DOS CLAVES: AIRBUS Y LA TASA DIGITAL

EEUU pone en riesgo la tregua comercial y trata de acotar los planes de la UE

Las renovadas tensiones entre Estados Unidos y la Unión Europea ponen en riesgo la tregua comercial y dificultan los planes futuros de Bruselas sobre los gigantes digitales

Foto: Jean-Claude Juncker (izquierda) y Donald Trump (derecha). (Reuters)
Jean-Claude Juncker (izquierda) y Donald Trump (derecha). (Reuters)
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No ha sido la semana más fácil para el mantenimiento de una relativa calma en las relaciones transatlánticas. Lo negativo es que está lejos de ser la peor con unos lazos entre Estados Unidos y la Unión Europea que demuestran que cuando tocas fondo puedes empezar a escarbar. Tras un tiempo de relativa tranquilidad, en los últimos días han vuelto las amenazas de aranceles y la “tregua” comercial firmada a mediados de 2018 ha vuelto a peligrar.

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca las tensiones comerciales entre Bruselas y Washington han sido continuas, aunque al final, en el último momento, siempre se ha conseguido que la sangre no llegara al río. Esta semana, con el telón de fondo de una cumbre de la OTAN en Londres que ha demostrado lo alejados que se encuentran los socios transatlánticos, han vuelto las amenazas.

La situación actual de las relaciones se basa en una tregua labrada por Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, que evitó en su visita a la Casa Blanca en julio de 2018 la imposición de aranceles sobre las exportaciones del sector automovilístico europeo que habría sido un torpedo sobre la línea de flotación de la economía alemana. Estados Unidos mantiene sus aranceles sobre el aluminio y acero europeo utilizando la seguridad nacional como base, y, aunque no lo ha descartado, por ahora no ha vuelto a amenazar con medidas sobre el sector automovilístico.

Pero el conflicto en la Organización Mundial del Comercio (OMC) por las ayudas a Boeing y Airbus, y las tensiones con Francia por el anuncio de su impuesto digital, parecen haber agrietado esa paz, que ahora peligra. Así de movido se presenta el escenario a la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que se ha comprometido esta semana a ser flexible y a buscar el diálogo con la esperanza de que poder dar un soplo de aire fresco a las relaciones y buscar una solución más o menos estable que evite las amenazas continuas y neutralice la incertidumbre.

OMC y Francia

La posible quiebra de la tregua llega desde dos flancos. Por un lado la victoria americana en octubre, cuando la OMC autorizó a EEUU a imponer aranceles de hasta el 100% sobre bienes europeos por un valor de hasta 7.500 millones de dólares por las acusaciones cruzadas de subsidios a Boeing y Airbus, ha sido uno de los elementos que han avivado las tensiones. Washington decidió solo aplicar un 10% a las aeronaves y un 25% a bienes industriales y agrícolas.

Pero la UE no ha movido ficha en relación con Airbus, y por eso Robert Lighthizer, secretario de Comercio americano, ha amenazado con aumentar los aranceles. “Se necesitan acciones fuertes para convencer a la UE de que su interés está con la eliminación de estos subsidios que distorsionan el mercado”, aseguró esta semana Lighthizer. La UE está a la espera de que durante las próximas semanas la OMC dicte su opinión sobre el otro lado de este conflicto: los subsidios americanos a Boeing.

El pulso que comenzó en 2004 no tiene pinta de acabar en ningún momento pronto y consiste en un intercambio de culpas continuas. Los americanos señalan que Airbus se ha beneficiado de una ayuda de unos 22.000 millones de euros por parte de la UE, que a su vez acusa a Estados Unidos de financiar a Boeing con unos 23.000 millones de euros.

Además, la UE no acepta la decisión de esta semana del organismo de apelación de la OMC, que señala que el bloque comunitario y España, Francia, Alemania y el Reino Unido, no estaban cumpliendo con una decisión de 2016 de acabar con el apoyo a los modelos A350 y A380. Bruselas baraja apelar porque la OMC “ha cometido una serie de errores legales graves en su evaluación”.

Por el otro lado, Estados Unidos ha reaccionado a la decisión de Francia de avanzar hacia un impuesto digital sobre los gigantes tecnológicos con la amenaza de imponer aranceles del 100% sobre productos franceses por valor de 2.400 millones de dólares.

Lighthizer: “Se necesitan acciones fuertes para convencer a la UE de que su interés está con la eliminación de estos subsidios"

Washington considera injusto que Francia grave a las empresas norteamericanas, pero es precisamente en ese eje sobre el que gira toda la lógica europea que busca crear un impuesto digital: los gigantes tecnológicos deben pagar impuestos donde generan los beneficios, no solo en el país donde tienen su sede. Es un debate que la UE lleva abordando desde hace mucho tiempo, y precisamente se encuentra bloqueado porque algunos países tienen miedo de que EEUU considere un impuesto digital como un ataque frontal.

Bruselas ya se ha mostrado lista para reaccionar en caso de ser necesario, algo a lo que también ha instado Países Bajos, cuyo ministro de Finanzas Wopke Hoekstra se muestra especialmente preocupado por la situación de desventaja y de debilidad que muestra la UE en un contexto internacional cada vez más agresivo. “No es digno de un aliado, y no es el comportamiento que esperamos por parte de Estados Unidos hacia uno de sus principales aliados”, aseguró el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire.

El problema de la actuación americana es que es una primera reacción que puede mostrar que las relaciones durante los próximo cinco años van a ser muy difíciles. La UE se ha marcado como una de sus prioridades el mundo digital y como manejarlo. Margrethe Vestager, que fue comisaria de Competencia entre 2014 y 2019, y que se ganó la fama de “dama de los impuestos” en palabras de Trump por sus grandes multas a las multinacionales americanas, estará ahora al frente de esa transformación digital, además de conservar la cartera de competencia, lo que hace prever una relación nada sencilla.

La UE tendrá que avanzar en su agenda digital, que en gran parte circula por la limitación del poder de los gigantes americanos en Europa, además de tratar de imponerles un gravamen, a la vez que trata de conservar la delicada tregua comercial y se acostumbra a que las amenazas de aranceles de forma continua son el nuevo 'status quo' de las relaciones entre Washington y Bruselas.

El futuro no parece especialmente esperanzador tampoco para la Unión Europea en el marco global, que se aferra a los organismos multilaterales y trata de sobrevivir en un mundo en el que los dos gigantes que ahora dominan la economía global han dejado de creer en ellos y las utilizan, estiran y amputan dependiendo de sus intereses semanales. El organismo de apelación de la OMC dejará de funcionar la semana que viene ante la negativa americana a renovarlo, y las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos no terminan de desinflarse, lo que garantiza una continuidad en la ralentización de la economía global.

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