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Deberes para julio: los líderes evitan el choque y posponen la negociación

Los Veintisiete terminan la última cumbre digital de la era del coronavirus sin acercar posturas y dejando todo pendiente para la cumbre presencial de julio

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La cumbre digital que este viernes han celebrado los jefes de Estado y de Gobierno ha terminado sin que los Veintisiete hayan podido resolver ninguna de sus diferencias sustanciales respecto al tamaño, reparto y arquitectura del plan de reactivación económica tras el coronavirus, el llamado Fondo de Recuperación. Ha sido la primera vez que los líderes han discutido la propuesta de la Comisión Europea, que ha puesto sobre la mesa un Fondo de 750.000 millones de euros.

Las diferencias son sustanciales y ha quedado demostrado en un corto encuentro en el que las capitales han comprobado que sigue sin haber ni acuerdo ni acercamiento sustancial en ninguno de los puntos clave. “Necesitaremos trabajar muy activamente”, ha explicado Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, que ha señalado que en las próximas semanas comenzará la negociación real, con una cumbre presencial a mediados de julio, previsiblemente el día 9 de julio, en la que, ya sí, los jefes de Estado y de Gobierno puedan discutir cara a cara. Hay poco tiempo para recorrer un camino muy largo.

A los desacuerdos que ya existen respecto a muchos de los elementos del Fondo de Recuperación hay que sumar el hecho de que esta negociación no llega sola, y que al mismo tiempo los líderes tienen que lograr cerrar un acuerdo respecto al Marco Financiero Plurianual (MFP) que cubrirá del 2021 al 2027, y sobre el que fueron incapaces de ponerse de acuerdo el pasado mes de febrero tras 30 horas de cumbre.

Calendario

Si bien las diferencias saltan a la vista, es cierto que hay mimbres para un consenso, y que con el suficiente trabajo puede encontrarse un punto de encuentro. Los nórdicos han aceptado ya varios elementos básicos del futuro Fondo que cruzan varias de sus líneas rojas de hace algunos meses. “Hay un consenso emergente, lo cual es muy positivo”, ha señalado Michel durante una rueda de prensa, aunque también ha advertido de que “al mismo tiempo” no deben “subestimarse las dificultades”. Porque las diferencias siguen siendo muy importantes.

No estoy seguro de que podamos terminarlo en julio, no estoy seguro de que vayamos a tener éxito en verano

Sin embargo todos alrededor de la mesa saben que eso no puede paralizarles, y esa es la segunda buena noticia, aunque, eso sí, no todos son igual de conscientes del nivel de urgencia. Países Bajos, el país más reacio a este plan y que más se está oponiendo a nivel público, es también el Estado miembro más pesimista respecto al calendario. Ya el ministro de Finanzas Wopke Hoekstra señaló que le parecía difícil un acuerdo antes de otoño, y este viernes el primer ministro Mark Rutte ha insistido en ese mensaje: “No estoy seguro de que podamos terminarlo en julio, no estoy seguro de que vayamos a tener éxito en verano”.

Pero para Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), este es un error cometido ya en el pasado, y por eso ha lanzado una alerta a los líderes: los mercados están calmados porque viven con la perspectiva de que habrá un Fondo, y que será efectivo, pero si eso desaparece del horizonte se revolverán de nuevo. Y la francesa no ha escondido su preocupación: “Lo peor está por llegar".

Diferencias sustanciales

En un tono similar se ha expresado Angela Merkel, canciller alemana, que ya en el parlamento nacional lanzó algunos avisos y que este viernes ha hablado ya con la autoridad extra que le confiere el hecho de que el 1 de julio Berlín se hará con las riendas de la presidencia rotatoria del Consejo Europeo. Para la canciller no todo el mundo en la sala es consciente del riesgo que supone esta crisis para el proyecto europeo. Pero aunque haya prisa por cerrar un acuerdo, que la alemana pide para lo antes posible, también reconoce que hay “grandes puentes por construir”.

Los nórdicos, especialmente los llamados Frugales, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Austria, quieren que el Fondo sea más pequeño de los actuales 750.000 millones, y que se estructure únicamente en forma de préstamos, y no con transferencias no reembolsables. Este ha sido uno de los principales pulsos hasta ahora, y seguirá siéndolo durante las próximas semanas, según ha señalado Michel, lo que indica que las diferencias siguen siendo importantes.

Otro de los asuntos espinosos será la condicionalidad, porque algunos países consideran que deben incluirse en el uso del Fondo condiciones más duras, en las que se exija a los Estados miembros reformas estructurales. Sin embargo esta es una segunda línea roja para los países del sur, que están dispuestos a que los fondos lleguen condicionados a su uso siguiendo las prioridades del semestre europeo, pero no a volver a una relación acreedor – deudor, con condiciones draconianas y supervisión continua que se vivió durante la anterior crisis y que fue muy dañina a nivel europeo.

Los nórdicos también se oponen a la idea de aumentar el techo de recursos propios hasta el 2% de la renta nacional bruta (RNB), porque consideran que esta medida no está justificada. La buena noticia es que las bases de la estructura y su composición legal no han sido rebatidas por parte de los más díscolos, según ha explicado Merkel en una rueda de prensa posterior al encuentro.

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