Son Soria, Cuenca, Ávila y Teruel

España tiene ya cuatro provincias en las que más de la mitad de su población vive fuera

Ya hay cuatro provincias en las que más de la mitad de sus oriundos ha emigrado. Y todavía queda por delante la tercera gran despoblación del interior de España

Foto: Foto: EFE.
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España ha vivido en los últimos 70 años dos grandes transformaciones demográficas que han vaciado el interior del país. La mecanización del campo, a partir de la década de los cincuenta, provocó el primer movimiento, el éxodo rural del campo a la ciudad que vació los pueblos. Posteriormente, a partir de los setenta, los ciudadanos empezaron a emigrar hacia las grandes urbes, en especial Madrid, Barcelona, País Vasco y la costa este del Mediterráneo.

Estos dos grandes desplazamientos de población han dejado tras de sí la célebre ‘España vacía’ y han provocado un cambio tan profundo como que ya hay cuatro provincias en las que más de la mitad de sus oriundos ha emigrado. Se trata de Soria, Cuenca, Ávila y Teruel, que ya tienen menos del 50% de sus nacidos viviendo en la provincia, como ponen de relieve los datos del padrón publicados en 2019.

Otras provincias están cerca de caer en esta situación. Zamora, Segovia y Palencia serán las siguientes. Todas ellas en la zona de la meseta norte, que es la que más rápido se ha despoblado. La población oriunda ha optado por emigrar hacia regiones más dinámicas en busca de mejores oportunidades. Este flujo de emigración no se ha visto compensado por la inmigración: estas provincias apenas reciben flujos migratorios, lo que provoca que más del 70% de sus residentes hayan nacido dentro de la provincia. Si se van sus oriundos y no acogen población del resto de España o del extranjero, el resultado es que las regiones se van despoblando. De esta forma, el interior ha nutrido de mano de obra a los grandes núcleos urbanos y se ha quedado vacío.

El siguiente mapa muestra claramente el proceso de despoblación gradual desde el interior hacia la costa. Existe un gran núcleo de población, la Comunidad de Madrid, que es como un ‘agujero negro’ que atrae habitantes de las regiones periféricas. No es casualidad que sean justo Extremadura, Castilla y León y Castilla-La Mancha las que estén más despobladas.

Por el contrario, las regiones de la periferia retienen a la mayor parte de sus oriundos, que se quedan en su región trabajando porque encuentran el empleo que desean o bien porque no quieren emigrar lejos. La Comunidad Valenciana registra el menor nivel de movilidad: en la provincia de Valencia, vive algo más del 90% de las personas nacidas ahí, en Alicante, el 90% y en Castellón, el 87%.

Pero no solo ocurre en el Mediterráneo, sino que es una constante en todas las comunidades alejadas de Madrid. Por ejemplo, en Pontevedra y A Coruña reside más del 85% de la población nacida en la provincia. Lo mismo ocurre en País Vasco, o en la franja sur de Andalucía.

Existe un gran núcleo de población, la Comunidad de Madrid, que es como un ‘agujero negro’ que atrae habitantes de las regiones periféricas

Estos datos se ven reflejados en el primer mapa, que muestra una degradación de los tonos a medida que se avanza desde la costa hacia el interior. Se perciben claramente las dos Españas que existen en términos demográficos: la del interior, que se ha despoblado rápidamente, y la de la periferia, que ha resistido la pérdida de población.

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Lo que está reflejando el mapa es que la atracción de Madrid va perdiendo fuerza a medida que los territorios están más alejados. Esto se debe a dos fenómenos que ocurren en paralelo. El primero es que Madrid atrae la inversión que podría ir a las regiones cercanas, centrando la creación de empresas en la capital, lo que hace que cada vez se genere más empleo. El segundo es que los habitantes de poblaciones cercanas tienen más incentivos a desplazarse a Madrid que los de las provincias periféricas.

Ambos efectos combinados provocan que Madrid sea como un ‘agujero negro’ que vacía las regiones próximas gracias a su atracción de población e inversión. Este es un fenómeno común al resto de Europa y se conoce como 'efecto capital'. Por el contrario, la periferia consigue resistir mejor a este ‘efecto gravitatorio’ de la capital. Pero si hay tres provincias que son totalmente inmunes a la atracción de Madrid son las tres insulares: Baleares, Tenerife y Las Palmas. De hecho, son las tres provincias en las que viven más oriundos: más de un 91% de los nacidos se ha quedado allí a vivir.

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Castilla y León es la comunidad que más rápido se ha despoblado, incluso más rápido de lo que cabría pensar en función del nivel de vida. El salario medio en la comunidad siempre ha sido superior, por ejemplo, al de la Comunidad Valenciana o Murcia. Sin embargo, mientras Castilla sufría el 'efecto atracción' de Madrid en su máxima expresión, Valencia y Murcia lo sentían muy mitigado. Esto significa que la emigración no se debe exclusivamente a las peores condiciones de vida, también responde a la proximidad del foco de atracción de población. Esto explica por qué Soria o Ávila han perdido ya a más del 50% de los nacidos, mientras que Valencia conserva todavía al 90% de los nacidos en la provincia.

De hecho, en Valencia hay más oriundos que han emigrado a Alicante (el 1,7%) que a Madrid (el 1,4%). Y lo mismo ocurre con Alicante, que tiene más nacidos viviendo en Murcia (el 1,6%) que en Madrid (el 1,5%). Por el contrario, la despoblación de Ávila se ha dirigido casi en exclusiva a Madrid, donde reside el 33% de los abulenses, y en Cuenca pasa lo mismo, con el 18% de los conquenses. Es la consecuencia de la proximidad a la capital.

La tercera transformación

Las regiones que se están despoblando ya han vivido dos transformaciones demográficas, el éxodo rural y la emigración a las grandes urbes; pero todavía queda una tercera que terminará de vaciarlas: el fallecimiento de los jubilados actuales. Las provincias en las que más gente ha emigrado coinciden con las que tienen mayor porcentaje de población por encima de 65 años. Esto significa que están viviendo ya la cuenta atrás para una gran despoblación provocada por el saldo vegetativo negativo (más muertes que nacimientos).

Por ejemplo, en Zamora, Ourense o Lugo, en torno al 30% de la población tiene más de 65 años. Por el contrario, en Las Palmas, Baleares o Tenerife, donde la emigración es muy escasa, los mayores de 65 años representan menos del 17% de la población. Y lo mismo ocurre en Murcia, Almería, Cádiz o Sevilla.

Es lógico que sea así, ya que las personas que abandonan su tierra de nacimiento para buscar un empleo son precisamente las que están en edad de trabajar. La movilidad se centra en los jóvenes, de ahí que el flujo de población esté estrechamente relacionado con el envejecimiento de las regiones.

Todas las provincias en las que el porcentaje de población mayor de 65 años supera el 26% tienen más de un tercio de sus oriundos viviendo fuera. Por el contrario, todas las que tienen menos de un 17% de mayores han sufrido una emigración inferior al 22% (con la excepción de Guadalajara, que es una provincia muy peculiar por su proximidad a Madrid).

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Todas estas regiones envejecidas sufrirán la última fase de la transformación demográfica en las próximas décadas. A medida que los mayores van muriendo, los pueblos del interior en los que apenas quedaban habitantes nacidos antes del éxodo rural se vaciarán por completo. Este es su destino, salvo que un cambio de políticas o de hábitos de trabajo logre revertir la tendencia.

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