la corrupción acorrala a la organización

La reputación de FIFA está en juego: cambiar de sede o seguir con Qatar 2022

La última noticia sobre los sobornos de un miembro de la FIFA para conseguir votos para Qatar crearon las primeras dudas a la organización futbolística

Foto: Joseph Blatter y Mohammed Al-Thani en una reunión en Qatar.
Joseph Blatter y Mohammed Al-Thani en una reunión en Qatar.

Todo lo que ha sido tocado, rozado o mirado por los organizadores del Mundial de Qatar se ha puesto en duda desde que en diciembre de 2010 se decidió que el emirato iba a ser sede del torneo en 2022. Incluso la misma fecha de la elección fue extraña, puesto que como siempre se había hecho hasta entonces, la sede definitiva del Mundial de fútbol se elegía ocho años antes de que diera comienzo la competición, y no doce. Amaños, presiones políticas, pesos pesados que de pronto eran fieles servidores de la causa qatarí… Lo último y quizás lo más bochornoso lo destapó este fin de semana la publicación británica The Sunday Times. Según lo investigado, un exdirectivo de la FIFA habría pagado casi 4 millones de euros para comprar votos para Qatar.

Los resultados de dicho análisis vendrían a confirmar lo que casi todo el planeta fútbol sospechaba: el Mundial se celebrará en Qatar porque se hicieron sobornos y presiones. Mohamed Ben Hammam, presunto corrupto en cuestión, es de origen qatarí y fue durante nueve años presidente de la Comisión Asiática de Fútbol, o lo que es lo mismo, una teórica voz autorizada dentro del mundo FIFA, si bien resultaría ser finalmente un pequeño instrumento más de la masiva inversión del emirato para llevarse a su país uno de los torneos deportivos más importantes del planeta.

Hace meses ya que Blatter comenzó a calificar la elección de Qatar como un “error”. El presidente de FIFA lo decía con respecto a la imposibilidad de disputar allí el Mundial en verano, algo que parecía evidente desde todos los ángulos posibles, ya que Qatar no deja de estar en medio de un desierto, y si no hay vegetación, es por algo. Jugar en la estación más calurosa del año en un país que se caracteriza por las altas temperaturas no podía funcionar. La idea más aceptada por lo general a partir de entonces es la de disputar el Mundial en invierno, trastocando el calendario de todas las ligas del mundo, grandes y pequeñas, absolutas o inferiores.

Y después del descubrimiento del Times, por primera vez la FIFA habló sobre la posibilidad de cambiar de sede. Jim Boyce, vicepresidente de la megaornanización futbolística, dijo que apoyaría celebrar una nueva votación para elegir al país anfitrión del Mundial de 2022 si se demuestra que Qatar fue elegida mediante el soborno y la corrupción. Es un paso enorme de la FIFA reconocer que están barajando la opción de volver a darle otra oportunidad al resto de países, sin que todavía se haya confirmado si los candidatos serían los que ya se presentaron en 2010 o, si por el contrario, entrarían en puja nuevas naciones.

A partir de ahí y tras aplaudir las palabras de Boyce por al menos hablar de una posible lucha contra la corrupción, cabe valorar las opciones reales de que se le quite el Mundial a un país que ha invertido tanto para tenerlo, en todos los ámbitos legales e ilegales. Qatar se ha convertido en un pilar fundamental en el fútbol internacional: es el patrocinador principal del Barcelona, dueño del Manchester City, del Paris Saint-Germain y del Málaga y tienen entre sus ‘fieles’ a pesos pesados de la historia balompédica como, Platini, Zidane y Guardiola. Y todo ello, sin entrar en valoraciones políticas y económicas profundas, ya que son uno de los principales exportadores del petróleo que abastece a las grandes potencias. Es decir, sería dar la espalda a uno de los motores financieros del mundo. Eso sí, pocos tienen buena opinión de la organización del país árabe, puesto que los obreros que están construyendo los estadios están en condiciones de esclavitud y los fallecidos se cuentan ya por centenares

Pero al menos en voluntad pública, la FIFA ha dado un paso jamás pensado hasta el momento. El siguiente paso será comprobar los resultados obtenidos por Michael García, investigador de la asociación, que se encargará de averiguar si la elección de Qatar se hizo con trampas y si, por el contrario, se trató de una opción más como lo eran en su momento Australia o Estados Unidos. Es decir, la propia FIFA será juez y parte en el caso del Mundial de Qatar, ella misma decidirá si fue correcto, si fue erróneo y se decide cambiar de sede en una medida histórica o si por el contrario las voces populistas de la FIFA se acabarán acallando con el paso del tiempo y se seguirá adelante con el Mundial en el emirato.

Existen muy pocas opciones de que otro organismo entrara a valorar la situación, puesto que la FIFA ya es una entidad internacional con sus propios mecanismos de justicia. En todo caso algún juzgado tendría que ejercer el derecho a la justicia universal para investigar de forma ajena al ente, lo cual se antoja harto complicado, por no decir imposible. Las pruebas incriminatorias, sino reconocidas todavía como ciertas, sí serían suficientes como para echar abajo el barco más grande. Habrá que ver si será suficiente para la FIFA o no. 

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