él mismo es su único rival

El aviso a navegantes de Marc Márquez al cruzar la línea de meta

La victoria de Marc Márquez en Sachsenring es una llamada de atención, un aviso a navegantes: que nadie se piense que se le puede subir a las barbas

Foto: Marc Márquez se mostró intratable en Alemania. (EFE)
Marc Márquez se mostró intratable en Alemania. (EFE)

Lo peor ya ha pasado. Tras el Gran Premio de Francia, llegaron los circuitos más apurados, donde la teoría escrita dice que Marc Márquez y Honda lo pueden pasar. Pero el talento del piloto de HRC ha hecho que el auge de la competencia no le haya salido caro. Porque Ducati y Yamaha –sí, Yamaha, a pesar de los pesares- evolucionaron notablemente con el campeonato en marcha, mientras Honda perdía parte de su ventaja inicial, porque cuando empezó el campeonato en marzo, la RC213V era la mejor moto de la parrilla.

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Márquez supo nadar y guardar la ropa en Mugello, Catalunya y Assen, y eso envalentonó a la competencia, que parecía decidida a subirse a sus barbas, en especial los hombres de Yamaha, que con Fabio Quartararo y un renacido Maverick Viñales demostraban en entrenamientos y carrera que tenían capacidad para discutir a Márquez la supremacía.

Y los competidores del piloto de Honda contaban además con un peligroso precedente para tener fe: el error cometido por Márquez en Austin, cuando lideraba la carrera. En Sachsenring, Márquez volvía a estar sobrado, dominaba con una autoridad que no se le veía desde Argentina o Estados Unidos, y quizás habría alguien que pensaba que podría llegar a bajar la guardia, como pasó en COTA. Pero no. La caída que sufrió en Austin tuvo un efecto educativo, porque enseñó a Márquez a no relajarse ni confiarse en exceso. Y desde entonces no ha fallado: ha ganado siempre que ha podido, y cuando no, ha hecho segundo, mostrando su fortaleza inexpugnable.

Marc Márquez lleva diez victorias en Sachsenring. (EFE)
Marc Márquez lleva diez victorias en Sachsenring. (EFE)

Los demás no. Los demás flaquean y son irregulares. Ducati ha visto pasar su momento, y ahora cuesta creer que sea la mejor moto de la parrilla. Yamaha ha mejorado mucho, muchísimo, pero Viñales arrastra un pesado lastre en forma de caídas no buscadas (lo han tirado tres veces) y carreras flojas. Pero parece haber enderezado el rumbo. Y Suzuki, que quizás podría ser la marca que en estos momentos disputara la autoridad a Honda, padece la falta de constancia de sus pilotos.

Equilibrio total

Estamos, por tanto, en una situación de equilibrio total en el Mundial de MotoGP. Y, en estas circunstancias, ¿qué marca la diferencia? Está claro que la mecánica no. Es el hombre, es el piloto. Es Marc Márquez el que hace que la balanza caiga del lado de Honda.

Márquez se va de vacaciones con 58 puntos de ventaja, más de dos carreras, y no hay nadie que pueda ponerle freno. Mucho tendría que cambiar la historia y sólo hay un hombre capaz de impedir que Márquez no se corone campeón. Es el propio Márquez, porque todo está en sus manos.

Andrea Dovizioso, su alternativa en las dos últimas temporadas, ve incluso discutido su liderazgo en Ducati por parte de Danilo Petrucci, que le está superando en las últimas carreras. Algunos hablan de la necesidad de imponer órdenes de equipo en la formación italiana. Carece de sentido. Dovizioso o Petrucci, cualquiera de los dos, es la herramienta válida para Ducati, e imponer uno sobre el otro sería una equivocación. Dovizioso tiene que ganar a su compañero por méritos propios, y Petrucci tiene que ganar a Andrea porque no tendría sentido otra forma de correr. Un piloto sumiso no sirve de ayuda a nadie.

Viñales, un paso por detrás de Márquez

Viñales está viendo la luz, pero no está todavía a la altura de poder discutir a Márquez la supremacía. Assen era favorable a Yamaha, y Sachsenring no tanto, pero se las apañó bien. Quartararo, después de su enamoramiento con MotoGP, ha puesto los pies en el suelo y ha cometido su primer gran error de novato. No está mal: ha tardado nueve carreras. Eso también le hará más fuerte.

Alex Rins, de Suzuki Ecstar Team, este domingo en Alemania. (EFE)
Alex Rins, de Suzuki Ecstar Team, este domingo en Alemania. (EFE)

Lo que está resultando desconcertante es lo que sucede en Suzuki. El paso adelante que ha dado el fabricante japonés es extraordinario. En 2018 progresó porque corrió disfrutando de las concesiones que da el reglamento, y había dudas sobre si sería capaz de jugar en la liga de los grandes, con Honda, Ducati y Yamaha, en igualdad de condiciones. Y vaya que si ha sido capaz. Puede que la Suzuki sea la moto más equilibrada del momento. Algo falta de potencia quizás, pero no se espanta ante nadie.

El problema de Suzuki es la repentina falta de regularidad de Rins. Hasta la carrera de Jerez, Rins deslumbró por su consistencia. Pero desde entonces sus carreras han estado llenas de altibajos y errores, algunos irreparables, como los de Assen, cuando se cayó liderando, o Sachsenring, donde era segundo antes de caer. Sin esos errores, acabando en el podio sin más, sería segundo en el Mundial en estos momentos, y sin embargo ahora ha perdido el tren de las Ducati y se le echan encima las Yamaha.

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