lleva solo cuatro goles en la liga

Cristiano se esfuerza y quiere cobrar como una estrella, pero su tiempo se agota

El jugador, que se aproxima a los 33 años, se encuentra negado de cara a la portería. Es un síntoma más de un equipo a la deriva que no puede confiar ni en el colectivo ni en su principal estrella

Foto: Cristiano lamenta uno de sus múltiples fallos. (EFE)
Cristiano lamenta uno de sus múltiples fallos. (EFE)

Cristiano Ronaldo cumplirá 33 años el próximo día 5 de febrero, que está ahí al lado, y eso de que la edad es solo una cifra puede valer para muchas cosas, pero desde luego no para el deporte profesional. El luso está en lo que los estadounidenses llaman "el lado erróneo de los 30", que no es más que esa recta final en la que el deportista pierde las piernas y, consecuentemente, deja de ser útil. Es la biología, esa que cambia los cuerpos, que descuelga los tejidos, que se olvida de cómo se consumía la energía eficientemente y te deja más cansado que haciendo los mismos esfuerzos diez años antes. Es inevitable, claro, también es una faena.

No marca goles y la casualidad tiene muy poco que ver con todo esto. Estar un partido sin marcar, fallar un par de ocasiones, pueden entrar en ese rango, en el de lo fortuito. Pero cuando la situación se repite como un estribillo pop no es un error, sino una tendencia. Cristiano Ronaldo sigue siendo el jugador que más lo intenta, cuando se retire se mantendrá en esa misma onda, en la de ser el más esforzado de todos sus compañeros. Porque nadie le puede negar la voluntad al delantero. A veces se habla de la falta de actitud de algunos jugadores, lo cual es un escándalo si se analiza a fondo qué se les pide y lo que cobran, pero nunca se da ese caso con CR7, él siempre lo busca.

Lo de su esfuerzo es un poco como lo de sus gestos después de cada fallo, está en su naturaleza. Su panoplia de quejas es casi infinita y nunca parece ser el culpable del error, siempre llegó un poco tarde el pase, o el césped, o los hados que le contrajeron la pierna y no le dejaron desplegar su majestuosidad. En su carrera nunca juzgó acertado un fuera de juego pitado en su contra. Lo cierto es que en esta liga lleva cuatro goles, y la primera vuelta está terminando. La cifra es escasa para cualquier delantero y raquítica para Cristiano Ronaldo, que se tiene con razón como uno de los grandes goleadores de todos los tiempos.

Está el tema físico, que es recurrente en cualquier jugador del Real Madrid. Zidane no ha sido capaz de planificar la temporada con esta plantilla, no ha llegado febrero y el equipo ha sido incapaz de encontrar el punto de forma en el que puede imponer su fútbol. El único momento en el que los jugadores blancos estuvieron a la altura de lo que se espera de ellos fue en agosto, y cualquier aficionado al fútbol, da igual de qué edad sea y la profundidad de sus conocimientos, sabe que es el mes más absurdo de este deporte. Que se juegan competiciones sin valor real, bagatelas.

Estaban como toros en aquellos días, las notas eran excelentes, pero sirvió la cosa de más bien poco. Llegó lo importante, los partidos que se recordarán y que marcarán el futuro del equipo y todo fue de mal en peor. Cristiano Ronaldo, el líder natural, el mejor jugador del equipo, no acertó a echarse el equipo sobre los hombros. Es cierto, lo ideal es no depender de la inspiración de la estrella, que el conjunto funcione como tal y no pase todo por un jugador concreto. No se dio esa situación idónea y tampoco la otra aceptable, esa en la que el ídolo monta una fiesta cada vez que toca un balón sin importar lo que ocurra a su alrededor.

Bien, eso pasó en Champions, pero no ha ocurrido en Liga. En Europa ha seguido siendo algo parecido a lo que fue, al menos de cara a gol, pero cuando juega en casa es incapaz de encontrar la portería. Lo intenta una y otra vez, sus partidarios dirán que es mucho mejor eso que lo de alguno de sus compañeros, que ni siquiera entran en contacto con el balón. Y aunque la teoría pueda ser válida, el resultado es el mismo, no marcan goles y no son productivos.

La evolución y el precio

Con el tiempo, Cristiano ha pasado de ser un jugador con recorrido a un muy buen rematador. Cuando era joven, realmente joven, era corretón y amante de la bicicleta, podía arrancar desde el centro del campo y organizar el ataque por la banda. Era un jugador sensacional, que nadie se lleve a engaño, cuando se habla de él como un segundón por detrás de Messi no es porque su fútbol no fuese excelente, es que el otro es un marciano. Con el paso de los años, Cristiano se fue conformando con el gol. La reconversión era lógica, el campo se le estrechó y se le acortó para jugar solo en la zona caliente del césped. Todo lo que no tenía que ver con el remate, algo que antes sí había explotado, pasó a un lugar secundario.

Así se llegó a un delantero puro, que no necesariamente un delantero centro. Porque a él jugar sin nueve tampoco es que le gustase demasiado. El caso es que se convirtió, sobre todo, en un rematador. Y el tema funcionó tanto tiempo como los remates fueron a puerta. Sus cifras son magníficas, es el gran goleador de la historia del Real Madrid, uno de los mejores jugadores que hayan vestido de blanco. Es cierto, desde hace años no aporta demasiado al juego, pero con su tasa de goles bien valía la pena. Bien, ahora eso ya no se da.

No es, por descontado, el único problema del Real Madrid. El equipo, a la deriva, se aferra a una eliminatoria contra el PSG dentro de unas semanas para seguir soñando. Y a nadie se le puede señalar por soñar, los soñadores tienen su espacio, pero ahora mismo es muy difícil argumentar que el Madrid es mejor que los parisinos. Hay que tener una moral de hierro y ser muy, pero que muy madridista para creer realmente que ese cruce está equilibrado. Nada funciona, empezando por el entrenador, incapaz de darle un antídoto al mal múltiple que asuela a su equipo.

Hace unos meses se especulaba sobre una posible renovación de Cristiano. Sus voceros de referencia recordaban que es una superestrella y que si Messi y Neymar tienen contratos como los que tienen, él no se merece menos. El análisis es válido, pero tiene algo de brocha gorda. Cuando se firma un contrato no se contemplan los éxitos pasados, sino que se plantean los réditos esperados para la duración del mismo. Es decir, pagar a Cristiano ahora como si fuese a dar cinco o seis años de estrella mundial es algo muy parecido a tirar el dinero. Porque no volverá a tener 25 años, no volverá a ser joven; lo de la edad siempre, siempre, siempre, va a peor. Como diría el exministro: "Es el mercado, amigo".

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