SÓLO QUEDAN A SALVO LOS ACUERDOS DE ESTADO: UNIDAD DE ESPAÑA Y TERRORISMO

Rajoy y Sánchez escenifican su total enfrentamiento

Los rostros graves y la negación del saludo al candidato resumen la escalada de tensión entre los dos líderes. En media hora queda aún más claro que ni uno ni otro se ayudarán para gobernar

Foto: Mariano Rajoy niega la mano a Pedro Sánchez minutos antes del comienzo de su corta reunión en el Congreso. (EFE)
Mariano Rajoy niega la mano a Pedro Sánchez minutos antes del comienzo de su corta reunión en el Congreso. (EFE)

Basta mirar la imagen. Un Pedro Sánchez ofreciendo la mano, un Mariano Rajoy abrochándose la chaqueta y sin corresponder al saludo. La instantánea capturada por decenas de cámaras. Ya era suficientemente elocuente, por mucho que sus dos protagonistas intentaran quitarle hierro al asunto. 

Esa secuencia servía para resumir una reunión vacía de contenido de antemano. Una cita en el Congreso que se probó corta, muy corta, de menos de media hora, y en la que tanto el secretario general del PSOE como el presidente del Gobierno en funciones escenificaron que no hay interlocución ni acuerdo posible más allá de la cortesía parlamentaria y más allá de las cuestiones de Estado. Demostraron que no les queda química. Porque a falta de contenido, lo que quedaba era fijarse en el continente. En cada gesto de una entrevista fallida. El resultado fue un encuentro frío, de trámite. Y más que de acuerdo, de desacuerdo total.  

Sí hubo saludo de los dos líderes en privado, antes y después de la charla, y uno y otro intentaron quitar importancia al supuesto ademán de desprecio del presidente. Pero eso daba ya igual, porque la constancia gráfica de ese enfrentamiento era potente por sí misma, y porque ninguno de ellos es un recién llegado a la política que desconozca la mecánica de los medios y la importancia del lenguaje no verbal. Máxime cuando en otras ocasiones exhibían muestras de cordialidad y sintonía

Tanto era así que la pelea entre los dos 'púgiles' la habían librado sus respectivos gabinetes en las horas previas. Primero por el lugar de la reunión, rebuscando un territorio neutral en el Congreso, que finalmente fue la antesala del comedor del presidente de la Cámara. Y después por el orden de las comparecencias ante los periodistas. El último, Sánchez, como candidato mandatado por el Rey para intentar formar Gobierno. 

Rajoy y Sánchez escenifican su total enfrentamiento

Para Rajoy, aún hay tiempo

Conclusiones tangibles del encuentro, pocas, aunque Sánchez la rotuló como "útil" por la visualización del diálogo entre los jefes de los dos principales partidos. Se confirmó lo que ya se sabía. Que esa quimera que Rajoy persigue de un Ejecutivo a tres -PP, PSOE y Ciudadanos-, encabezado por él mismo, y que machaconamente califica como "lo mejor" para España y "lo más democrático", es imposible. Ni Sánchez ni su formación van a acceder a la oferta de los populares. Sin embargo, pese a que Rajoy no es el candidato postulado por el Monarca, y pese a que ese sueño no se podrá materializar a menos que los socialistas cambiaran su guión -cosa que a día de hoy es totalmente impensable-, insistió en que se empeñará en conseguir su objetivo, porque aún hay tiempo y porque en absoluto se descarta para la investidura. 

El presidente asegura que se empeñará en buscar el acuerdo con el PSOE, que a día de hoy es imposible. Sánchez quiere garantizar el "doble cambio"

Pero, según recordó Sánchez, su tiempo ya pasó, lo dejó correr. Rajoy negó que se haya arrepentido de haber declinado la propuesta de Felipe VI. "Hice lo que creo que tenía que hacer. No le voy a tomar el pelo a la gente". No tenía los apoyos suficientes, alegó. Pero los puede tener en el futuro. Su confianza es que Sánchez se abrase en su proceso y entonces él pueda recobrar la iniciativa. 

Pedro Sánchez, durante su rueda de prensa posterior a la reunión con Mariano Rajoy. (EFE)
Pedro Sánchez, durante su rueda de prensa posterior a la reunión con Mariano Rajoy. (EFE)

El caso es que el líder del PSOE no contestó cuando el presidente le explicó su fórmula de Gobierno, ni tampoco le preguntó. Tampoco Sánchez le contó cuál es su combinación de Gobierno ideal, ni le pidió que le facilite su llegada a La Moncloa vía abstención, aunque en ese caso el PP lo tiene claro: no la habrá. Se reivindica como la fuerza más votada el 20-D y la que dispone de más escaños en el Congreso -123-, frente a los 90 del PSOE. El secretario general, en cambio, subraya que a él le encomendó Felipe VI intentar dar un Gobierno a España, y que tiene la voluntad de propiciar un Ejecutivo con un "doble mandato de cambio", que cambie las políticas del PP y al Gabinete de Rajoy. Ahí no caben, pues, fórmulas intermedias. El aspirante a La Moncloa insiste en su fórmula más estable: un pacto con Podemos y Ciudadanos. Un acuerdo que, en todo caso, quiere tener maduro para finales de mes para llegar al debate de investidura en los primeros días de marzo.

La "unidad" en cuestiones de Estado

Sobre la mesa no se puso Cataluña ni la corrupción. En lo primero, porque ambos comparten criterio a la hora de dar respuesta legal a los pasos que vayan dando los partidos soberanistas. Distinta es la solución a medio y largo plazo, porque el PSOE defiende una reforma de la Constitución, que precisa del "concurso" del PP. 

Sánchez busca cincelar su imagen presidencial: él hizo de anfitrión y él proyectó un tono más conciliador, al calificar de "útil" y "cordial" una cita sin resultados

Y en lo segundo, porque pese al reguero de escándalos -el último, la presunta financiación ilegal del PP madrileño-, Sánchez no quería "ahondar" en la herida y porque su posición ya es conocida y manifestada mil veces: que la regeneración del país para por que los populares migren a la oposición y se limpien por dentro. 

Rajoy y Sánchez escenifican su total enfrentamiento

Sánchez trasladó a Rajoy la necesidad de "preservar la unidad de los demócratas" en cuestiones capitales como la lucha contra el terrorismo o la defensa de la integridad territorial ante el desafío secesionista en Cataluña. "Suceda lo que suceda" en la investidura. Y para eso se precisa de un comportamiento "leal", como el que a su juicio ha mantenido el PSOE en la oposición. Lealtad que le reclama, igual que el cese de la "campaña del miedo", el alud de declaraciones públicas del presidente, sus ministros y los dirigentes de su partido contra un Ejecutivo de izquierdas presidido por el socialista. Rajoy se mostró de acuerdo en aislar de las divergencias ambos asuntos, terrorismo y Cataluña, pues son el "fundamento" mismo de la convivencia. 

Rajoy y Sánchez escenifican su total enfrentamiento

El candidato buscó cincelar su imagen presidencial en todo momento. Ya lo lleva haciendo desde el pasado 2 de febrero, cuando el jefe del Estado le postuló para la investidura. Es él quien se reúne con los partidos, quien ha recibido a sus líderes en las dependencias del Grupo Socialista. Quien citó a Rajoy. Quien llegó antes al Congreso. Él hizo el papel de anfitrión, y Rajoy el de invitado. Él quiso calificar de "útil, cordial y agradecida por la opinión pública" su entrevista, quien incidió en los espacios comunes -defensa de la unidad de España y de la Constitución, lucha antiterrorista-, y quien disculpó a Rajoy por el no-saludo, al justificar que el presidente sufrió un simple despiste, no se dio cuenta porque estaba mirando a cámara y que fue una "anécdota más que una realidad". Como rubricó la cuenta oficial del PSOE en Twitter, aunque él no lo dijo ante los periodistas, el que quedó de mal "educado" fue Rajoy, no Sánchez. De ahí que popularizara el 'hashtag' #MarianoEscondeHastaLaMano

 

UE y déficit

Ni siquiera la mayor parte de la conversación se dedicó a la investidura. Se destinó a intercambiar impresiones sobre el Consejo Europeo del 18 y 19 de febrero, y del que el ministro de Exteriores informará a la Cámara en la Comisión de Exteriores. Sánchez le demandó que ahorme una "posición común" de los partidos para evitar la salida del Reino Unido de la UE -el 'Brexit'- y Rajoy reivindicó cierto margen de maniobra para responder con autonomía en función de cómo evolucione la cumbre. Y sobre déficit, el presidente en funciones ratificó su oferta por la estabilidad presupuestaria, en la que el PSOE está de acuerdo, aunque pretende flexibilizar la reducción del desvío hasta alcanzar el 1% en 2019, como también quiere Ciudadanos

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, antes de su reunión en el Congreso. (EFE)
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, antes de su reunión en el Congreso. (EFE)

Pero todo esto eran apenas aditamentos a una reunión que se sabía fracasada de antemano. Las posibilidades de acuerdo eran y siguen siendo nulas, y la relación entre ambos es mala, pésima. Ya se enrareció desde la campaña, cuando Sánchez le afeó aquello de que no era una persona "decente" por no haber atajado los casos de corrupción de su partido. Y empeoró cuando le confirmó su 'no' a la investidura tres días después del 20-D. Los puentes saltaron por los aires. Y la última reunión, la de este viernes, marcada por esa mano sostenida por el aire, esos rostros tensos y graves, vinieron a confirmarlo. 

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