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Pablo Alfaro: "Fui un defensa duro, pero no malintencionado. Aproveché mis virtudes"
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Entrevista al exjugador y entrenador

Pablo Alfaro: "Fui un defensa duro, pero no malintencionado. Aproveché mis virtudes"

Fue un defensa al que siempre lo acompañó la fama de duro. En paralelo a su carrera deportiva, se graduó en Medicina, aunque solo ha ejercido con familiares y amigos

Foto: Pablo Alfaro, en una imagen de archivo. (EFE/Sergio Cañizares)
Pablo Alfaro, en una imagen de archivo. (EFE/Sergio Cañizares)

La leyenda que siempre perseguirá a Pablo Alfaro (Zaragoza, 1969) es la de un futbolista duro, prototipo de ese otro fútbol, incluso, tachado de violento. En las distancias cortas, sin embargo, la imagen que desprende es todo lo contrario. Al otro lado del teléfono, responde con paciencia una persona cordial y extremadamente educada.

Debutó en el Zaragoza de la mano de Radomir Antic en 1989. Al mismo tiempo que se desarrolló su carrera profesional, estudió Medicina y aprobó la carrera. Sin embargo, nunca ha ejercido a nivel profesional. "Cobrando nunca", dice entre risas. "He atendido solo a amigos y familiares".

Pablo vivió en cinco ciudades importantes de España: Madrid, Barcelona, Sevilla, Santander, Zaragoza… "Realmente, nunca me gustaron las grandes urbes". Ahora está a la espera de una nueva oportunidad como entrenador mientras colabora con los medios de comunicación como comentarista.

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PREGUNTA. ¿A qué se dedica ahora Pablo Alfaro?

RESPUESTA. En los últimos meses he colaborado en los medios de comunicación como Movistar+ y en 'Carrusel Deportivo' en la Ser. Actualmente, es el periodo en el que los equipos planifican la próxima temporada y buscan directores deportivos y entrenadores, algo que me gustaría hacer.

P. ¿Entiende a los periodistas desde que trabaja con ellos?

R. Sí, sí. De hecho, hace tres años me apunté a un máster de periodismo deportivo para tener una visión más global sobre vuestro gremio. Los futbolistas y los periodistas somos complementarios en el negocio del fútbol.

P. ¿Cómo fue su infancia en Zaragoza?

R. Igual que la de cualquier niño de Zaragoza. Desde muy pequeño, tuve claro que quería ser médico y futbolista. Y tuve la fortuna de que, poco a poco, subí escalones y logré el sueño de mi vida.

P. ¿Siempre tuvo claro que se inclinaría por la medicina?

R. Sí, desde que tenía uso de razón. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre decía médico y futbolista. Aunque no tenía ningún antecedente sanitario, siempre me gustó esa rama. En cuanto al fútbol, tanto mi padre como mi abuelo eran unos enamorados del fútbol. De hecho, mi padre jugó en Tercera División.

placeholder Alfaro, como técnico del Ibiza. (EFE/Sergio G. Canizares)
Alfaro, como técnico del Ibiza. (EFE/Sergio G. Canizares)

P. Es normal decantarse por el fútbol o por los estudios. ¿Estuvo seguro de que podía hacer ambas cosas a la vez?

R. Sí, porque mis padres, como buenos aragoneses, se encargaron en casa de enseñarme esa disciplina. Yo tenía que esforzarme para cumplir mi sueño, pero detrás del fútbol había un futuro y una vida. Y la formación era innegociable.

P. ¿Cómo compaginó los estudios con la vida de deportista de élite?

R. En la balanza siempre pesaban mucho más los estudios porque el fútbol era mi hobby. Con el paso de los años, subí categorías y ves que el deporte pesa cada vez más porque se convierte en tu profesión: ganas mucho dinero, te hacen un buen contrato… Pero siempre tuve claro que acabaría la carrera.

P. ¿Ha ejercido alguna vez como médico?

R. Cobrando nunca (risas). He ayudado a familiares y a amigos, pero nunca he ejercido a nivel profesional.

"Me especialicé en medicina deportiva, pero nunca he ejercido"

P. ¿Qué especialidad eligió?

R. Me gustaban algunas especialidades, pero cuando acabé la carrera tenía más relación con la medicina del deporte. Con eso tiré para adelante.

P. ¿No pensó en ser médico de algún club en lugar de entrenador?

R. Por más que tenga la especialidad, no. Me apasiona mucho más el balón, aunque la medicina siempre es una opción. Ser médico me sirve mucho en los equipos para tener comunicación y saber de lo que se habla por mis conocimientos sanitarios.

P. ¿Por qué hay tantos prejuicios hacia el futbolista a nivel social?

R. Muchas veces por desconocimiento, aunque en otras, con razón, porque es verdad. Lo más interesante es ser un poco empático y ponerte en la piel de un chaval de 18 o 19 años. Si tu a esa edad te dedicas a lo que te gusta, tienes reconocimiento social y no tienes problemas en lo económico, ¿qué harías? ¿Cómo hubieses actuado si te llega a ocurrir eso a esa edad?

P. Usted debutó en el Zaragoza en 1989, en un fútbol muy duro. ¿Cuándo cambió aquella agresividad?

R. Influyeron muchísimo los medios de comunicación y, sobre todo, la televisión. La imagen lo fiscaliza todo y eso ha hecho que el deporte evolucione a mejor. Estoy convencido de que el fútbol de ahora es más vistoso y protege más el talento que el de antes. Ese ha sido el gran cambio.

P. ¿Por qué usted tuvo siempre la fama de jugador duro?

R. No sé. Yo siempre me consideré un defensa duro, pero no malintencionado. Intenté aprovechar las virtudes que uno tenía. De ahí a la fama mediática… Posiblemente, todos tenemos en nuestros recuerdos defensas de los equipos que apoyamos.

P. ¿Cómo fue el episodio de la foto del bisturí?

R. Aquella fue una foto robada.

P. ¿Cómo robada?

R. Aquella foto, realmente, no era ni para el 'Marca' ni para el 'As'. Me la hizo un fotógrafo para el primer número de la revista 'FHM'. Finalmente, se la vendieron a los dos diarios deportivos y fue portada un domingo que se disputaba un Real Madrid-Sevilla. Fui víctima de intereses que no eran meramente deportivos.

P. Usted debutó en el Zaragoza de la mano de Radomir Antic. ¿Cómo era?

R. Es un hombre al que le tengo muchísimo cariño. Fue el que me hizo debutar, gracias a él me di cuenta de que me podía codear con los más grandes… Luego me fichó para el Atlético de Madrid, un equipo muy importante. Esas cosas no se olvidan nunca.

placeholder Radomir Antic fue el entrenador que hizo debutar a Pablo Alfaro. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)
Radomir Antic fue el entrenador que hizo debutar a Pablo Alfaro. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)

P. Se fue del Zaragoza antes de que el equipo ganara la Copa del Rey y la Recopa de Europa. ¿Se arrepintió de aquella decisión?

R. No, no. Era un Zaragoza que jugaba en Primera y en Europa, el estatus que le corresponde a un club de una ciudad como esa. Pero yo me fui al Barcelona. El club salió muy beneficiado de la situación económica, que no era buena, porque el importe del traspaso fue importante. Uno no tiene la bola mágica para saber qué va a ocurrir varios años después.

P. Supongo que es imposible decirle que no al Barça. ¿Cómo le llegó el interés?

R. Johan Cruyff consideró oportuna mi contratación. Aquel equipo, apenas tres meses antes, había ganado la Copa de Europa en Wembley. Fue un momento importante en mi carrera porque dejé el club de mis amores por un transatlántico como el Barça.

"Cruyff no creó el estilo, pero sí tuvo la valentía de implantarlo"

P. ¿El estilo del Barcelona lo creó Cruyff o esa era la idiosincrasia del club?

R. Él no creó el estilo, pero sí tuvo la valentía suficiente para importar ese modelo del fútbol total del Ajax. Él creció con ese estilo y lo trasladó al Barcelona en una época en la que nadie jugaba así. Al principio, los jugadores tuvieron muchísimos problemas y les costó adaptarse. Sin embargo, Johan tuvo la paciencia suficiente y la habilidad e inteligencia para lograr que eso calara. Ese es el estilo que 'a posteriori' ha hecho grande a la Selección.

P. ¿Qué tal la relación con Cruyff?

R. Muy buena. Yo admiraba su valentía y su inteligencia. Cuando los demás iban a algún sitio, él ya había vuelto. Manejaba muy bien a la directiva y al vestuario. De hecho, les apretaba muchísimo a las vacas sagradas. Es alguien que te marca cuando estás con él. En mi caso, no jugué mucho porque la competencia era brutal. Aprendí mucho con él.

P. ¿Cómo fue la experiencia en un vestuario rodeado de estrellas como Laudrup, Stoickhov, Guardiola…?

R. Al principio podía asustar, pero luego no. Al final, todos venimos de estratos sociales parecidos y te adaptas al grupo. Sabíamos que todo lo que hacíamos, para bien o para mal, tenía muchísimas consecuencias y repercusión. Hay que tener claro que en esos proyectos la paciencia no predomina y que cuando alguien no funciona, lo traspasan y fichan a otro.

P. ¿Se manejan igual los egos en ese vestuario que en otro de Primera?

R. Los egos son importantísimos. Todo lo que rodea al futbolista hace que sea todo más distante y que a la gente no les interese la cercanía o humanidad del jugador.

P. ¿Es difícil para un jugador esquivar a esa edad ciertas tentaciones?

R. No es tan sencillo. A esas edades, hay muchas cosas que te apetece hacer que son contraproducentes para el deporte de competición, tanto a nivel físico como mental.

placeholder Gaspart era el vicepresidente del Barcelona cuando Alfaro llegó al club. (EFE/Mariscal)
Gaspart era el vicepresidente del Barcelona cuando Alfaro llegó al club. (EFE/Mariscal)

P. ¿Cómo de importante es la fortuna para ser futbolista?

R. Normalmente, hay que estar preparado para cuando pase el tren. Eso es un factor que es más ajeno a ti mismo. Muchos chavales tienen las mismas capacidades para ser futbolistas, pero depende del club en el que estés. Quizá en ese momento haya hueco en tu posición, por ejemplo. Eso no lo puedes controlar.

P. En Barcelona usted coincidió con Josep Luis Núñez y Joan Gaspart, que tenían fama de duros negociadores. ¿Cómo eran?

R. La negociación del contrato, normalmente, es algo ajeno para el futbolista. Para eso tienes a tus agentes o a personas que te asesoran. En esa parcela, eres un pipiolo porque esas personas son tiburones que llevan negociando toda la vida.

P. Usted no estuvo exento de presidentes polémicos a lo largo de su carrera: Gil, Del Nido, Núñez. Imagino que no se aburriría...

R. No, no (risas). Eso fue un máster a nivel vital. Fueron muchos años como profesional en clubes importantes, dirigido por profesionales que tuvieron éxito. Son situaciones que uno tiene que aprender a manejar.

P. Tras la etapa en el Barcelona, usted se fue al Racing. ¿Eso fue subir un peldaño en la escalera o bajarlo?

R. Eso fue seguir con el sueño de mi infancia, jugar como cuando era niño en el patio del recreo. Yo era consciente de que estaba en un gran club y de que era el sitio al que todos sueñan llegar. Sin embargo, si realmente no tenía oportunidades para jugar no eres tan feliz como supones. Marcharme a Santander fue algo bueno. Es una ciudad a la que guardo un cariño especial porque fui feliz y encontré una paz diferente.

P. Usted ha vivido en Barcelona, Madrid, Sevilla, Santander y Zaragoza. ¿Con cuál se queda?

R. Reconozco que no me encuentro cómodo en las grandes ciudades porque todo parece más despersonalizado. Al final, en el lugar al que vas te mueves en un círculo más pequeño.

P. ¿Qué diferencia a un madrileño de un catalán?

R. Les inquieta lo mismo y tienen miedo a lo mismo. Realmente, son muy parecidos en el día a día. Hay diferencia entre ambos, pero soy más de lo que nos une que de lo que nos separa. Vivimos en un país muy rico y tenemos más semejanzas que diferencias.

P. Tres años en Santander y usted se marchó al Atleti, campeón del doblete. ¿Con qué equipo se encontró?

R. Ahora los atléticos están acostumbrados a jugar siempre en Europa, pero aquello fue una anomalía. Era un equipo en plenitud; un equipo grande que jugó la Copa de Europa en plenitud con magníficos futbolistas. Fue otra oportunidad de estar en lo más alto de la élite y de estar cerca de los títulos. Es una experiencia que recuerdo con mucho cariño.

"Gil no bajaba en aquella época al vestuario porque ganábamos"

P. No sé si se llevó alguna bronca de Gil en el vestuario.

R. No, porque en aquella época ganábamos (risas). Como viví una época buena, solo viví su cara A. Eso sí, los compañeros me contaron la B, aunque nunca llegué a conocerla.

placeholder Alfaro coincidió con Jesús Gil en el Atlético de Madrid. (Imagen de archivo)
Alfaro coincidió con Jesús Gil en el Atlético de Madrid. (Imagen de archivo)

P. ¿Cómo fue el paso del Atleti al Mérida?

R. Me marché por inquietud profesional. Estaba en un grande que pasaba por un momento histórico, pero me pasó lo mismo que en el Barça: quería jugar más, ser partícipe y disfrutar en el césped. Es cierto que en el Atleti jugué más que en el Barcelona, pero mi objetivo era sentirme útil todos los domingos. Apareció la opción del Mérida y me marché.

P. Usted calificó la etapa del Mérida como la peor experiencia de su vida en el fútbol. ¿Por qué?

R. A nivel personal fue muy positivo conocer Extremadura. Allí guardo grandísimos amigos. El equipo estaba en Primera y era normal para el club que hubiera un descenso deportivo. Luego, sin embargo, apareció el tema de los impagos, las amenazas, la desaparición… Eso fue muy complicado. Entonces conocí otro lado de la profesión, que no es exclusivamente los títulos y los equipos grandes, sino pelear por cobrar cada vez y evitar la desaparición.

"Hacíamos bolsas de comida para cubrir las necesidades de algunos compañeros"

P. ¿Cómo se maneja esa situación en un vestuario?

R. Depende. La condición humana se ve en las mejores situaciones, pero sobre todo en las peores. Te das cuenta de que hay compañeros que son de verdad. Por ejemplo, los que tenían más trayectoria hicieron bolsas de comida para que los compañeros tuvieran cubiertas las necesidades básicas. Es que no pagaban ni eso. También hubo compañeros que, por sus intereses personales, se alinearon con el que mandaba.

P. Tras aquella experiencia, usted estuvo cerca de dejar el fútbol. ¿Por qué no lo hizo?

R. Me busqué la vida y me marché a Grecia. Iba a fichar por el Iraklis, pero se metieron por medio Monchi y Caparros. El Sevilla era un club histórico cuya economía era de guerra. Allí me encontré de nuevo con dirigentes sensatos y dejé atrás ese momento de no desarrollo profesional que tuve en Extremadura.

P. ¿Cómo era aquel Sevilla? El club había tenido muchísimos problemas institucionales…

R. El equipo jugó en una Segunda muy fuerte: estaban Betis, Tenerife, Atlético de Madrid… En Sevilla me sentí de nuevo importante porque jugué todos los domingos. Y porque cobré por trabajar, que ya parecía un milagro (risas). Pusimos los ladrillo para que el Sevilla sea la multinacional que es ahora.

P. Allí estaba Monchi, el director deportivo más célebre del planeta. ¿Cuál es la receta de su método?

R. El Sevilla fue prácticamente un proyecto nuevo. Monchi es una persona muy trabajadora y profesional, que aprendió sobre la marcha, porque él mismo reconoció que no tenía los conocimientos al principio. Él se rodeó de gente muy preparada que aún siguen con él. Luego interiorizó un modelo negocio que maneja muy bien: comprar barato, promocionar y vender caro para seguir, año tras año, al máximo nivel.

placeholder Alfaro fue uno de los primeros fichajes de Monchi. (EFE/José Manuel Vidal)
Alfaro fue uno de los primeros fichajes de Monchi. (EFE/José Manuel Vidal)

P. Usted formó pareja de centrales con Javi Navarro. ¿Por qué tenían tan mala fama?

R. Teníamos fama de todo. Fuimos una pareja que jugó junta durante cinco temporadas y que aún es recordada. La realidad es que el Sevilla ya era un equipo molesto porque los grandes se veían amenazados por él. Al principio, cuando alguien se quiere sentar en la mesa de los grandes, lo ven simpático, pero cuando empiezas a ganarles eres antipático.

P. ¿No le dio pena marcharse del Sevilla antes de que llegaran los títulos?

R. Me fui cuatro meses antes de que ganaran la primera Europa League. Si lo hubiera sabido… Yo me alegré muchísimo de aquellos triunfos del Sevilla. En aquel momento, me marché al Racing, donde disfruté del fútbol un año y medio más. Santander es futbolísticamente mi segunda casa.

P. Por si algún presidente lee esta entrevista, ¿qué tipo de entrenador es usted?

R. Guardo lo positivo de mi etapa de futbolista: compromiso, pasión, defensa del proyecto… También la moderación, algo que llega con los años. Actualmente, tienes que ser un administrador, un hombre de empresa porque casi todos los equipos tienen un proyecto definido. En lo futbolístico, me identifico con un estilo que transmita alegría y ganas de vencer.

P. ¿A qué equipo de los que ha jugado le haría más ilusión entrenar?

R. No puedo ni debo inclinarme solo por uno. He sido feliz en todos y, si me tocara ocupar el banquillo de alguno de ellos, lo haré con el mismo compromiso que en aquella etapa.

P. ¿Cuándo le han pedido la última foto?

R. Ayer (por el martes) en la salida del colegio de mis hijos. Al final siempre te reconoce alguien.

La leyenda que siempre perseguirá a Pablo Alfaro (Zaragoza, 1969) es la de un futbolista duro, prototipo de ese otro fútbol, incluso, tachado de violento. En las distancias cortas, sin embargo, la imagen que desprende es todo lo contrario. Al otro lado del teléfono, responde con paciencia una persona cordial y extremadamente educada.

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