El precio de un acuerdo histórico: recortes dolorosos en innovación, clima y solvencia
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El precio de un acuerdo histórico: recortes dolorosos en innovación, clima y solvencia

Los líderes europeos han logrado un pacto histórico esta semana, pero han decidido pagar un alto precio: recortes en innovación y clima, y cesiones ante Hungría y Polonia

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El precio de un acuerdo histórico: recortes dolorosos en innovación, clima y solvencia

La UE alcanzó este martes a las cinco y media de la mañana un acuerdo histórico por el cual la Comisión Europea emitirá deuda conjunta por valor de 750.000 millones de euros para financiar la recuperación económica tras el 'shock' creado por la crisis del coronavirus. Un enorme paso hacia delante en la historia de la Unión por el cual los líderes han tenido que pagar un precio.

A lo largo de los últimos cuatro días, los jefes de Estado y de Gobierno han tenido que medir bien sus diferencias, redibujar líneas rojas y estar dispuestos a hacer sacrificios. El fondo de recuperación llega con importantes recortes en partidas importantes para la Unión Europea. Con los fondos que se iban a obtener en los mercados, no solo se pensaba financiar el elemento central, un Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), sino que se iba a inyectar dinero en otras partidas del presupuesto europeo.

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Ha sido ahí donde se ha metido la tijera. Por ejemplo, el Fondo de Transición Justa, una herramienta clave en los planes del Ejecutivo comunitario para lograr compensar los daños que pueda generar la transformación ecológica, se ha visto recortado desde los 30.000 millones que se le asignaban en la propuesta de la Comisión Europea hasta solo 10.000 millones de euros. Horizonte, uno de los programas centrales de la UE para financiar la innovación, ha visto recortada dramáticamente su asignación del fondo: de 13.500 millones de euros a solo 5.000 millones.

Los tijeretazos no se quedan ahí. Un instrumento para la solvencia que contaba en principio con 26.000 millones de euros y que tenía como objetivo inyectar ayudas a las empresas en apuros y que se consideraba de especial importancia después de que Alemania haya sacado todo el músculo con sus ayudas de Estado tras el 'shock' del covid-19, ha desaparecido directamente de la propuesta. El programa de inversiones InvestEU ha pasado de tener una dotación de 30.300 millones a contar solo con 5.600 millones.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, señaló en la misma mañana del acuerdo que estos recortes eran “lamentables”. Los ajustes hechos no van a gustar nada al Parlamento Europeo, que tiene mucho que decir en la viabilidad del acuerdo alcanzado por los líderes. Es un mensaje general que han repetido también varios comisarios: se han hecho recortes lamentables, pero al menos se ha alcanzado un acuerdo.

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Pero la sensación general es que, siendo lamentable y cortoplacista, era el precio a pagar para ajustar todas las piezas y lograr alcanzar un acuerdo. Pero no hay que menospreciar la importancia del precio pagado. La gran sacrificada ha sido la innovación, justo en un momento en que se hacía mucho hincapié en la necesidad de tener un presupuesto enfocado en objetivos modernos que prepararan la economía europea para los retos del siglo XXI. Cuando se habla de modernización, siempre se mira a la cohesión y a la política agraria común (PAC) como las dos víctimas normales en ese proceso. Sin embargo, ambas, que son prioritarias para España, han salido reforzadas de esta negociación.

El debate debería comenzar ya para evitar que el próximo marco financiero plurianual, que comenzará en 2028, contenga los mismos errores que el actual. El agujero que ha dejado la salida del Reino Unido de la Unión Europea se ha cubierto a través de recortes en un presupuesto para los próximos siete años de 1,074 billones de euros. Cuando los ciudadanos piden mucho más a Europa, el mensaje no es muy alentador. Pero a cambio, al menos, las capitales han logrado salvar los muebles y tener un elemento central del fondo de recuperación bastante sólido.

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Los líderes europeos tampoco han sido capaces de avanzar en un elemento crucial, como son los nuevos ingresos propios. Ese error se ha visto completado con el aumento de los rebates para Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Austria y Alemania, a pesar de que la salida del Reino Unido de la UE ofrecía la oportunidad de ir retirándolos.

El precio, en valores

Otra de las cesiones que han tenido que hacer los líderes es dar una fuerte patada hacia delante al balón del Estado de derecho. Desde hace años, algunos Estados miembros proponían utilizar los fondos europeos como un instrumento para castigar aquellos países que están en una deriva de ataque al Estado de derecho, fundamentalmente dos: Hungría y Polonia.

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Pero Viktor Orbán, primer ministro húngaro, uno de los más veteranos del Consejo Europeo, supo jugar sus cartas y ha logrado que el instrumento sobre el Estado de derecho quede diluido en un compromiso que permite a todos cantar victoria: Países Bajos, que ha liderado el pulso por apretar las tuercas a Budapest, celebra que el espíritu de la propuesta sigue ahí, mientras Orbán celebra que el asunto se ha quitado de encima de la mesa.

La realidad es que se ha perdido una oportunidad de trabajar en un instrumento que podría haber sido útil en uno de los principales pulsos europeos: cómo evitar que Estados miembros de la UE entren en una espiral autoritaria, con ataques al sistema judicial o la prensa. El artículo 7 de los tratados, que permite activar un procedimiento contra un país que viola el artículo 2, también está demostrando no ser efectivo.

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