campeona olímpica de bádminton

Carolina Marín, la "españolita que rompió el muro asiático", no se "cansa de ganar"

Con solo 23 años, la española ostenta a la vez los títulos europeo, mundial y olímpico. En Río de Janeiro ganó el oro al imponerse en la final a la india PV Sindhu por 19-21, 21-12, 21-15

Foto: Carolina Marín posa con la medalla de oro en el podio (Marcelo del Pozo/Reuters)
Carolina Marín posa con la medalla de oro en el podio (Marcelo del Pozo/Reuters)

El 8 de agosto, recién aterrizada en Río de Janeiro, Carolina Marín dijo que no firmaba otra medalla en los Juegos Olímpicos que no fuera el oro. Cuatro días después, tras vencer en su debut en la competición, afirmó que estaba mejor nunca, física, técnica y mentalmente. El jueves, después de la semifinal, lanzó otra vez el mismo mensaje: "Yo he venido a ganar". Y este viernes, 19 de agosto, venció en la final a la india PV Sindhu (19-21, 21-12, 21-15) y se proclamó campeona olímpica de bádminton, la primera mujer nacida fuera de Asia que lo consigue. 

En el último ciclo olímpico, Marín ha acabado con el dominio asiático y se ha convertido en la mejor de un deporte que no tenía que dominar. Su caso puede ser una anomalía, pero no un milagro, recordó. "Detrás hay mucho trabajo. Ha salido una españolita que ha roto el muro asiático y me siento orgullosa de que los futuros campeones vean que se puede hacer, con trabajo y mucha constancia", apuntó. Ni cuando ganó el primer mundial ni cuando ganó el segundo salieron de su boca palabras de autocomplacencia. Quería más, como ha demostrado en Río. Ahora ostenta al mismo tiempo los títulos de campeona de Europa, del mundo y el oro olímpico, su gran objetivo y "un sueño hecho realidad", como dijo tras recoger entre lágrimas la medalla. 

"He llorado y sufrido muchísimo", dijo sobre su camino a los Juegos. "Me he acordado de los dos meses infernales que he tenido que pasar para conseguir el sueño que tenía desde los 14 años, cuando fui al CAR. Fernando, cuando perdí el primer set, me recordó ese sueño y por qué estábamos en una final olímpica. Lo más importante era creer que podía ganar". "Todo el esfuerzo merece la pena. Todo, absolutamente todo", afirmó un emocionado Fernando Rivas, el entrenador que ha guiado su carrera."Tengo que felicitar a Carolina por la determinación y la honestidad con la que mostró su objetivo a todo el mundo. Y por cómo ha jugado en todo el torneo", dijo.

Carolina Marín, la "españolita que rompió el muro asiático", no se "cansa de ganar"

El marcador era engañoso

Durante la final tuvo más trabajo del habitual porque Marín no estaba ejecutando lo que habían planeado. "Dime táctica", le decía la jugadora a su entrenador en los intercambios. "Yo la veía un poco fuera de los protocolos que teníamos establecidos. De hecho la mayor parte del partido ha estado fuera del plan de juego. Estaba un poquito preocupado porque el marcador era muy engañoso: iba muy por delante, pero no estaba haciendo lo que tenía que hacer. Esas situaciones no son buenas nunca", explicó Rivas.

Esa competitividad llevada al límite quizá no casa con la candidez que muestra cuando suelta la raqueta, aunque cada vez menos. Cualquiera no es capaz de avisar durante años de que su gran objetivo es el oro olímpico, elevar todavía más ese mensaje hasta decir que era el oro o nada; llegar al torneo y ganar como lo ha hecho ella. En estos mismos Juegos, Novak Djokovic perdió en primera ronda, por poner un ejemplo de un número uno caído. 

Rivas ha moldeado el carácter ganador de Marín, uno de sus principales rasgos. La onubense tiene como único objetivo aplastar a sus rivales, no tiene otra preocupación cuando está dentro de la pista. "No sé si las rivales me tienen respeto, yo desde luego no se lo tengo", dijo. Esas palabras hay que entenderlas en el contexto de la competición y no como un desprecio (tras la final se abrazó a Sindhu como cualquier otro deportista), pero sirven para entender cómo juega. Eso a veces le hace pasarse de la raya, como cuando tras la semifinal dijo que la lesión de su rival, Li Xuerui, era una estrategia. Pero la china se había lesionado de gravedad la rodilla. Sus gritos, casi graznidos, sus protestas al árbitro, la celebración de sus puntos... Todo puede crearle antipatías, pero no parece importarle.

Carolina Marín solo tiene 23 años, pero ya tiene todo lo que se puede ganar en el bádminton. ¿Termina eso con su hambre de victorias? Parece que no. "Todavía quedan por ganar muchas cosas. No me canso de ganar. Mi carácter es muy competitivo". Aún le quedan muchos gritos que dar.

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