Muchos vuelven con una familia hecha

Los españoles vuelven a casa: por primera vez en la crisis, el saldo migratorio es positivo

En 2018 llegaron a España 83.700 nacionales que vivían en el extranjero y emigraron 80.300 españoles. Muchos vuelven con niños después de haber formado una familia en el extranjero

Foto: Imagen del aeropuerto de Barajas. (EFE)
Imagen del aeropuerto de Barajas. (EFE)

Cuando estalló la burbuja inmobiliaria, muchos españoles tuvieron que hacer las maletas para buscar oportunidades fuera. Algunos buscaron destinos profesionales y otros, los españoles nacidos en el extranjero, se fueron a su lugar de origen. Ahora, con la recuperación de la economía y la creación de empleo, vuelven a tener hueco en el mercado laboral español y han decidido volver. En 2018 llegaron a España 83.728 inmigrantes con nacionalidad española y se fueron 80.253, lo que arrojó el primer saldo positivo de la crisis.

En concreto, el saldo migratorio de nacionales fue de 3.475 nuevos residentes, que es fruto del aumento de la inmigración y de la caída de la emigración. Los 83.728 inmigrantes españoles suponen la mayor cifra de regreso a casa nunca alcanzada. Por el contrario, la emigración de españoles se está ralentizando, hasta el punto de que está ya un 15% por debajo del máximo alcanzado en 2015.

La movilidad internacional sigue siendo fuerte y nada invita a pensar que no siga siendo así. En ese sentido, España va convergiendo con la tendencia europea de que los jóvenes pasan una etapa de su vida en el extranjero para completar su formación o para lograr su primera experiencia profesional. Sin embargo, esta emigración no es forzada por la crisis económica, al contrario, es fomentada por la recuperación.

Pero la mayor diferencia reside en el regreso de emigrantes. Durante los peores años de la crisis apenas retornaban 27.600 españoles, hoy esta cifra se ha disparado por encima de los 83.000 regresos, la cifra más alta de la serie histórica.

En este grupo social se encuentran todos los ciudadanos con nacionalidad española, ya sean nacidos en España de padres nacionales o inmigrantes y también los españoles nacidos fuera de España de padres españoles. Esto significa que se trata de un grupo muy heterogéneo.

Uno de los aspectos más positivos para la demografía española es que las familias vuelven con hijos que tienen nacionalidad española heredada de sus padres. En total, en 2018 entraron 7.201 niños de entre cero y cuatro años, lo que permitió que el saldo migratorio alcanzase los 3.695 niños. Esto es, sin esos hijos, el saldo migratorio total de españoles sería negativo.

También se ha producido un importante incremento de llegada de adolescentes entre 10 y 19 años, con un total de 14.146 inmigrantes. En este caso, la mayor parte son hijos de los españoles inmigrantes que llegaron a España durante el ‘boom’ inmobiliario, que tuvieron a sus hijos en el país y que durante los años de la crisis tuvieron que volver a sus lugares de procedencia. Ahora vuelven a España gracias a la recuperación del mercado laboral y ayudan a reequilibrar el invierno demográfico.

Por el contrario, todavía se mantiene la salida de españoles en edad de trabajar, a pesar de la mejoría lograda en los últimos años. Esto muestra que el mercado laboral todavía no está plenamente recuperado y que en el extranjero existen oportunidades que no hay en España. En 2018, el saldo migratorio de personas entre 25 y 39 años arrojó una pérdida de población de 6.950 españoles.

[El envejecimiento transformará la economía]

Si solo se tiene en cuenta el flujo migratorio de nacidos en España, el saldo sigue siendo negativo: en 2018 emigraron 25.782 personas más de las que inmigraron. Sin embargo, se ha producido un importante aumento en el retorno de jóvenes entre 25 y 39 años, justo aquellos conocidos como la ‘generación perdida’. En 2018 volvieron más de 20.000 nacidos en España de este rango de edad, lo que supone el doble de los que volvían hace apenas cuatro años.

Inmigración e invierno demográfico

La llegada de inmigrantes, tanto españoles como extranjeros, compensó la pérdida de población del 'invierno demográfico' que vive España. El saldo vegetativo del país (nacimientos menos muertes) arrojó una pérdida de población de 56.262 residentes. La llegada de inmigrantes compensó este descenso y hasta permitió el mayor crecimiento de la población desde 2008, justo antes del estallido de la crisis.

En total, en 2018 se incrementó la población residente en 276.186 personas gracias al saldo migratorio positivo de 333.672 personas. España recibió a lo largo del año a 643.639 inmigrantes, tanto españoles como extranjeros, la cifra más alta de toda la crisis. Por el contrario, la salida de residentes fue la menor en un decenio, con 309.365 inmigrantes.

De esta forma, el saldo migratorio vuelve a consolidarse como positivo después de que España perdiera a más de medio millón de habitantes durante los peores años de la crisis. En 2016 se logró revertir la tendencia negativa y desde entonces no ha hecho otra cosa que no sea mejorar, hasta el punto de situar al país en máximos desde la burbuja.

El saldo migratorio es positivo en todas las edades hasta los 74 años, a partir de ahí hay una pequeña pérdida de población. El pico se produce a la edad de 24 años, lo que significa que la inmigración es el único impulso rejuvenecedor del país, frente al envejecimiento de la población local. De los 333.672 nuevos ciudadanos que obtuvo España en 2018, el 47% tenían entre 0 y 24 años. Esto muestra que muchos inmigrantes viajan con sus hijos, lo que eleva la población joven.

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