Consecuencia del 'efecto capital'

El efecto Madrid y Barcelona se expande: las provincias limítrofes son las que más crecen

Guadalajara, Toledo, Girona y Tarragona lideran las estadísticas de crecimiento en el nuevo milenio gracias al 'efecto capital' que atrae cada vez más actividad hacia las grandes urbes

Foto: Ilustración: Raúl Arias
Ilustración: Raúl Arias

A nadie se le ocurriría pensar que provincias como Guadalajara, Toledo, Girona o Tarragona podrían liderar las estadísticas de crecimiento de España, pero es la realidad. Las cuatro ocupan los puestos cabeceros en casi todas las estadísticas económicas y demográficas desde el año 2000. Esto es, son líderes en crecimiento del PIB, de la población o de empresas activas y lo hacen por un factor que tienen las cuatro en común: son provincias limítrofes de Madrid y Barcelona y no tienen barreras geográficas que las separen.

La salida de Madrid por la autovía del Noroeste (A2) muestra un paisaje homogéneo: oficinas y naves de empresas a ambos lados de la carretera hasta la ciudad de Guadalajara. La localización es perfecta, se sitúa a escasos kilómetros de Madrid por autovía y además con salida hacia Barcelona. Una situación similar ocurre en la autovía de Madrid hacia Toledo, y también en la salida de Barcelona hacia Girona y Tarragona. Y no solo hay empresas, en estas provincias también abundan las 'ciudades dormitorio' que proliferan cada vez más lejos de las grandes urbes, llegando a superar las fronteras provinciales, ya que el precio de la vivienda se vuelve mucho más económico. La concentración de trabajo y población genera, a su vez, demanda de servicios, tanto públicos (sanidad, educación, etc.), como privados.

El resultado es que la concentración de empresas en torno a las grandes urbes, en lo que se conoce como 'efecto capital', radia cada vez más actividad económica a las regiones limítrofes. Una condición indispensable que deben cumplir es que las comunicaciones con la capital sean buenas, para lo cual son fundamentales las infraestructuras y la ausencia de barreras naturales. Por ejemplo, las provincias que limitan con Madrid por el noroeste, Segovia y Ávila, no han sufrido este efecto de atracción por la presencia del Sistema Central. De hecho, se trata de dos de las provincias que menos han crecido en este periodo. Y lo mismo ocurre con Lleida y la Cordillera Costero-Catalana.

Guadalajara, Toledo, Girona y Tarragona, por el contrario, cumplen todos los criterios necesarios para que la actividad económica de las grandes urbes permee dentro de su territorio. Esto explica por qué ocupan los primeros puestos en las estadísticas de crecimiento desde el año 2000.

Guadalajara es la que más destaca, con una evolución exponencial respecto al resto de regiones. Para empezar, es la única provincia española que ha duplicado su PIB desde el año 2000 hasta 2016, con un avance del 110%. En este periodo, el conjunto de España creció un 73%, esto es, casi 40 puntos menos que Guadalajara. La región ha vivido una auténtica transformación en apenas 15 años, y eso a pesar de que en este periodo España atravesó su peor crisis en casi un siglo. Su economía, que dependía básicamente del mundo rural, se ha urbanizado y ha abrazado al sector servicios como motor de su PIB. Además, la llegada de empresas multinacionales a su territorio ha terminado por dinamizar la actividad con empleos más productivos.

[¿Frenazo o simple desaceleración? Qué le pasa a la economía española]

Girona y Tarragona ocupan el segundo y tercer lugar de crecimiento del PIB con un avance del 95% y 94% respectivamente en estos quince años. Toledo, por su parte, está un poco más retrasada, en la novena posición, con un avance de su producción del 83%.

Sin embargo, el crecimiento de todas ellas no ha sido homogéneo. Las dos provincias castellanas han centrado su producción en los servicios, que en muchos casos han servido de apoyo a las empresas instaladas en Madrid. Por ejemplo, en Guadalajara la aportación de los servicios auxiliares (que recogen todo el abanico de empleos profesionales como finanzas, inmobiliario, ingeniería, ciencia, etc.) se ha disparado un 225% y en Toledo han crecido un 159%.

Por el contrario, en Girona y Tarragona se ha asentado con más fuerza la industria. La producción manufacturera de ambas se ha duplicado en estos años. La posición de estas dos regiones es estratégica para la industria, no solo porque se sitúen al lado de Barcelona, sino también porque se encuentran a las puertas de Europa y con una salida al mar próxima. Esto favorece la exportación de bienes hacia otros países, por lo que muchas compañías eligieron estas provincias para instalarse.

En todas ellas, la agricultura ha ido perdiendo peso en el PIB rápidamente. Esto muestra que en estos años se han urbanizado, relegando a la agricultura y la ganadería a actividades minoritarias.

El crecimiento se retroalimenta

La presencia de nuevas empresas, así como el establecimiento de ciudades dormitorio en estas provincias generó a partir del año 2000 un efecto de retroalimentación sobre su economía. A medida que se instalan más personas en estos territorios, demandan servicios que redundan en mayor creación de empleo.

Entre 2000 y 2018 la población de España se incrementó un 15%, pero en Guadalajara creció tres veces más rápido y en las otras tres, el doble. Y lo mismo ocurre con el número de afiliados a la Seguridad Social, esto es, el número de empleos.

Tal incremento en la población ha provocado que se haya desarrollado mucho el sector servicios en todas estas regiones. Por ejemplo, el de comercio y hostelería (el INE no ofrece esta información desagregada) ha crecido más rápido en Guadalajara y Toledo que en Barcelona o Baleares. Evidentemente, el turismo tiene un impacto menor, especialmente en Guadalajara, y el crecimiento de este sector se debe a que el consumo se ha disparado.

Lo mismo ocurre con los servicios públicos: enseñanza, sanidad, transporte, mantenimiento… La producción pública en las cuatro comunidades autónomas ha tenido que duplicarse desde el año 2000 para dar respuesta a los derechos de los nuevos ciudadanos.

El establecimiento de nuevas empresas y de ciudades dormitorio retroalimentó su economía a partir del año 2000

También ha crecido con fuerza el número de empresas activas y locales abiertos en este periodo, estadística que también recoge el INE. Por ejemplo, en Guadalajara hay actualmente un 52% más de empresas en funcionamiento que en el año 2000.

[El 'ocaso' del norte de España]

El crecimiento de las grandes metrópolis se realiza a costa de las regiones que se van despoblando. Este es uno de los graves problemas a los que se enfrenta España en la actualidad. Las regiones del noroeste y el interior cada vez están más envejecidas y los jóvenes emigran hacia las grandes ciudades, en las que se concentra el empleo y la riqueza. Por ejemplo, en Guadalajara la población se ha incrementado un 54% desde el año 2000, pero en Cuenca, su vecina del sur, ha caído un 2% y en Zamora se ha hundido nada menos que un 14%.

De esta forma, cada vez se amplían más las diferencias entre regiones. Y lo que es más peligroso: el interior y el norte de España dependen de las transferencias de renta que generan las pensiones. ¿Qué ocurrirá cuando esa población envejecida vaya muriendo y se apaguen las transferencias?

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