tras su designación inicial para la cúpula

El 'lobby' del Ibex frena la entrada de Alierta en CEOE para no parecer una mera 'filial'

CEOE anunciaba a la una el nombramiento de César Alierta para su Comité Ejecutivo. Minutos después, rectificaba. Una vuelta atrás con cierta intrahistoria

Foto: El presidente de CEOE, Juan Rosell, y el de Telefónica, César Alierta. (Efe)
El presidente de CEOE, Juan Rosell, y el de Telefónica, César Alierta. (Efe)

Acechaban las dos de la tarde del pasado miércoles. La patronal CEOE, tras la Junta Directiva que suponía la puesta de largo de Juan Rosell después de lograr la victoria en las elecciones de diciembre, anunciaba la entrada en el Comité Ejecutivo de un peso pesado como el presidente de Telefónica, César Alierta. “A ver si así conseguimos que venga”, aseguraba con una mezcla de ironía y satisfacción una fuente interna de la organización. Claro que apenas minutos después, donde se dijo digo, se decía Diego. La institución rectificaba y concedía esa representación a uno de los comodines de la teleco, Julio Linares.

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El argumento no fue cuestionado por nadie. CEOE explicó que la designación de Alierta se había efectuado por defecto, en su calidad de presidente de la Asociación de Empresas de Servicios de Telecomunicaciones. Un simple error, nada importante. O tal vez Rosell no podía esperar una postrera negativa del capo de Telefónica después de que, durante la campaña electoral, Alierta se mostrara abiertamente partidario de que el empresario catalán repitiera al frente de la entidad. “La transformación [de CEOE] debe continuar bajo el mandato de Joan Rosell, y consolidar los logros obtenidos”, llegó a decir el ejecutivo maño a seis días vista de los comicios.

En pleno debate, los presentes en la reunión del Consejo Empresarial de la Competitividad se enteraron a través de sus dispositivos móviles del anuncio de CEOE por el que Alierta se incorporaba a la cúpula de la organización. Tras la sorpresa inicial, alguno se temió lo peorEso sí, casualidades de la vida, en paralelo a la fatídica notificación pública, el Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC), el lobby de las grandes empresas del Ibex 35 que preside el propio Alierta, mantenía uno de sus encuentros periódicos y debatía el esquema de relaciones con la patronal. Durante el cónclave y según aseguran fuentes conocedoras del mismo, los primeros ejecutivos de las corporaciones nacionales mostraron su disposición genérica a encontrar formas de colaboración con la patronal, pero dejando claro que era preciso elegir un mejor momento.

“Justo después de que Rosell haya sido elegido presidente, parecería una forma de ‘filialización’”, explican estas fuentes. Una tesis imbatible destrozada por las nuevas tecnologías. Y es que, en pleno debate, los presentes se enteraron a través de sus dispositivos móviles del anuncio de CEOE por el que Alierta se incorporaba a la cúpula de la organización. Tras la sorpresa inicial, alguno de los asistentes se temió lo peor, véase que el presidente de Telefónica hubiera accedido a compartir foro con Rosell, tal vez de forma tácita o inocente, pero sin haberlo consensuado antes con sus colegas del Consejo.

Cuestión de segundos, no obstante, ya que Alierta dejó claro que se trataba de un malentendido. Lejos de su intención provocar roces con sus colegas de foro. A partir de ahí, el resultado fue el descrito. La Confederación rectificó rauda y se atribuyó la culpa de un desaguisado que se desactivó a tiempo y que, en el fondo, viene a poner sobre las mesa las diferentes sensibilidades que recorren a día de hoy las organizaciones empresariales más importantes. Todo pese a que, en público, se destaque la colaboración total que existe entre el conjunto de instancias.

'La aproximación de Rosell a lobbies como el CEC, vinculado a otros como el Instituto de la Empresa Familiar, aleja a CEOE de la representatividad del tejido empresarial', aseguraba en su momento un defensor de la candidatura de GaramendiRepresentación empresarial

La cuestión no es baladí. De hecho, ha marcado las elecciones de CEOE. Antonio Garamendi, el aspirante al trono, estuvo a punto de derrotar a su adversario catalán con un mensaje muy simple: regeneración ética y, sobre todo, acercar la patronal a las pymes. “La aproximación de Rosell a lobbies como el CEC, vinculado a otros como el Instituto de la Empresa Familiar (IEF), aleja a CEOE de la representatividad del tejido empresarial. Tampoco está demasiado claro que le convenga al Gobierno que, a fin de cuentas, tiene a sindicatos y patronal como interlocutores para negociar los temas laborales. Si se desvirtúa la esencia de CEOE, esa representación empresarial estaría en cuestión”, aseguraba en su momento un defensor de la opción del aspirante vasco.

Rosell no ha escondido nada sobre su fórmula mágica. Como publicó El Confidencial, el dirigente hacía llegar al CEC antes de las elecciones una propuesta para intercambiar directivos en los órganos de gobierno. La vinculación de ambas entidades, que estuvo a punto de escenificarse el jueves y que está en la hoja de ruta de ambas organizaciones, supondría todo un cambio de paradigma en el mundo empresarial, con toda una pléyade de organizaciones velando por los intereses de las grandes corporaciones y muchos pequeños empresarios buscando un discurso sobre problemas más mundanos que, a día de hoy, son los que les preocupan. Basta ver el resultado de Garamendi, con todo el establishment en contra. Para tomar nota.

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