Un año completo de recesión en la industria
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La desindustrialización de Europa

Un año completo de recesión en la industria

El sector cierra un 2019 para olvidar y empieza 2020 con ilusiones renovadas pero con grandes preocupaciones por la debilidad de la demanda y la desindustrialización del continente

Foto: Horno de fundición en Salzgitter, Alemania. (EFE)
Horno de fundición en Salzgitter, Alemania. (EFE)

En diciembre de 2018, hace ya más de un año, Alemania estuvo a un paso de sufrir su primera recesión desde la crisis. La causa fue el deterioro de la industria, muy afectada por la situación de sus cuencas fluviales (que son clave para el transporte de mercancías) y por la crisis del diésel. Sin embargo, algo que parecía una situación coyuntural, se ha repetido durante todo el año 2019 extendiéndose por todo el continente.

La eurozona suma ya un año completo de recesión en el sector manufacturero. Ya no hay duda de que no era un bache de unos meses, sino que se trata de una crisis persistente que tiene factores coyunturales, pero también estructurales. Europa, que es uno de los grandes exportadores del mundo y la región con mayor superávit por cuenta corriente, corre el peligro ahora de quedarse atrás en la última revolución tecnológica.

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Según los datos de Eurostat, el Valor Añadido Bruto (VAB) del sector manufacturero sufrió en el tercer trimestre una contracción del 0,3% respecto a los tres meses anteriores, de forma que sumó ya cinco trimestres consecutivos de recesión. Los datos están muy afectados por la crisis de la industria alemana, pero no es la única, la mayor parte de los países del euro están atravesando serios problemas en sus fábricas.

Los datos del PMI (encuesta a gestores de compras) que elabora mensualmente Markit muestran un cierre de año muy complicado. La industria del continente sufrió una nueva recaída en diciembre tras tres meses de leve mejoría dentro de su fase contractiva. En concreto, el indicador europeo se situó en el nivel de 46,3 (por debajo de 50 indica contracción y, por encima, expansión).

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"Subrayando la continua debilidad subyacente en el comportamiento del sector, el promedio del índice PMI en el último trimestre fue 46.4, sin cambios frente a la mínima de casi siete años observada en el trimestre anterior", apunta Markit en su comunicado. Estos datos anticipan que los datos del cierre del año serán negativos y que el punto de partida de cara a 2020 no es optimista. "Tanto la producción como los nuevos pedidos continuaron disminuyendo fuertemente en diciembre".

Este enero se cumplirá un año completo de recesión en la industria según este indicador de Markit. Ya no es solo el diésel, los problemas se han extendido a casi todos los sectores de producción. La guerra comercial entre EEUU y China está afectando especialmente a Europa, que sufre más que nadie la escalada de aranceles y la caída de la demanda.

Tanto la producción como los nuevos pedidos continuaron disminuyendo en diciembre

Y no solo eso: el viejo continente se ha quedado atrás en la revolución industrial con respecto a los dos gigantes mundiales. La tecnología punta que un día tuvieron los países del norte de Europa ha sido adelantada por EEUU y, sobre todo, por China. La depreciación de sus divisas gracias al euro sirvió para lograr una mejora de la competitividad sin ningún esfuerzo, pero la inversión no ha acompañado para lograr mejoras de la productividad o de la innovación.

Este periodo de crisis en la industria es solo una fase más dentro de la desindustrialización que está viviendo el continente. Los servicios cada vez ganan más peso, mientras que las manufacturas llevan décadas perdiendo peso en el PIB y el empleo.

El número de trabajadores en el sector industrial era más del 20% del empleo de la Unión Europea y de la eurozona hasta 1996. Desde ese momento el peso de la industria en el empleo ha caído hasta ser menos del 15%.

En el caso de España, el peso de la industria en el PIB ha pasado de ser el 19% a finales de los noventa a situarse por debajo del 12% en la actualidad. Los datos del PMI de España muestran el mayor descenso de la actividad en el sector desde abril de 2013, cuando el país todavía estaba saliendo de la crisis.

"El sector manufacturero español se enfrentó a un desafiante final de año, y la pasada y continua debilidad de los volúmenes de ventas condujo a una persistente reducción de la producción, de la actividad de compras y del empleo", señala Paul Smith, director económico de IHS Markit.

"El sector manufacturero se enfrentó a un desafiante final de año, y la debilidad de las ventas condujo a una reducción de la producción"

El gran riesgo para la economía es que esta debilidad de la industria acabe por contagiarse al sector servicios, que se ha convertido en el pilar de la economía española. Tradicionalmente, el contagio ha sido limitado, por lo que hay margen para el optimismo o para acotar el pesimismo. Así se pone de relieve en el último estudio realizado por CaixaBank Research.

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Sin embargo, la resistencia de los servicios a la crisis de la industria no es infalible. Los riesgos que se presentan en el horizonte "podrían reactivar los temores", señalan los analistas Adrià Morron Salmeron y Àlex Ruiz en su estudio. Dos son los principales focos de riesgo. El primero es estructural: los servicios se han 'industrializado' en las últimas décadas. Muchos servicios están muy integrados en las cadenas de la industria y otros son servicios genuinos que se parecen mucho a la producción manufacturera. Esta integración aumenta el riesgo de contagio.

El segundo es coyuntural: el aumento de las tensiones proteccionistas empieza a pasar factura a la confianza de los consumidores nacionales. Los servicios son menos comercializables, de modo que están menos afectados por la guerra comercial. Sin embargo, si esta incertidumbre se prolonga, puede terminar por afectar a la demanda interna, algo que ya está ocurriendo en España. "No se puede descartar un contagio a los servicios fruto de un empeoramiento de la confianza de consumidores, inversores y empresas", explican los autores. De esa forma es cómo el 12% de la economía puede terminar por contagiarse al 88% restante.

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