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Cuarenta años del escándalo del Molinón, el 'biscotto' que cambió las reglas del fútbol
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'ANCHLUSS' AMISTOSO EN GIJÓN

Cuarenta años del escándalo del Molinón, el 'biscotto' que cambió las reglas del fútbol

Uno de los partidos más bochornosos de los mundiales tuvo lugar en España y sirvió para que la FIFA cambiase el sistema de organización de partidos

Foto: Los capitanes Karl Heinz-Rummenige (RFA) y Erich Obermayer (Austria). (Reuters)
Los capitanes Karl Heinz-Rummenige (RFA) y Erich Obermayer (Austria). (Reuters)
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Esta noche España se juega el pase a los octavos de final del Mundial de Qatar. Los de Luis Enrique dependen de sí mismos para avanzar a la segunda fase, si bien podrían consumar la clasificación incluso con una derrota. En el aire flota el fantasma del biscotto, que pasa por acordar una derrota por la mínima con Japón para eliminar a la poderosa —quizá no tanto esta edición— Alemania. Se trata, no obstante, de una opción arriesgada, en tanto que el España-Japón y el Costa Rica-Alemania se jugarán al mismo tiempo.

Esto no siempre fue así. El Mundial de 1986 fue el primero en agolpar los últimos partidos de la fase de grupos a la misma hora. La FIFA se vio forzada a cambiar esta regla después del escándalo del Molinón, acontecido cuatro años antes en España. Pocos encuentros han tenido tanta trascendencia en la evolución de este deporte, porque hoy no se concibe que la última jornada de cualquier competición no se juegue de forma simultánea.

25 de junio de 1982. En Gijón, Alemania Federal y Austria se juegan el pase a cuartos en el tercer partido del grupo. Los germanos, que habían perdido contra la Argelia de Rabah Madjer en el primer encuentro, necesitan ganar a sus vecinos por un gol para empatar en la clasificación a puntos con Argelia y superarles en el golaverage. Por su parte, a Austria le vale una derrota por menos de dos goles para ser primera de grupo.

Argelia, que debutaba al máximo nivel en 1982, había ganado el día anterior a Chile y tenía el pase casi hecho. Casi todos los escenarios le eran favorables: le servía con que Alemania perdiese o empatase, pero incluso ganando podía pasar, siempre que le metiese tres goles a los austriacos. Era una posibilidad real, en tanto que Alemania le había metido tres goles a sus vecinos unos meses antes, en la clasificación para el Mundial. Aunque no se llegó a publicar, el rumor de que se iba a ver un anchluss amistoso en Gijón empezó a recorrer las redacciones.

Las dudas se despejaron en los primeros minutos, con el Molinón casi lleno, cuando Alemania se lanzó en tromba a por el gol. En el minuto 9, Littbarski se coló por la banda izquierda y centró al primer palo, donde esperaba el delantero del Hamburgo Hrubesch para poner el 1-0. Pese a que el gol no levantó sospechas, lo cierto es que Littbarski centra completamente solo, al austriaco Hintermaier el balón le peina sin siquiera saltar y Koncilia, el portero, deja rematar al nueve alemán sin moverse de la raya de gol.

Si el gol alemán no fue permitido, al menos sí tolerado.

Los alemanes, a través de los desplazamientos largos de Breitner y la verticalidad de Felix Magath, siguieron creando peligro sobre la meta austriaca. Poco antes del descanso, el medio Demmler estuvo a punto de marcar el segundo en un balón que sacó in extremis Koncilia con la pierna.

Ya no habría más partido. Cuando los jugadores volvieron del vestuario se evidenció que ninguno de los dos equipos tenía intención de arriesgar lo más mínimo. Estaban clasificados y no había aliciente alguno para buscar la portería rival. Los austriacos tocaban en horizontal en su propio campo y los alemanes les respondían con idéntica actitud. Y, cuando se acercaba algún rival, balón al portero y vuelta a empezar (la regla de la cesión al portero se aprobaría 10 años después).

Tres cuartos de hora de tedio que fueron calentando los ánimos del respetable, que cantó "que se besen" y animó a Argelia y al Sporting de Gijón. Solo un jugador sobre el campo, el delantero austriaco Walter Schachner, siguió luchando para conseguir el empate, como si nada fuera con él. Años después, en 2007, el jugador desveló en el Süddeutsche Zeitung que Briegel, el pivote de los germanos, le pidió en varios momentos del partido que "no corriese tanto".

La situación se puso tensa al terminar el partido. Los aficionados asturianos esperaron a la expedición alemana a las puertas de su hotel y apedrearon el autobús, al grito de "ladrones" y "estafadores". Schumacher y Franke, los guardametas, respondieron subiendo a la última planta del edificio y lanzando todo lo que tenían a mano a los congregados. Lo hubieran tenido crudo para salir de allí de no ser por la policía, porque empezó a llover a mares y porque una hora después España se jugaba la vida contra Irlanda del Norte.

Al día siguiente, El Comercio tuvo la inspiración de pasar la crónica de la sección de Deportes a la de Sucesos, bajo el titular: "Unas cuarenta mil personas, presuntamente estafadas en El Molinón por 26 súbditos alemanes y austríacos". Enrique Arenas era un joven redactor de Sucesos que recuerda aquel día como si fuera ayer: "Hice la ronda por comisarías y hospitales pronto, para poder escribir a mediodía e ir al partido por la tarde tranquilamente. Había mucha expectación, porque el Alemania-Austria era, de largo, el mejor partido de los que habían tocado en la zona de Asturias. Te diría que medio Gijón estaba esa tarde en el estadio", dice.

"Fue al empezar la segunda parte cuando nos dimos cuenta de que se estaban riendo de nosotros. La cosa se caldeó tanto que incluso la Policía tuvo que ocupar varias zonas de la grada por temor a una invasión de campo o una lluvia de objetos. ¡No sabes cómo estaba la gente! Habíamos pagado una entrada cara para ver a Rummenigge y a las estrellas alemanas y nos quedamos con un palmo de narices".

Al regresar a la redacción, el director había decidido incorporar la crónica deportiva como una estafa más de las acontecidas ese día en Gijón. El partido apareció entre noticias como roban en el interior de un vehículo alemán, robo de dos ciclomotores, roban 150.000 pesetas a un periodista griego y roban unas joyas en un domicilio. "La verdad es que ahí tuvimos buena coña marinera", dice Arenas, "pero en Alemania se tomó muy en serio. Varias televisiones alemanas nos pidieron copias del periódico y las sacaron en el telediario del día siguiente. Lo que para nosotros era una broma, para ellos fue algo muy serio, pensaban que iba a tener efecto sobre el sorteo de los cruces".

placeholder Las secciones de Sucesos y Deportes de El Comercio el día después. (El Comercio)
Las secciones de Sucesos y Deportes de El Comercio el día después. (El Comercio)

ABC, por su parte, tituló "Vergonzoso vals austro-húngaro en El Molinón, en perjuicio de Argelia". Incluso el comentarista de la televisión pública austriaca, Robert Seeger, llegó a recomendar a sus espectadores apagar la televisión ante lo bochornoso del espectáculo. La selección de Argelia interpuso una queja ante la FIFA, pero el regulador internacional ni siquiera abrió una investigación, ya que no se había violado ninguna norma.

placeholder La sección de Deportes de 'ABC' el 26-6-82. (Hemeroteca ABC)
La sección de Deportes de 'ABC' el 26-6-82. (Hemeroteca ABC)

"Conduje desde Madrid hasta Gijón con la ilusión de ver cómo Austria eliminaba a Alemania", recuerda el periodista austriaco Robert Seeger a Der Spiegel, "Al principio estaba asustado por si nos metían tres, pero de repente el juego se detuvo y no pasó nada. Austria adoptó una actitud pasiva. Fue entonces cuando dije en antena que me avergonzaba del equipo de mi país. Realmente, el que pudo ser el gran partido del año, acabó siendo una vergüenza".

El episodio de 1982 está grabado a fuego en el imaginario de los alemanes. Décadas después, la prensa sigue cuestionando a sus viejas glorias sobre aquel incidente, que insisten en negar la mayor, esto es, que se llegase a un acuerdo en los vestuarios de El Molinón. Solo Hans Peter Briegel, en una entrevista en 2007, reconoció que se pactó el resultado en el descanso, llegando a pedir perdón a los aficionados. "Tomamos la decisión entre todos, ellos y nosotros, de no esforzarnos demasiado en el partido contra Austria..."

Entre sus compañeros de selección cayó como una bomba: Schumacher declaró que Briegel "había tomado alguna copa de más" antes de decir esto y el joven Matthaus que nadie había salido ni entrado en el vestuario durante el descanso. A los pocos días, Briegel dijo que se le había citado mal y que nunca quiso decir que hubiesen amañado el resultado. Cuarenta años después, aunque nadie ha asumido culpa alguna, el bochorno de Gijón sigue marcando la tercera jornada del Mundial.

Esta noche España se juega el pase a los octavos de final del Mundial de Qatar. Los de Luis Enrique dependen de sí mismos para avanzar a la segunda fase, si bien podrían consumar la clasificación incluso con una derrota. En el aire flota el fantasma del biscotto, que pasa por acordar una derrota por la mínima con Japón para eliminar a la poderosa —quizá no tanto esta edición— Alemania. Se trata, no obstante, de una opción arriesgada, en tanto que el España-Japón y el Costa Rica-Alemania se jugarán al mismo tiempo.

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