presupuestos europeos

Sánchez viaja a Bruselas para evitar recortes en la UE que dañen más al campo español

El presidente del Gobierno viaja a la capital comunitaria para subrayar los intereses de España ante el nuevo presupuesto europeo: los fondos de cohesión y la política agraria común

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. (EFE)

Con el campo ardiendo en casa, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha volado este miércoles a Bruselas para reunirse con Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, quien está realizando una ronda de contactos de cara a las negociaciones del próximo Marco Financiero Plurianual (MFP), sobre el que se tratará de alcanzar un acuerdo en la cumbre extraordinaria que se celebrará a partir del próximo 20 de febrero.

Sánchez viaja a Bruselas para evitar recortes en la UE que dañen más al campo español

Los países sureños y del este tienen claro cuáles son las intenciones de los poderosos y ortodoxos nórdicos: recortar algunas de las grandes partidas del presupuesto europeo, destinadas a gastos “tradicionales”, que son los fondos de cohesión, destinados a las regiones que más atrasadas se encuentran respecto a la media europea, y la Política Agraria Común (PAC), fundamental para los agricultores españoles.

Todos los países del llamado grupo “Amigos de la Cohesión” quieren mantener esta partida a salvo. Pero España tiene ahora un interés especial: el Gobierno se ve acorralado por un campo que se siente abandonado y que pide medidas efectivas, así que Moncloa no se puede permitir recortes importantes en dos partidas cruciales para el mundo rural.

España va a tener que afrontar algunas realidades crudas, como el hecho de que ya no recibirá tanto y tendrá que aportar más. Y la razón es que su peso ha aumentado durante el anterior ejercicio (2014-2020) y que, además, la salida de Londres de la Unión Europea exige que todo el mundo arrime el hombro, incluida Madrid. Pero no quiere que eso pase por recortes en cohesión ni PAC.

“Necesitamos presupuestos ambiciosos no solo en objetivos sino también el respaldo presupuestario detrás de ellos”, ha explicado Sánchez a su llegada al Consejo Europeo, donde se reunía con Michel. El presidente del Gobierno ha insistido en las dos claves para España: “Los fondos de cohesión y la PAC, y dentro de ella el pilar primero que es el de los pagos directos a los pequeños y medianos agricultores”.

Preguntado por si esta negociación puede ayudar a calmar los ánimos del campo español, Sánchez ha señalado que también debe tenerse en cuenta la política comercial y arancelarias de “superpotencias” como Estados Unidos. “Estamos diciendo a la Comisión Europea que tiene que valer el peso específico de un mercado único que representa a 500 millones de personas”, ha señalado el presidente.

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Sánchez ha insistido también en el mensaje enviado ayer por el ministro de Agricultura Luis Planas, y ha explicado que también hay que señalar hacia la formación de precios, donde “es evidente que las grandes distribuidoras tienen que hacen un examen, una autocrítica” porque falta “más transparencia” para defender al pequeño y mediano agricultor.

Negociaciones

Las negociaciones del MFP son complejísimas y marcan buena parte de la agenda europea de la década: es un marco presupuestario que cubre desde 2021 a 2027 y que refleja cuáles son las prioridades del club comunitario durante los próximos años.

De hecho, el principal problema para los nórdicos, es que las prioridades europeas de hoy no son las de hace diez años. Ahora es necesario incluir partidas destinadas a la seguridad y defensa, a la protección de las fronteras exteriores, a la gestión migratoria y al cambio climático. Y para eso, aseguran, hay que recortar por otro lado. No se pueden tener las dos cosas a la vez, y menos si se acaba de marchar un contribuyente como es el Reino Unido.

Hay tres posturas fundamentales: el Parlamento Europeo, el más ambicioso, pide que se ponga encima de la mesa el 1,3% de la renta nacional bruta europea, mientras que la Comisión Europea lo sitúa en el 1,11% y los más ortodoxos piden que ronde el 1%. Finlandia, que forma parte de este último sector y que ostentó la presidencia rotatoria durante los últimos seis meses del año, provocó un incendio diplomático al poner una propuesta sobre la mesa que solo cumplía con las expectativas de los ortodoxos y renunciaba siquiera a intentar lograr un compromiso con los demás.

Pero la tensión no se limita a roces entre los Estados miembros, y también alcanza al Ejecutivo comunitario. Alemania chocó frontal y públicamente con la anterior Comisión Europea, acusando a Bruselas de aumentar de forma desproporcionada su aportación y filtrando datos a la prensa que luego tuvo que desmentir el por entonces comisario de Presupuestos, el también alemán Günther Oettinger.

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