primera reunión del bce de 2016

Draghi anticipa más medidas en marzo ante el aumento de los riesgos deflacionistas

El Banco Central Europeo vuelve a cargar la 'escopeta'. Preocupado por "unas dinámicas de inflación que continúan más débiles de lo esperado", ha preparado el terreno para actuar de nuevo

Foto: El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. (Reuters)
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. (Reuters)

De tantas veces que se ha visto la escena, la sensación de 'déjà vu' resulta inevitable. Consiste en que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se sitúa ante un micrófono, promete nuevas medidas monetarias y causa un efecto balsámico casi inmediato en los mercados financieros. Este jueves, esta situación ha vuelto a repetirse en la primera reunión de política monetaria del consejo de gobierno de la entidad en 2016. 

Primero, el BCE ha despachado la cita sin cambios. No ha tocado los tipos de interés oficiales, que permanecen en el mínimo histórico del 0,05%, nivel en el que llevan desde septiembre de 2014. Tampoco ha modificado los tipos de la facilidad de depósito, que continúan en el -0,30%. Ni ha alterado el volumen ni el calendario de su programa de compra de deuda (QE), que sigue dotado con 60.000 millones de euros al mes y cuya vigencia se mantiene hasta marzo de 2017. Como esta vez no tocaba intervenir con hechos, porque apenas ha pasado mes y medio desde la última vez que lo hizo, Draghi lo ha hecho con palabras, una variante con la que, sobre todo, pretende 'comprar' tiempo y calmar los nervios vistos en los mercados financieros desde el arranque del año. 

El banquero italiano se ha cobijado en el incremento de las presiones bajistas sobre los precios para anticipar que la entidad volverá a la carga, con más munición monetaria expansiva, dentro de seis semanas. "Será necesario revisar y posiblemente reconsiderar nuestra política monetaria en nuestra próxima reunión a comienzos de marzo", ha telegrafiado Draghi. "El BCE tiene el poder, la determinación y la disposición de actuar", ha remachado para disipar dudas. 

Cuando un banquero central lanza este tipo de mensajes, no suele hablar en vano. El presidente del BCE ya empleó esta fórmula de anunciar una "reconsideración" del calibre de su estrategia monetaria en la cita del 22 de octubre. Y seis semanas después, en la reunión de comienzos de diciembre, cumplió su palabra: rebajó los tipos de la facilidad de depósito del -0,20% al -0,30%, y amplió el periodo de vigencia del programa de expansión cuantitativa (QE) hasta marzo de 2017, seis meses más de lo anunciado inicialmente. 

El BCE se siente empujado a actuar en marzo por la incertidumbre en torno a los emergentes, la volatilidad en los mercados y los riesgos geopolíticos

Para justificar sus intenciones, Draghi ha mencionado en esta ocasión tres motivos precisos por los que el BCE vuelve a estar alerta. El primero, "la creciente incertidumbre en torno a las previsiones de crecimiento de las economías emergentes". El segundo, "la volatilidad en los mercados financieros y de materias primas". Y el tercero, "los riesgos geopolíticos". 

Combinando los tres, el BCE obtiene que "los riesgos bajistas han crecido" y que "las dinámicas de inflación en la eurozona continúan más débiles de lo previsto". Los datos así lo confirman. En diciembre, la inflación de la región se limitó a una tasa interanual del 0,2% y acumula 27 meses consecutivos por debajo del 1%. Como permanece lejos del objetivo de la entidad de situarla a medio plazo por debajo, pero cerca, del 2%, el BCE siente que debe reforzar el carácter expansivo de su política monetaria para desterrar las presiones deflacionistas y devolver la inflación a tasas más próximas a las que marca su mandato. 

Vuelven las quinielas

El mensaje de Draghi está teniendo la correspondiente respuesta en los mercados. Y es la prevista, porque alimenta las compras de acciones y bonos y ventas de euros. Las bolsas europeas se anotan subidas comprendidas entre el 2% y el 3,5%, en tanto que, con motivo de las compras, la rentabilidad del bono alemán a 10 años baja del 0,48 al 0,44%, y la del bono español a 10 años, del 1,78 al 1,67%. En cuanto al euro, que esperaba a Draghi en torno a los 1,09 dólares, se deprecia con sus palabras hasta los 1,08 dólares.

Los inversores, por tanto, dan por hecho que, como ya ocurrió en octubre y diciembre, los dichos del presidente del BCE se convertirán en hechos dentro de seis semanas, en la cita del 10 de marzo. Y como ya ocurrió hace tres meses, su discurso alimenta las quinielas acerca de lo que verdaderamente puede hacer la entidad.

Como entonces, apuntan en tres direcciones principales. La primera, incrementar el volumen de las compras mensuales de deuda que el BCE realiza bajo el QE. Actualmente, el BCE dedica 60.000 millones de euros al mes a adquirir deuda pública y privada, una cifra que no ha sido modificada desde que la institución anunció su programa de compras en enero de 2015. La segunda, ampliar el tipo de activos que compra en el mercado. Y la tercera, seguir reduciendo los tipos de interés de la facilidad de depósito para situarlos aún más en negativo. 

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