juega seguidos los torneos de wuhan y pekín

El camino de Garbiñe Muguruza hacia Singapur pasa por revivir su idilio con China

La tenista española, a pesar de haber ganado Roland Garros, aún no tiene segura su plaza en el torneo de las mejores del año, que se celebrará dentro de un mes en la ciudad-estado asiática

Foto: Garbiñe muguruza, en Tokio (EFE)
Garbiñe muguruza, en Tokio (EFE)

Cuando llega octubre el tenis da los últimos coletazos. Son semanas con torneos importantes que quedan minimizados antes la asunción de que no habrá un Grand Slam hasta que llegue Australia en enero. Lo único que queda sobre el tapete, el objetivo marcado, es estar en la cita de final de año, el Masters. El femenino, en esta temporada, se jugará en Singapur y allí estarán ya seguro Angelique Kerber y Serena Williams, que han ganado tres de los cuatro grandes de esta temporada. La lógica invitaría a pensar que a estas alturas la otra campeona también tendría su plaza ya sellada, son demasiados puntos los que da ganar uno de los cuatro grandes como para no estar. Pero Garbiñe Muguruza, flamante ganadora de Roland Garros, no ha hecho prácticamente nada más en el resto de la temporada. Las otras campeonas suman más de 7.000 puntos desde el 1 de enero. Garbiñe, a pesar de su gran victoria, solo tiene 3.458. 2.000 de ellos llegaron en París

En la carrera por estar en Singapur está sexta, por debajo también de Halep, Pliskova y Radwanska. Tenistas menos brillantes que ella pero muchísimo más constantes. Lo normal, a pesar de todo, es que Garbiñe esté en la ciudad-estado del índico para disputar la cita de final de año en la que la temporada pasada fue finalista. Es lo lógico, porque uno de los meses del hispano-venezolana vale casi más que la carrera entera de las que compiten por ella por estar en el Master. De hecho, de las diez primeras del ránking, y descontando a las dos ya clasificadas, solo Svetlana Kuznetsova puede presumir de tener un Grand Slam en sus vitrinas. 

Falta solo un mes para la gran cita. Esta semana Monica Seles ha ejercido de madrina recordándole a las jugadoras que tienen que hacer los deberes. Garbiñe, que sigue sin recuperar su juego, se ha puesto a ello. En Tokio no demostró su mejor tenis, siguió siendo una tenista común cuando está llamada a ser excepcional, pero no fracasó estrepitosamente. No se puede considerar así perder en cuartos de final contra Elina Svitolina, que viaja entre las 20 mejores jugadoras del mundo.

Tiene, además, un punto a su favor. Lo que le queda por delante se adapta a la perfección a sus características como tenista. Una buena Garbiñe puede dominar cualquier superficie pero, en estos momentos, con el tenis anémico que exhibe en las últimas semanas, es preferible que juegue en pista dura y bajo techo. Allí el juego es más rápido y la paciencia, tan escasa en el repertorio de Muguruza, tiene menos importancia. Ya lo demostró el pasado año, cuando logró uno de los mejores meses de su carrera en la gira asiática. 

Tuvo dos torneos brillantes consecutivos, que si se piensa en la falta de regularidad de la española es casi tan difícil como que gane un Grand Slam. Los dos fueron en China y el primero de ellos vuelve a enfrentarse con ella esta semana: Wuhan. Es un torneo de reciente creación, esta será su tercera edición, pero su participación es colosal. Hay dinero para pagar fijos y puntos a repartir. Muguruza el año pasado fue finalista y solo una lesión en el último partido, contra Venus Williams, logró apartarla del que hubiese sido su primer título de nivel -ya había logrado Hobart y Florianopolis antes- en WTA. Su carrera en el torneo de la ciudad china fue muy brillante, pues por el camino se impuso a Kerber, Ivanovic o Stephens, jugadoras de máximo nivel. 

La semana siguiente, como le pasará este año también, viajó por el interior del país hasta llegar a Pekín. En la capital china logró ser campeona en lo que, hoy en día, sigue siendo el segundo título de mayor importancia entre los que puede presumir. El Open de China es uno de los más prestigiosos del circuito y, sin duda, la cita más importante de este mes. Allí consiguió 1.000 puntos y 973.505 dólares de premio. Un buen botín, más aún si se le suman los 585 puntos y 227.700 dólares de Wuhan. Dos semanas rotundas. 

El reto de Carla Suárez

En una tesitura similar a la de Garbiñe se encuentra Carla Suárez. Sus caminos son radicalmente contrarios, eso sí. Garbiñe Muguruza, si todo es normal, estará en Singapur gracias a un mayo florido. La canaria, que lo tiene más difícil, lleva todo el año encadenando resultados buenos pero no descollantes. Ganó el torneo de Doha, de ello han pasado meses, y desde entonces lo habitual es que esté en octavos o en cuartos de final de todos los torneos en los que participa. Bien, pero no lo suficiente. O quizá sí, pero en el alambre. 

Ahora mismo está octava con 2.948 puntos, solo dos más que Madison Keys y 17 menos que Dominika Cibulkova. Esta clasificación, conocida como 'race' es diferente a la que se utiliza normalmente, pues solo contabiliza desde el 1 de enero y no los 12 últimos meses. Para conocer quiénes serán las que estén en Singapur es la clasificación más exacta y, dado la igualdad, las dos que mejores torneos hagan en Wuhan y Pekín serán las que estén en la ciudad-estado. Tiene alguna opciópn también Johana Konta, pero está más lejos. Es una carrera de tres por dos puestos. 

Sería la primera vez para Carla Suárez, una jugadora a la que el tiempo ha dado una madurez y consistencia que antes no existía. El año pasado ya estuvo como suplente, pero este año quiere evitar pasarse la semana sentada. Si lo consigue será un nuevo paso en una notable carrera contra los elementos. Cuando era joven, además de la inconsistencia propia de la edad, los expertos la miraban y pensaban que con su altura era imposible asaltar el tenis actual, que no llegaría a nada. Se fijaban en su juego, pulquérrimo, casi inmejorable, pero sabían que la fuerza no iba a acompañar. Eso, más que otra cosa, es lo que la impide estar arriba del todo. Pero terminar un año entre las ocho mejores del planeta sería en sí mismo un logro brillante. A cada deportista hay que pedirle que explore sus límites, y ese parece ser el de la jugadora canaria. 

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