fue derrotada por 6-3 y 6-2

El Brexit de Garbiñe: eliminada de Wimbledon por la 124 del mundo

La tenista española fue incapaz de encontrar su juego en ningún momento del partido y terminó siendo expulsada del cuadro por la eslovaca Jana Cepelova, que aprovechó sus fallos

Foto: Garbiñe, después de caer derrotada (EFE)
Garbiñe, después de caer derrotada (EFE)

Shock en la pista 2 del All England Tennis Club, lo que nadie esperaba ha ocurrido. Garbiñe Muguruza ya no forma parte de este Wimbledon, una desconocida, Jana Cepelova, la ha sacado del cuadro en la segunda ronda. Decepción, no hay otro nombre. Fracaso. Porque solo así puede entenderse cuando una jugadora tan superior es incapaz de centrar su tenis y termina saliendo antes de tiempo de un torneo en el que las quinielas la apuntaban como la segunda mejor opción. 

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La resaca de Roland Garros, el torneo tan brillantemente ganado hace tan solo un mes, ha sido un batacazo. La preparación para Wimbledon no ha sido la adecuada, solo un partido en un torneo menor como es el de Mallorca, una derrota. Pero eso no explica el cataclismo de Londres, no al menos completamente. Incluso llegando corta de hierba Garbiñe tiene tenis suficiente para no sufrir contra una rival que, perdida en el número 124 del mundo, no debería suponer oposición. 

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Apareció de nuevo el Mister Hyde presente en Muguruza. Es una figura conocida, bien es sabido que es muy capaz de ganar a las mejores y, también, presa de desconexiones tontas que le llevan a ser vulnerable contra rivales menores. No ganó Cepelova, aunque la eslovaca hizo un buen partido, perdió la española. Garbiñe fue incapaz de hilar su juego, de meter en la pista los golpes que, habitualmente, para ella son pura rutinas. Volvió a las dobles faltas, a las bolas a la red y a los raquetazos excesivos que mandan los golpes muy lejos de las líneas. 

La errática psicología

Era el juego de una muñeca rota, de ua jugadora descentrada y errática, desconcentrada al extremo y perdida en su juego. La mueca de su entrenador en la grada daba a entender que no entendía nada, y eso pasa a de vez en cuando con Garbiñe, que no se entiende cómo una jugadora así puede perder tanto su juego de un plumazo, cómo puede pasar en un par de días de ser una chica con estabilidad a convertirse en un manojo de nervios que no sabe utilizar las increíbles herramientas tenísticas que sin duda tiene. 

Hay un problema añadido en esto y es que perder en Wimbledon provoca volver a las dudas de antes. Con Garbiñe siempre queda abierta la posibilidad de que haga algo grande, pero es igualmente probable, y no debería ser así, que se funda como un helado al sol. La misma jugadora que se encuentra contra los mejores y es feroz desaparece y se descoyunta en tardes marcadas con victoria de antemano. Eso es un problema, los grandes de verdad compiten igual de bien todos los días. Y esa asignatura Garbiñe aún la tiene pendiente. 

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