre. (Reuters)
Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la permanente de la ejecutiva federal, este 26 de septiembre. (Reuters)

El PSOE está roto. Totalmente roto. Y en llamas. Hundido por la sucesión de derrotas electorales, la última el desastre absoluto e histórico en Galicia y Euskadi el 25-S, y fracturado entre Pedro Sánchez y sus críticos. Hasta ahora la tensión afloraba puntualmente, la tensión se desquiciaba y luego las aguas se calmaban. Pero ya no. La guerra es absoluta, fratricida. El secretario general, buscando revalidar su cargo a través de un congreso que tendría como primer estadio una consulta a la militancia en menos de un mes, y los barones, con la cólera en el cuerpo, peinando los estatutos para hallar la fórmula más "eficaz" que acabe "cuanto antes" con él. Bien en estos días o, como máximo, en el comité federal del sábado. No habrá más treguas. O al menos eso dicen ahora las federaciones, hastiadas del comportamiento del líder y convencidas, en su globalidad, de que no caben caminos intermedios y de que por tanto hay que actuar ya, pues la situación en el PSOE es de "total emergencia". Los territorios que eran más templados, que creían hace unos días que era mejor contemporizar y prorrogar siquiera por unos meses la vida del líder, ahora creen que la situación es insostenible, ha llegado a un "punto de no retorno" y urge atajarla. 

Sánchez activó el botón nuclear más poderoso que tenía al alcance de la mano. Y el que ya acariciaba desde la semana pasada: la convocatoria automática del 39º Congreso Federal aplazado sine díe desde abril—, con la elección, a cargo de los casi 190.000 militantes, del secretario general el 23 de octubre. El líder socialista expuso sus planes a la permanente de la ejecutiva federal, el órgano más pequeño de dirección en el que escasean los críticos, por lo que pudo sacarlos adelante sin ni siquiera votarlos, aunque tuvo que escuchar las voces en contra de varios de ellos, encabezados por el sevillano Antonio Pradas, mano derecha de Susana Díaz en Madrid, y la presidenta del PSOE, la jiennense Micaela Navarro, que como se esperaba regresó de las filas del sanchismo para alinearse con el pensamiento mayoritario de su federación. También se opusieron los demás representantes andaluces (María José Sánchez Rubio, Estefanía Palop y Noemía Cruz), salvo la sanchista Luisa Faneca, y las dirigentes Carme Chacón —muy dura contra el secretario de Organización, César Luena, al no ver estatutaria la convocatoria exprés—, Luz Rodríguez, Eva Matarín y el jefe de las Juventudes, Nino Torre, muy próximo al presidente asturiano, Javier Fernández. 

Los dirigentes que hasta hace unos días pensaban que era mejor esperar y evitar el choque directo se han convencido de que deben pasar ya al ataque frontal

Tras cuatro intensas y "duras" horas de reunión, contó sus argumentos a los periodistas, hilando un relato, a ojos de la militancia, a la que sobre todo se dirigía, impecable: hay más razones que nunca para mantener el no a Mariano Rajoy y al PP, pero hay una "división" patente dentro del partido, que está haciendo "daño" a sus expectativas electorales y desgarrándolo internamente, una fractura entre él y su ejecutiva federal, que quiere un PSOE "de izquierdas", "autónomo", "unido" y no "subalterno del PP", y otros, los "significados dirigentes" territoriales, "que defienden de manera cada vez más clara que el PSOE debe apoyar la investidura de Rajoy". Ante tal fisura, siguió, él daba el paso más "honesto" y "leal", el pasar la pelota a las bases para que sean ellas las que decidan con qué modelo de partido y con quién se quedan. "Ha llegado el momento. Es hora de hablar claro", reivindicó Sánchez, explicitando su desafío a los críticos. El objetivo es que el PSOE marche con una "única voz" y que todos estén "a piñón con la dirección", gane quien gane. 

Los críticos buscan el modo más "eficaz" de fulminar a Sánchez para el comité federal

"Más no puedo hacer"

Sánchez, por tanto, no dimitió, ni se molestó en hacer autocrítica por los pésimos resultados (los peores de la historia) en País Vasco y Galicia, porque además con su maniobra había logrado distraer la atención del 25-S. Pero sí suplió esa caída, alegó, con la convocatoria del congreso. "Más no puedo hacer. Asumo mi responsabilidad política". 

"Ha levantado una barricada entre socialistas buenos y socialistas malos, y eso es muy peligroso. Aquí no está en juego la ideología", observa un barón

El órdago ya estaba hecho. E irritó sobremanera a los críticos. No solo por la convocatoria en sí del congreso —que para seguir adelante tiene que ser aprobada por el comité federal de este sábado, y Sánchez dio por seguro que "saldrá adelante"—, sino por la rueda de prensa posterior. Barones y altos mandos territoriales percibieron como un "insulto" y una "locura" las palabras del líder, y como una "declaración de guerra" en toda regla, sin disfraces. "Ha levantado una barricada entre socialistas buenos y socialistas malos, y eso es muy peligroso. Aquí no está en juego la ideología, y es radicalmente falso que ellos sean de izquierdas y nosotros de derechas. Se confunde con tacticismo", señalaba un presidente autonómico de peso que hasta hace unos días creía que había que actuar con prudencia y que con los últimos gestos de Sánchez considera que hay que obrar con celeridad y cortar sus alas a lo largo de la semana o, a más tardar, el sábado mismo en el comité federal. 

"Del sábado no pasa", convergían varias fuentes consultadas. Entre los mandos lejanos a Ferraz, se podían escuchar todo tipo de protestas y críticas hacia el secretario general: "Es un yihadista de la política", "tira de populismo clásico, como el de Perón, el de Nicolás Maduro, apelando a las tripas de la gente, para manipular a la militancia", está "incendiando" el PSOE para sobrevivir él mismo... La reflexión es compartida, en cualquier caso: Sánchez ha intentado "excitar" a las bases, "radicalizándolas y enardeciéndolas", para que respalden su no al PP y a Mariano Rajoy y lanzándolas contra el 'establishment' del partido (no solo barones, sino también notables como los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero o el exlíder Alfredo Pérez Rubalcaba), y todo para que actúe como "cortina de humo" de unos malos resultados del PSOE el 25-S, como subrayaba en rueda de prensa en Sevilla el número dos de Díaz, Juan Cornejo

¿Y ahora qué? Los críticos no desvelan todas sus cartas porque, como advertían en una federación de peso —los presidentes autonómicos, salvo la balear Francina Armengol, que apoya a Sánchez, y sus respectivas direcciones regionales están en contacto continuo—, están buscando la fórmula "más eficaz" para defenestrar al secretario general lo antes posible. 

Los mecanismos a la vista

'A priori', son dos los mecanismos que están en boca de todos. Uno, la dimisión de la mitad más uno de los miembros de la ejecutiva federal. En el congreso extraordinario de 2014, el que eligió a Sánchez, se escogió una cúpula de 38 integrantes, de los cuales tres ya no están: uno por fallecimiento, Pedro Zerolo, y otros dos por marcha voluntaria, el exsecretario general de Galicia José Ramón Gómez Besteiro, por sus múltiples imputaciones judiciales, y el canario Javier Abreu. Por tanto, a los críticos les harían falta 18 rúbricas para forzar la caída de Sánchez. En principio, parecen amarradas las de en torno a 17 dirigentes. En el punto de mira están la 'consellera' valenciana Carmen Montón —que el domingo acompañó al líder en Ferraz y este lunes no tomó la palabra en la permanente, como sí hicieron los demás díscolos— y la baronesa cántabra, Rosa Eva Díaz Tezanos. 

Si los críticos reúnen las 18 firmas de la ejecutiva necesarias, harían caer a Sánchez y se impondría una gestora; en el comité necesitan mayoría simple

De cerrarse la operación, sería obligatoria, según la normativa interna, la celebración de un congreso extraordinario del partido para nombrar a una nueva dirección, pero provisionalmente tomaría el mando una gestora, que sería la que tendría que administrar la decisión clave: descartada la formación de un Gobierno alternativo, porque los críticos no lo ven posible, solo quedaría o facilitar el Gobierno al PP o ir a unas nuevas elecciones en las que no tendrían candidato disponible. 

Los críticos buscan el modo más "eficaz" de fulminar a Sánchez para el comité federal

Segundo mecanismo: frenar los planes de Sánchez en el mismo comité federal. Hacer que su propuesta de congreso inmediato salga derrotada. Para eso necesitan mayoría simple. Los dos bandos dicen tener los números, aunque los dos también reconocen que las fuerzas están bastante equilibradas (un 60%-40% o un 55%-45%, estiman los contrarios), de modo que someter la votación sobre el cónclave en un órgano que ronda los 300 miembros, y en el que se podría pedir emitir el sufragio de forma secreta y en urna, podría ser una lotería. Un ridículo para los detractores de Sánchez, si pierden, y una bofetada directa para este, si ganan el pulso. Los dos equipos cuentan a sus delegados, pero nada es seguro. Y, en todo caso, se visualizaría la fractura total en un foro nada discreto. La imagen de división sería imborrable. En la cita de este sábado no se podría discutir una moción de censura contra la ejecutiva que presentara el 20% de los miembros del comité, porque al ser una reunión extraordinaria [aquí en PDF] no se puede modificar el orden del día fijado por la permanente. Esa moción, no obstante, requiere de una mayoría absoluta para desencadenar la caída de la cúpula. Otra salida sería el plante general: el comité solo se constituye válidamente si están presentes la mitad más uno de sus delegados. Si no hay quórum, no se puede aprobar nada. 

Reunión de la permanente del PSOE, este 26 de septiembre. (EFE)
Reunión de la permanente del PSOE, este 26 de septiembre. (EFE)

Algunos dirigentes entienden que es mejor proceder a la liquidación del líder por la vía de la dimisión de la ejecutiva, porque es más directa y entraña menos riesgos, aunque la militancia podría verlo como un golpe de Estado dentro del PSOE. Otros entienden que es más "limpia" la opción de tumbar su propuesta en el comité, ya que es el máximo órgano de poder. Para los críticos, de cualquier modo, es prioritario "parar el congreso, porque no puede haberlo, porque el partido está abierto en canal y el país bloqueado". El extremeño Guillermo Fernández Vara ya adelantó anoche en 'Hora 25', en la SER, que trabajará para que el cónclave no se lleve a cabo, sino para que "se tumbe una idea enormemente negativa para los intereses del PSOE y la situación de gobernabilidad del país". El presidente confesó que no había hablado con Sánchez (sí con Susana Díaz), y le achacó que el partido sea hoy "menos referencia", al producirse con él el 'sorpasso' en siete comunidades. "El colmo", dijo, es que enarbole un PSOE de "izquierdas" cuando gobiernos como el suyo promueven medidas "de izquierda izquierda". 

¿De quién son las bases?

Los críticos buscan el modo más "eficaz" de fulminar a Sánchez para el comité federal

Para Ferraz, la alternativa de Sánchez es la "más democrática" para zanjar el debate. El secretario general no adelantó qué haría si perdiera la votación del sábado: remarcó en varias ocasiones que estaba seguro de que la mayoría del comité respaldaría dar "cauce" a las opiniones encontradas dando la voz a las bases. 

Las federaciones también se malician que detrás de la "desestabilización" de los gobiernos autonómicos por Podemos está Ferraz, y esta lo niega rotundamente

Para los que hasta hace muy pocos días eran más contemporizadores y consideraban que era mejor que Sánchez se abrasara en unas nuevas elecciones para después ya proceder a su relevo, la situación había cambiado (a peor) ostensiblemente. "Ya no caben medias tintas, no hay normalidad. La emergencia es absoluta, porque lo que está en juego es que el PSOE se acaba. No nos deja otra que dar la batalla", indicaba una integrante del comité con trienios en la fontanería del partido. 

Otro elemento de distorsión se sumó este lunes: la ruptura, por parte de Podemos, del pacto de investidura en Castilla-La Mancha. Lo mismo parecía ocurrir después en Extremadura, con la diferencia de que, como aclaró Vara, no podía haber divorcio porque nunca hubo matrimonio. Tales movimientos sonaron, para los detractores de Sánchez, "dirigidos" por Ferraz y "en coordinación con Pablo Iglesias". "Desestabilizar los gobiernos que presides es una muestra máxima de deslealtad", coincidían varios responsables de primer nivel. Desde el equipo del líder negaban tajantemente las acusaciones, alegando que nada ayuda más a su objetivo de conseguir armar un Gobierno del cambio que el hecho de que funcionen "bien" los ejecutivos autonómicos que sostiene Podemos con sus votos. 

Los colaboradores de Sánchez aplauden que haya optado por la forma "más democrática" para zanjar el debate y adelantan que tiene todas las de ganar

No es tan sencillo desalojar al inquilino de Ferraz. En la cúpula desprecian los intentos de los barones e insisten en que las bases apoyan mayoritariamente a Sánchez, "con una fuerza que nadie tiene en el PSOE". Su fortaleza se verá esta semana, y también si su eventual decapitación agrava la profundísima crisis del partido. 

Diez días para recoger avales y una semana para intentar un acuerdo para la investidura

La propuesta de calendario [aquí en PDF] que este lunes aprobó la permanente arranca el mismo sábado, con el cierre del censo de militantes y la apertura del plazo para la presentación de precandidaturas. Del 2 al 11 de octubre, los candidatos deberán recoger en torno a 9.000 avales (el 5% del volumen total de militantes. El 3 se abriría el plazo para la solicitud del voto desplazado y electrónico. Los aspirantes que superen el corte serían confirmados el 13 de octubre, y ese día comenzaría la campaña informativa, que se prolongaría hasta el día 22. La jornada de votación en las agrupaciones sería el domingo 23 de octubre, y el voto telemático estará abierto desde dos días antes. No es baladí la introducción del sufragio online (ya se hizo en la consulta de febrero), pues este escapa más del contol de los aparatos. 

El mismo día 23 los militantes elegirían a sus delegados en los 'congresillos' provinciales, que tendrán lugar entre el 2 y el 5 de noviembre. La ponencia marco, la hoja de ruta que seguirá el partido para los siguientes cuatro años, estaría lista el 12 de octubre. Finalmente, el congreso federal, en el que se apruebe el documento político (y que por tanto trasciende una mera votación de investidura) y se elija la dirección tendría lugar el 2, 3 y 4 de diciembre, más de un mes después de haber nominado al secretario general. En ese tiempo, el líder no tendría formalmente equipo.

Sánchez pretende simultanear su campaña interna con los contactos con otros partidos, entre los que no descartó las fuerzas independentistas, para intentar la investidura, aunque ese acuerdo no se podría cerrar, precisó, antes del 23 de octubre. Dado que las Cortes se disuelven el lunes 31 inexorablemente si no hay presidente, Sánchez (o el que fuera elegido) tendría una semana para cerrar un pacto, comunicárselo al Rey, que este se lo trasladara a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y que esta a su vez convocara el pleno de investidura, previendo un plazo de 48 horas entre la primera votación, para la que se necesita mayoría absoluta, y la segunda, en la que basta mayoría simple. De ahí que muchos pensaran que lo que hace el líder es poner la proa hacia unas terceras elecciones en las que estaría blindado como candidato.

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