el viejo continente gana por 5-3

Sergio García resucita en la Ryder y se suma al talento europeo en una tarde histórica

El equipo europeo logró imponerse en los cuatro foursomes de la tarde, algo que no había conseguido nunca en la historia de la competición. La mañana había sido menos propicia. También debutó Rahm

Foto: García y Noren ríen en su vuelta perfecta. (EFE)
García y Noren ríen en su vuelta perfecta. (EFE)

Las perneras se agitaban juguetonas en las piernas de los golfistas. El viento se había desatado por la tarde y todo aspiraba a ser mucho más divertido. En juego, los cuatro partidos de foursomes de la primera jornada de la Ryder Cup, los más arriesgados. Cada pareja tiene una bola, los fallos, a diferencia del fourballs, siempre conllevan una penitencia. Se exige jugar perfecto y también bastante experiencia. Hay también que ser imaginativo, pues cada jugador tiene que encontrar las soluciones a las bolas pegadas por sus compañeros. Eso no es sencillo, mucho menos que jugar uno solo, que conoce sus golpes y sabe las secuencias lógicas y los patrones que les pueden llevar a la victoria. Aquí hay que confiar en el compañero y tratar de entenderle, ponerle la bola donde luego él se pueda sentir cómodo. Y en ese contexto, tan complicado, resucitó Sergio García.

La mañana llegaba torcida para los europeos, los estadouniodenses se habían puesto 3-1 en los fourball y en el viejo continente saben que los dos primeros días son los más propicios para sus jugadores. Las opciones pasan, tradicionalmente, por aguantar la ventaja el domingo, aunque también se han dado caso de los contrarios. Entre esos, el recordadísimo milagro de Medinah, uno de los días más grandes de la historia del deporte en la que los Europeos, en terreno hostil, dieron un recital dominical hasta la victoria.

A Sergio, Thomas Bjorn le llamó pensando en todas estas cosas. Él estuvo en Medinah, es un mito de la Ryder. Aunque en tiempos recientes no haya sido la persona más calmada del mundo, es un líder natural, puede calmar a los que tiene alrededor y conjuntarse con ellos para que la pareja no sume, multiplique. La tradición marca que a los novatos les junten con jugadores con experiencia, y el capitán danés no se salió de esa medida. Por la tarde le puso a Noren al lado, un 'rookie' algo anómalo, porque con 36 años uno ya ha visto bastante cosas en la vida. Está jugando como nunca, pero necesitaba alguien al lado para guiarle por el torneo. Acierto absoluto.

Sergio y Noren hicieron una de esas cosas que no se estilan. Salieron a Le Golf National y arrasaron. Casi en la literalidad, contra el viento y las aguas. Ganaron siete de los primero nueve hoyos, en el punto medio del recorrido, sus rivales Mickelson y DeChambeau se dieron cuenta de que no existía ni una sola opción para su victoria. El sueco y el español, el español y el sueco, iban consecutivamente clavando uno golpe tras otro. Salida a calle, aproximación a 'green', embocando en un par. Una y otra y otra vez.

Sergio García. (EFE)
Sergio García. (EFE)

La trituradora europea

El público francés, que tiene ganas de mambo, empezó a venirse arriba. Con ellos, pero no solo por ellos, es que la tarde fue la que hubiese soñado Jean Monnet en el caso de que al ideador de la Europa común le hubiese interesado algo el golf. El campo estaba preparado para los del viejo continente, con los 'roughs' duros y los 'greenes' como piedras, con pocas ganas de frenar ninguna bola. Con un poco de viento, el que apareció en la tarde, los europeos descubrieron que conocían mejor las trampas del recorrido y se aprovecharon. Desde el primer hoyo las cuatro parejas -Stenson/Rose, Poulter/McIlroy, Molinari/Fleetwood, además de la ya mentada- se conjuraron para barrer a sus rivales y así hacer historia.

Sí, historia, porque nunca antes los europeos se habían llevado los cuatro partidos de foursomes de la misma jornada. En esta ocasión no dejaron el más mínimo espacio para la rebelión, cuando alguna de las parejas yanquis quiso darle la vuelta al marcador era ya muy tarde. Fue una apisonadora pasando por el coqueto campo francés y, entre todos ellos, se vieron a algunos de los nombres que han marcado el golf europeo en la última década. Rory McIlroy, Ian Poulter y, por supuesto, Sergio García. Talento a raudales, pero no solo eso, porque la Ryder, mucho más que otros torneos, no consiste únicamente en pegarle recto y fuerte, también es darle con el corazón, tener carácter y personalidad. No achantarse y, ya que se juega en casa, conectar con los que atestan los lado de cada hoyo en el recorrido.

Los datos son abrumadores. Nunca se habían ganado todos los partidos del foursome de una jornada y no se ganaban desde 1987 todos los partidos de una jornada, la última vez que había ocurrido fue en 1989 en Belfry. Además, la distancia, 17 hoyos arriba para los europeos, fue la mayor de siempre para el equipo del viejo continente.

Jon Rahm. (EFE)
Jon Rahm. (EFE)

La derrota de Jon Rahm

Y, lo más fuerte de todo, es que se hizo bajo presión. Si la tarde fue de color azul Europa, la mañana resonaba con acento texano. Así como por la tarde hubo un equipo que arrasó, en todos los duelos, por la mañana todo fue mucho más igualado, pero los detalles beneficiaron muchísimo a los del país de Donald Trump. Hubo de todo, muchas subidas y bajadas y, al final, tres victorias estadounidenses por una sola europea, la de Molinari y Fleetwood, que van camino de convertirse en un dúo para la historia de la competición. El italiano puede decir que fue el mejor del día, embocando 'putts' tremendos y manteniendo siempre la calma. Tampoco es una locura decir que ha sido el mejor europeo del año.

En ese rato, el del pesimismo, Sergio García no fue llamado a filas. Jon Rahm sí, y de sus primeros pasos en la Ryder no guardará el mejor de los recuerdos. Se emparejó con Justin Rose en el primer encuentro del día, empezaron los dos como aviones, como si estuviesen hecho para arrasar en la competición. Poco a poco, sin embargo, se fueron deshinchando, también perjudicados por algún golpe de suerte de los americanos, como el 2 que se marcó en el hoyo 16 Tony Finau, uno de los mejores golpes de toda la jornada. Lo que parecía una buena victoria se quedó en una derrota que Rahm no se esperaba.

Rahm, a pesar de la derrota, demostró que ha nacido para jugar esta competición. No solo porque sea un golfista tremendo, que lo es, ni porque sea capaz de pegarle profundo y preciso, que también, sino porque por sus venas corre el espíritu de equipo, es un ganador, conecta con el público. Rahm será el primero que suba el brazo, y lo demostró desde el 'tee' del uno cuando él, el novato, levantó la mano y le pidió a los aficionados un poquito de candela. Ruido, quiere ruido, porque él no es un golfista de taza de te sino de concierto de heavy metal. Queda mucho fin de semana, y con Jon Rahm, siempre se puede disfrutar.

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