pasó a la final con el tercer mejor tiempo

Mireia Belmonte, a por el único reto que le queda: el oro en un Mundial

Mireia Belmonte hizo historia en los Juegos de Río al ganar el oro en los 200 mariposa y convertirse en la primera nadadora española en lograrlo.

Foto: Mireia Belmonte se clasificó con el tercer mejor tiempo para la final de los 200 mariposa en el Mundial de Budapest. (EFE)
Mireia Belmonte se clasificó con el tercer mejor tiempo para la final de los 200 mariposa en el Mundial de Budapest. (EFE)

Mireia Belmonte hizo historia en los Juegos de Río al ganar el oro en los 200 mariposa y convertirse en la primera nadadora española en lograrlo. Su entrenador, Fred Vergnoux, le dijo que se tomara unas merecidas vacaciones, pero ella regresó antes de tiempo porque ya tenía entre ceja y ceja su próximo objetivo, el único reto que le falta: el oro en un Mundial. Este jueves puede ser el día en que lo consiga.

La nadadora de Sabadell se clasificó con el tercer mejor tiempo en las semifinales por detrás de la alemana Franziska Hentke y de la china Yilin Zhou. Ninguna de sus dos rivales en Río, Madeline Groves, que tocó la pared tan solo tres centésimas después que Mireia, y la actual campeona del mundo, la japonesa Natsumi Hoshi, están en Budapest, pero la gran incógnita será la respuesta de Katinka Hosszu en la final. La húngara había nadado una hora antes los 200 metros libres, donde quedó séptima, y pagó el esfuerzo en las semifinales de mariposa, clasificándose en sexta posición, pero estará recuperada para dar guerra ante su público en la hora señalada.

Hentke es la que ha conseguido la mejor marca del año en la distancia con 2:06.1, un registro alejado de los 2.04. 85 con los que Belmonte conquistó el oro en Río, donde la alemana se quedó en las semifinales. La catalana nadó este miércoles en 2.06.71, pero se la vio cómoda, controlando sus fuerzas y administrándose con su táctica habitual, que es la de no desfondarse en los primeros 150 metros y atacar en el último largo, cuando el lactato ataca y queman los hombros y los músculos se paralizan.

La nadadora alemana Franziska Hentke  tiene el mejor tiempo de las ocho finalistas. (EFE)
La nadadora alemana Franziska Hentke tiene el mejor tiempo de las ocho finalistas. (EFE)

Mireia aprendió de Londres 2012, donde perdió la medalla de oro en los últimos 30 metros, y desde entonces se preparó como nunca para no fallar en Río: pesas, apnea, el subacuático con poleas que le arrastraban en sentido contrario. Todo lo que hiciera falta y dispusiera Fred Vergnoux, que intenta siempre sorprender a la nadadora para sacarla de su zona de confort y que no caiga en la rutina. Vergnoux sabe alimentar el fuego, el hambre insaciable que tiene Mireia. Son tal para cual. Ella le pide marcha, que la exprima, que la lleve al límite, y él se lo da.

Es habitual que después de un triunfo en unos Juegos Olímpicos haya un bajón. Una vez conseguido lo máximo, el sueño de todos los sueños, los deportistas se relajan, pero en el caso de Mireia no ha sido así porque tiene una espina clavada que está decidida a sacársela ya. En Barcelona 2013 logró la plata en los 200 mariposa y los 400 estilos y el bronce en los 200 estilos. En los Mundiales de Kazán, un año antes de Río, cuando se suponía que estaba en la plenitud de sus facultades físicas, una bursitis en ambos hombros le amargó la vida y tuvo que renunciar. Esta es su oportunidad. Ahora, en Budapest.

En los últimos Juegos Katinka, Hoszzu renunció a los 200 mariposa para preparar la final de los 200 estilos. Ahora la estrella mundial que nada ante su público, su gente, es una seria amenaza para las aspiraciones de Mireia, aunque las semifinales se nadaron lentas y hasta que no se lancen a la piscina no se sabrá exactamente cuál es el estado real del resto de sus competidoras; Hentke, Zhou y la japonesa Hasewaga. La catalana ya demostró en la final de 1.500 que está en un gran momento y se llevó su primera medalla del Mundial, pero ahora no quiere la plata, sólo le sirve el oro. Es lo único que le queda por ganar.

Ledecky es de carne y hueso

La cuarta jornada en el Duna Arena sirvió para comprobar que Katie Ledecky es humana y también puede perder, que en su caso es no ganar un oro como había hecho en las últimas doce finales en las que había participado. Los 200 libres es la prueba que más le cuesta, porque ella es fondista, no velocista, y el nivel de sus competidoras era sencillamente espectacular. La gran Federica Pellegrini, que a sus 29 años —nueve más que Ledecky— disputa sus séptimos mundiales se la comió en los últimos 25 metros y consiguió el tercer oro de su carrera, tras el Mundial del 2009 y el del 2011.

Fue toda una sorpresa porque en las semifinales, y después de haber ganado por 19 segundos de diferencia el oro en los 1.500, la norteamericana había logrado la mejor marca con 1.54.6. Pellegrini no tocó la pared más rápido en la final que ella (1.54.73) pero logró batirla y subirse de nuevo a lo más alto del podio.

Swimming – 17th FINA World Aquatics Championships – Women's 200m Freestyle awarding ceremony – Budapest, Hungary – July 26, 2017 – (L-R) Emma McKeon (silver) of Australia, Federica Pellegrini (gold) of Italy and Katie Ledecky (silver) of the U.S. pose with the medals. REUTERS Michael Dalder
Swimming – 17th FINA World Aquatics Championships – Women's 200m Freestyle awarding ceremony – Budapest, Hungary – July 26, 2017 – (L-R) Emma McKeon (silver) of Australia, Federica Pellegrini (gold) of Italy and Katie Ledecky (silver) of the U.S. pose with the medals. REUTERS Michael Dalder

La otra gran final de la jornada fue la de 200 mariposa, en la que Chad Le Clos superó al héroe húngaro Lazslo Cseh. El sudafricano optó por ser valiente y salió como una bala. Hasta los 120 metros llevaba a Cseh casi en los tobillos, gracias a su endiablado ritmo y a su excelente subacuático, pero le fue comiendo metros y Le Clos aguantó a duras penas para ganar y pedir perdón al público, que adora a Cseh que disputaba nada menos que su octavo Mundial y que se abrazó a él mientras le señalaba como lo que es: el campeón. Un gran gesto por parte de los dos.

Por último, en los 800 metros, Gabriele Detti se convirtió en campeón mundial y estableció un nuevo récord europeo que le arrebató a su compatriota y amigo Paltrinieri, que fue bronce detrás del polaco Wojdak, plata. La sorpresa negativa fue el quinto puesto del gigante chino Sun Yang, que llegaba a Budapest dispuesto a ganar en 200, 400, 800 y 1500. Lo logró en las dos primeras, pero en los 800 se desfondó a mitad de carrera.

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