gana las elecciones con 137 escaños

Rajoy se arma de votos para gobernar mientras Iglesias cosecha su primera derrota

El PP puede negociar el apoyo del escaño de CC y el de los cinco del PNV, pero incluso con esos seis, se quedaría a uno de la mayoría absoluta. Tendrá que recurrir al PSOE

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (2d), junto a su mujer durante su comparecencia ante los simpatizantes en el exterior de la sede del partido. (Reuters)
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (2d), junto a su mujer durante su comparecencia ante los simpatizantes en el exterior de la sede del partido. (Reuters)

Mariano Rajoy y el PP han ganado las elecciones con una diferencia que ni las encuestas, ni los sondeos a pie de urna, ni siquiera el gurú Pedro Arriola habían sido capaces de predecir. Con el 33,01% de los votos y 137 escaños, el PP ha obtenido 613.000 votos más, 4,3 puntos y 14 nuevos diputados con respecto al 20-D en unas elecciones en las que el resto de fuerzas han retrocedido en votos o en escaños y que ha permitido a los populares aumentar a 52 escaños la diferencia sobre la segunda fuerza, que hace seis meses era solo de 33. El presidente en funciones y líder del PP salía al balcón con mucha más fuerza que en diciembre.

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Pedro Sánchez, con los peores resultados de la historia del PSOE y cinco escaños menos que hace seis meses, respira porque conserva su cabeza gracias al fiasco de sus rivales: Pablo Iglesias deberá gestionar el primer revés de Podemos en unas elecciones (su alianza con IU no ha aportado ni un escaño más y se quedan con los 71 del 20-D) y Susana Díaz ha perdido en Andalucía ante el PP. Albert Rivera, dejándose ocho escaños y casi medio millón de votos, se convierte en irrelevante de cara a exigir condiciones en un pacto con el PP.

Rajoy se arma de votos para gobernar mientras Iglesias cosecha su primera derrota

Los más de 7.850.000 votos del PP y sus 137 escaños refuerzan a Rajoy y descartan definitivamente la idea de un cambio de candidato para formar Gobierno: los dos políticos que se lo exigían, Sánchez y Rivera, han perdido entre ambos 600.000 votos y 13 escaños, curiosamente casi las mismas cifras que ha crecido Rajoy, lo que les invalida para exigir ninguna línea roja ante un hipotético pacto. Sin embargo, y pese a unos resultados que ni los más optimistas de Génova esperaban horas antes de que comenzara el escrutinio, la gobernabilidad de España casi parece igual de difícil que hace seis meses porque, como entonces, la aritmética no suma y la investidura vuelve a quedar en manos del PSOE.

En el PP cuentan con que Ciudadanos no tendrá más remedio que apoyar una investidura de Rajoy tras el fiasco que ha supuesto en las urnas la negociación con Pedro Sánchez y los ataques a los populares y a su líder. "Rivera no está en condiciones de exigir nada ni de marcar ninguna línea roja después de la factura que ha pagado hoy en las urnas", asegura una fuente de la dirección popular. La suma de PP y Ciudadanos acerca la investidura hasta los 169 diputados, seis más de los que contaba Rajoy y con los que no quiso someterse al veredicto de la Cámara. Ahora, el líder popular sí pedirá al rey Felipe VI intentar ser investido, aunque le siguen faltando siete votos que, hoy por hoy, se antojan imposibles. El PP puede negociar el apoyo del escaño de CC y el de los cinco del PNV, pero incluso con esos seis se quedaría en 175, a uno de la mayoría absoluta.

Otra vez en manos del PSOE

Eso significa que la investidura vuelve a depender del PSOE con menos votos de toda la democracia y de su líder, Pedro Sánchez, que pese a que anoche salía en Ferraz como si hubiera ganado las elecciones, en realidad había perdido cinco escaños sobre lo que era el suelo socialista hasta ahora, y que se ha dejado otros 160.000 votos en estos seis meses. Sin embargo, el fracaso de sus rivales políticos ha permitido a Sánchez salvar la cabeza: por un lado, Pablo Iglesias se ha quedado muy lejos (a 14 escaños nada menos y 300.000 votos) del anunciado 'sorpasso' que hasta las ocho de la tarde de este domingo se anunciaba como un clavo más en el ataúd político de Pedro Sánchez. Por otro, y en el frente interno, Susana Díaz ha perdido en Andalucía por tres escaños frente al PP, lo que cierra las puertas de Madrid a la lideresa andaluza.

Rajoy se arma de votos para gobernar mientras Iglesias cosecha su primera derrota

Con estos mimbres, Sánchez ha salvado el pellejo y tiene otra vez en su mano la posibilidad de decidir el próximo presidente del Gobierno, como sucedió hace seis meses. Ante una investidura de Rajoy, deberá elegir si el PSOE se abstiene o si tumba la investidura. Al contrario de lo que sucede con el PP, la suma con Podemos (156) se queda más lejos de los 161 que tenían hace seis meses y aleja la posibilidad de gobernar. Convenciendo a CC, PNV y CDC sumarían 14 y aún necesitarían los nueve de ERC, algo que ha sido vetado siempre por el PSOE. Salvado el liderazgo, Sánchez deberá decidir el camino a tomar desde una posición debilitada de cara al exterior aunque fortalecida en Ferraz.

Tocado el liderazgo de Iglesias

Y si Sánchez sale vivo del 26-J, el que aparece tocado por primera vez desde las Europeas de 2014 es Pablo Iglesias. La estrategia del líder de Podemos -muy contestada por gente como Íñigo Errejón, que no quería la alianza con IU- sale duramente cuestionada. Podemos con IU ha sido incapaz de sumar un solo escaño más a los 71 que ya cosecharon en diciembre, y en circunscripciones clave como Madrid, la alianza pasa de tener 10 escaños por separado a solo ocho. Los hombres de Podemos lo habían fiado todo al 'sorpasso', no solo en número de votos sino también en escaños. Y, al final, ni lo uno ni lo otro.

Rajoy se arma de votos para gobernar mientras Iglesias cosecha su primera derrota

Un año de gobierno en muchas grandes ciudades, una alianza con IU que muchos rechazaban y hasta el reciente Brexit han podido influir en unos resultados que en los círculos podemistas se han encajado como un decepcionante varapalo, sobre todo cuando las expectativas eran de asaltar los cielos. La peculiaridad de Podemos y el protagonismo de sus confluencias, que empiezan a ver cómo la marca madre puede ser una rémora para seguir creciendo, anuncian unas semanas complicadas para la dirección de Iglesias.

Las caras en la comparecencia de anoche lo decían todo, aunque es de agradecer al menos que Iglesias no pusiera paños calientes y afirmara que los resultados "están lejos de lo que esperábamos". Haber entregado la campaña a Pablo Echenique y haber desoído los consejos de Errejón cuando se negaba a unirse con IU, así como las consiguientes purgas de críticos, le pasarán factura: por primera vez, Iglesias debe gestionar un fracaso electoral.

Rivera, otro gran perdedor

El otro gran perdedor de estas elecciones, Albert Rivera, ha sido víctima también de una estrategia: su intento de pacto con el PSOE a toda costa y sus ataques permanentes a Rajoy y, a última hora, a Soraya Sáenz de Santamaría o Dolores de Cospedal, le han pasado factura: Rivera olvidó que buena parte de sus votos procedían del PP y ha perdido 450.000 votantes en seis meses, la mayoría de los cuales han vuelto al PP o han preferido quedarse en casa. Ahora, y pese a que en su comparecencia comenzó a marcar alguna línea roja para negociar, como la del cambio de la ley electoral, Rivera se ha dejado la quinta parte de sus escaños y, con ellos, la fuerza para poner excesivas condiciones a un pacto.

Rajoy se arma de votos para gobernar mientras Iglesias cosecha su primera derrota

La noche electoral se cerraba con Rajoy, desde el balcón de Génova, pronunciando uno de los discursos más deslabazados que se le recuerdan, ante una multitud como hacía tiempo que no se reunía para enarbolar la bandera azul y bailar al ritmo del reguetón. Junto a su mujer, Viri, Sáenz de Santamaría, Cospedal o Cristina Cifuentes -cuyos resultados en Madrid y la subida de dos escaños vuelven a reafirmar su candidatura de recambio en el medio plazo-, el presidente en funciones reclamó el "derecho a gobernar" del PP. Susana Díaz, desde la derrota y a cientos de kilómetros, también marcaba el camino de la abstención al PSOE. Pedro Sánchez tiene, otra vez, la última palabra.

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